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Especial de la Semana

5 preguntas para descubrir tu motivación

En cada comienzo de año tenemos excelentes ideas.

Comenzamos el año y nuevamente empezamos a proponernos distintas metas para los próximos meses…


¨Este año empiezo a entrenar. Quiero estar mejor físicamente¨
¨Este año inicio el nuevo proyecto laboral¨.
¨Este año voy a equilibrar mejor mi trabajo y mi tiempo libre. ¨
¨Este año voy a cambiar, quiero vivir mejor¨.


Tenemos excelentes ideas, nos proponemos metas fantásticas. Pensamos que en caso de que sean implementadas podrían cambiar positivamente algún aspecto de nuestra vida. 


Creemos que en cualquier momento las vamos a implementar, incluso algunas veces hasta definimos mentalmente una fecha de comienzo. Pensamos que el próximo lunes vamos a poner en práctica alguna de estas ideas y este año será un éxito, pasa el tiempo y todo sigue igual. 


A veces nos enojamos con nosotros mismos, creyendo que somos débiles de voluntad, o buscamos alguna excusa que nos sirva para sentirnos bien, aunque las ideas quedan ¨archivadas en el rincón de algún día lo voy a hacer” sin ser implementadas. 


Descubriendo la propia motivación


Soy un convencido de que cuando logramos identificar a las cosas por su nombre, recién en ese momento podemos distinguirlas, elegirlas y gestionarlas, por el contrario corremos el riesgo de dejar de verlas y tomar medidas al respecto. Cuanto más distingo, más libre soy, y por su puesto mejor líder.


Podemos preguntarnos entonces ¿Qué nos motiva profundamente para poder accionar en función de eso?.


Podríamos escribir un manual con las recetas para destrabar todo tipo de historias que innecesariamente nos limitan, aunque nos encontraríamos con un obstáculo: Todas las personas somos distintas. 

Queremos diversidad de cosas, tenemos diferentes formas de interpretar la vida, contamos con un sistema de creencias distinto. Incluso aunque imaginemos que coincidimos en todo con otra persona, es imposible que así sea.


A medida que voy teniendo conversaciones con distintos empresarios y emprendedores que acompaño, incluso con mis amigos, voy intentando distinguir aquellos deseos más profundos con respecto a su empresa y a su propósito en la vida, obteniendo la mayoría de las veces respuestas interesantes. 


Es cierto que no vamos por la vida todo el tiempo hablando desde la profundidad de nuestro ser, pero desde mi punto de vista hay un tema clave: El día a día nos aparta de lo fundamental. No nos detenemos a distinguir nuestros propósitos más profundos de ¨para qué¨ hacemos las cosas, cuales son las propias motivaciones.

Cada meta que nos vamos proponiendo, puede ser un fin en sí misma, o puede ser parte de un para qué mayor. 


Alinear nuestras acciones cotidianas con los ¨para qué¨ que nos hemos planteado, es función primordial del liderazgo personal y de equipos.
 
Estoy convencido de que la motivación es personal. 

Mariano, un querido empresario a quien acompaño como asesor alguna vez me regaló esta simpática frase “a esta empresa se viene afeitado, perfumado y motivado”, la que me parece graciosa, y que también ilustra simpáticamente, lo que estoy presentando. 


A otra persona se la puede alentar, acompañar, apoyar, sostener, para que avance en una determinada dirección, pero en definitiva la que se tiene que motivar a hacerlo es la misma persona. 


Siguiendo con este razonamiento,  el último ¨para qué¨ puede darle sentido a cada uno de nuestros caminos.


Obstáculos con los que nos podemos encontrar


Este proceso tiene riesgos de trabarnos con algunos obstáculos. Entre los que distingo aparecen fundamentalmente dos:

1) Las conversaciones con nosotros mismos 


2) Las conversaciones con personas a las que le damos autoridad e influyen en nuestras decisiones cotidianas.


Aparecen en sendas conversaciones frases sobre “cómo es la realidad”, que luego se transforman en voces interiores profundamente arraigadas que sin darnos cuenta nos van condicionando: 
“no sé cómo voy a vivir mientras tanto”, “que va a pensar mi jefe”, “mis compañeros lo van a tomar a mal”, “como se lo planteo a mi pareja”, “tengo temor a que termine siendo un fracaso”, “no tengo el tiempo”, “no tengo el dinero”, “no tengo los contactos”, “Es imposible que pueda hablar con esta persona”, “Este mercado es muy difícil”, ”Yo no nací para esto”, ”El éxito es para pocos”, “Hagas lo que hagas necesitas lidiar con el fisco”, “Para lograr algo hay que sacrificarse”, ”Esto no se puede”, “Seguro que necesitas transar con alguien y terminas metido en cosas raras”.  En definitiva: Idea frenada, proyecto frustrado. 
¡Atención! Es clave identificar estos pensamientos. Algunos pueden tener sustento, estar fundamentados. Otros, la gran mayoría, no. Y nos condicionan, nos limitan. Si nos detenemos a pensar son sólo una forma particular de ver cada realidad, pero existen miles de otras formas. De hecho algunos ven, admirablemente, oportunidades donde otros ven crisis. 


De acuerdo a como interