Newsletter Semanal equipo bulat

Opinión

30 años es mucho, demasiado

Por Luis Novaresio

El presidente se paró en la tribuna principal de Exposición Rural Argentina y dijo: "Vivimos una crisis aguda de la que es necesario salir. Disminución de la calidad de vida, aumento de la marginalidad, índices sociales de desesperación, aumento de la pobreza. Hemos recibido un país devastado. Estamos realizando un esfuerzo enorme y vamos progresando. Vamos a seguir en la discusión sobre estas cosas, en la discusión que no quieren los fanáticos, los que se creen dueños de la verdad, los que atentan contra la convivencia de los argentinos".

Salvo algunos acomodamientos semánticos para permitir la lectura, la cita es textual. Hace casi 30 años, agosto de 1988 para ser precisos, Raúl Alfonsín como presidente de la Nación decía eso en el atril de la muestra anual de Palermo ante un escenario colmado. ¿Hay un mensaje análogo de lo que escuchamos el sábado en el mismo predio del agro? ¿Hay dudas? Debería ser un ejercicio obligatorio el googlear ese video y verlo completo. Son apenas 13 minutos inolvidables. De una épica política que hoy ha sido reemplazada por el coaching marketinero.

La tensión de aquel acto era enorme por múltiples razones. Alfonsín habló ante un público que no paró de silbarlo y abuchearlo. Nunca cesó. Para decirlo en un par de frases, la administración radical había creado entonces un doble tipo de cambio (el precio del dólar, ¿les suena?) tendiente a obtener recursos de las exportaciones del campo y favorecer las arcas públicas diezmadas por la crisis económica. El campo se sentía expoliado. El primer mandatario no se detuvo ni un segundo ante los insultos y dijo lo que quería decir. ¡Y cómo se los dijo!: "Es una actitud fascista no escuchar al que habla. No creo que sean productores agropecuarios los que tienen estos comportamientos. Son los que muertos de miedo se han quedado en silencio cuando han venido acá a hablar en representación de la dictadura y son los que se han equivocado y han aplaudido. Yo les pido que sigamos el diálogo. Sigamos discutiendo. Pero sigamos escuchándonos".

Es verdad que eran otros tiempos y, de movida, vale la pena aclarar que traer este recuerdo a estos días no tiene la intención de comparar las dos gestiones, la de Alfonsín y la de Macri. De hecho, la Rural ayer aplaudió de pie al actual presidente y fustigó a muchos de sus opositores, en especial a Cristina Kirchner a la que le dijo que no le creía ni una palabra y que ella era el pasado. Pero como siempre habrá un fanático (e idiota cultor de la literalidad, signo inequívoco del autoritarismo), aquel que buscará ver un inexistente deseo oculto de un cronista de augurar fines de gobiernos parecidos pergeñando con mala leche un subtexto de la nota que es inexistente, hay que aclarar. La idea de recordar ese discurso es apenas repasar el tono y contenido de lo que se decía entonces. ¿De qué se hablaba en 1988? De pobreza, inseguridad, delito y crisis económica. ¿Cómo describía el presidente hace 30 años de la realidad política? Protagonizada por actores fanáticos que no escuchaban al otro, los denostaban y hacían responsables a sus antecesores de todos los males del presente. ¿Suena conocido?

Desde la llegada de la democracia, la política argentina ha decidido que el modo de construcción de poder es a través de la antinomia insalvable. De lo que hoy se llama grieta. Claro que más atrás se pueden encontrar cientos de otros ejemplos de peronismo y gorilas, azules y colorados y unitarios y federales. Pero este ejercicio de ir hasta el infinito de la historia suena más a lavar culpas que a tratar de salir del círculo vicioso. Con ese paso, que hoy el dólar esté a 18 pesos sería culpa de la enfiteusis de Rivadavia.

Es disparatado el nivel de intolerancia que se ha impreso a esta campaña electoral que va a desembocar el 13 de agosto como primera estación. Porque, por las dudas, el país dirigencial está paralizado para dedicar sus fuerzas a una elección primera sin casi internas que no consagra más que el derecho a que los imprenteros sepan qué nombre irán en las boletas para octubre próximo. No importa. Como no hay otro modo de hacer política que no sea el de la destrucción (sin metáfora) del oponente, cualquier elección, hasta la de un club de fomento, es la grieta. Después de veinte años de ejercicio ininterrumpido del estado de derecho, la pobreza, marginalidad y crisis que citaba Alfonsín siguen estructuralmente irresueltas. ¿Probar con acordar 4 o 5 temas como política de Estado para defender todos y todas? Olvidémoslo.

El ejemplo más notable de esta intolerancia personal fue el pedido de expulsión del diputado Julio de Vido. De paso: debería irse preparando el legislador para explicar su titular de bienes inmuebles en el país y en el exterior que investiga un fiscal de Comodoro Py y que motivaría en no más de dos semanas una nueva denuncia en su contra.

El fracaso de la votación de sus colegas a la hora de imponerle la pérdida de su condición de diputado hizo perder foco en la enorme y no reclamada responsabilidad de los jueces que lo juzgan. Discutir si De Vido es o no inhábil moralmente es una engaña pichanga derivada de que el Poder Judicial miró para otro lado (y sigue mirando) para condenarlo por los obvios delitos de enriquecimiento ilícito (la pajarera climatizada para cientos de especies exóticas que tiene el ex ministro de Infraestructura en su casa hollywoodense es la metáfora de su impunidad) y desvío de fondos públicos en las obras a su cargo. ¿Qué más necesitaron los jueces para bajarle el martillo luego de tener probada en dos periciales contables que Lázaro Báez, ex cajero de banco, se quedó con el 80 por ciento de la obra pública de Santa Cruz con adjudicaciones arbitrarias directas disfrazadas de licitaciones?

Semejante omisión hizo que el Congreso fuera más un spot de televisión destinado a colectar votos que una verdadera preocupación por la honorabilidad de uno de sus miembros. De un lado, voces altisonantes como las de Elisa Carrió, invocando a Hanna Arendt y comparando a Eichman con De Vido en la banalidad del mal (¿no es mucho?) y, por el otro, dirigentes del kirchnerismo que gritaban por la honestidad de ex secretario de Estado sosteniendo en sus manos el pacto de San José de Costa Rica. Se ve que ser K es inmolar el sentido común y la dignidad ante todo, incluso los evidentes ladrones. El lema es: no importa de qué se trata. De lo que va la cosa, es de demoler al adversario.

Hace 30 años, silbado en la Rural, Alfonsín decía: "Si alguien tiene interés en sacar ventaja electoral de un acto fundamental de la economía, se equivoca. Yo le pido disculpas por todas mis equivocaciones. Pero tengo pasión por la Argentina. Nada me va a convencer de que no hay que seguir adelante. No me importan los votos. Sí me importa sentarme en la misma mesa nacional, y escucharnos sin fanatismos". ¿Les suena?


Relacionadas

Mientras en el mundo la pobreza disminuye en Argentina aumenta

La última medición del INDEC arroja que 35,4% de la población vive por debajo de la línea de pobreza y que estaría afectando a 15,9 millones de habitantes, entre los cuales se encuentran 3,4 millones de personas que son indigentes, en base a una estimación de habitantes del orden de los 45 millones de argentinos. Es decir que hoy en la Argentina hay más de ocho veces la proporción de pobres que había en 1974 (4%). Uno de los datos más duros, que además condiciona el futuro del país es que uno de cada dos niños es pobre según los datos a 2018 del último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), estos datos lamentablemente se estiman que aumentarán habida cuenta que la situación económica empeoró. Resulta paradójico que mientras en el mundo se combate –y con bastante éxito- la pobreza en la Argentina aumenta la cantidad de personas que tienen menos posibilidades.


Ver Más

Buscando al culpable de la alta inflación

Tal como definieran Axel Leijonhufvud y Daniel Heymann, cuando el dato de inflación mensual pasa a ser tan o más relevante que el anual podemos decir que Argentina está conviviendo con un régimen de inflación alta que se profundizó en este último año. La respuesta a la pregunta de dónde se originó la inflación no tiene sentido si lo que se quiere es atacar al problema en sí mismo. 

Muchos argumentarán que es un fenómeno puramente de emisión monetaria. Un día al Tesoro no le alcanza la plata y decide emitir dinero. Dado que la cantidad ofrecida de bienes y servicios es más o menos constante, estos suben de precio para reflejar el exceso de cantidad de moneda. Una teoría que me resulta incómoda ya que la evidencia (bien medida) es pésima. Robert Lucas, en 1980, tuvo que hacer muchos supuestos para que la teoría cuaje con los datos. En algún momento seguramente existió una cantidad de dinero por encima de la oferta de bienes y servicios pero no sabemos la relación causal que la produjo. Ponerle el cascabel al gato no es tan sencillo. 

No niego que la inflación sea un fenómeno monetario, pero eso es análogo a decir que la anemia es un fenómeno de la sangre. No ayuda mucho. De hecho, la inflación es la pérdida del poder de compra del dinero, por lo tanto es por definición un fenómeno monetario

Ver Más

Tasa de interés: cuáles el costo del dinero y qué relación tiene con la inflación

¿Qué es la tasa de interés? Se define como el costo del dinero. Es decir, cuál es el interés que a mí me hace resignar consumo de hoy para consumir un bien más adelante. Del otro lado, cuál es la tasa que estoy dispuesto a prometer pagar en el futuro para que el dinero me lo otorguen hoy. La tasa de interés se considera activa en el caso de ser acreedor (para el banco es una tasa activa otorgar un préstamo o crédito, por el cual recibe intereses). Y, por el contrario, su tasa pasiva será la que pague por un plazo fijo a los que depositen sus pesos en su entidad. ¿Y a mí qué me importa?

Si quiero comprarme algún bien hoy pero no cuento con toda la plata en este momento, puedo pedir un crédito. La entidad que me preste el dinero, me lo dará a cambio de un interés que le sea suficientemente atractivo para no disponer del dinero hoy. Ese valor dependerá de varias condiciones. En primer lugar, debe asegurarse de cobrar un valor superior de lo que le significa financiarse, es decir, de lo que paga a sus clientes para que depositen su dinero allí, sumado a sus respectivos costos. La tasa puede ser fija o variable. La decisión de adoptar una u otra ...

Ver Más

La inflación se ubica en 4,3 por ciento en agosto y alcanza 55 por ciento en 2019

Según los economistas consultados por el Banco Central, se espera  una caída del PIB de 2,5%, en base a las proyecciones vertidas por 23 consultoras y centros de investigación locales, 11 entidades financieras y 5 analistas extranjeros.

Ver Más

¿Qué es la inflación y cómo puedo cuidar mi bolsillo?

¿Qué es? La inflación es el aumento sistemático y generalizado de precios en una economía. Es decir, que suben los precios de todos los bienes y servicios que se producen y utilizan en una economía, cada uno con sus propias características y a diferentes ritmos. ¿Cómo se mide? Mediante el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que difunde el Indec sobre una canasta de bienes y servicios de consumo de una familia tipo (dos adultos, dos menores) en la cual se relevan aproximadamente 200.000 productos y tienen sus propios ponderadores. De esta manera, podemos comprender cuánto deben aumentar nuestros ingresos para sostener el mismo nivel de vida a medida que pasan los meses con inflación. Muchas veces oímos frases como: "el gas aumentó 80% y me dicen que la inflación fue de 30%, ¡no puede ser!", y sin embargo es correcto...

Ver Más

Una "enfermedad" llamada inflación

Sin ánimo de ponerme en el rol de economista, ni faltarle el respeto a una noble profesión que lleva años de estudio y dedicación y a la cual respeto muchísimo, me he propuesto realizar un análisis sobre la inflación que históricamente ha sufrido nuestro país en más de 70 años, a excepción de la década del noventa cuando funcionó la convertibilidad durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando De la Rúa. Sin dejar de mencionar en ese período la triste y recordada etapa de hiperinflación que tuvimos en 1989 durante la presidencia de Raúl Alfonsín, cuando la variación de precios de ese año superó el 3 mil por ciento. Por los recurrentes ciclos de suba de precios que experimentó y aún sigue padeciendo Argentina, con consiguientes consecuencias para su población –en la cual me incluyo–, considero que la inflación se ha transformado en una “enfermedad” crónica y prácticamente autóctona de éstas latitudes. Mientras que en la mayoría de las naciones del mundo hace varias décadas que la inflación no constituye un problema, los argentinos seguimos soportando las efectos de ...

Ver Más

Columnista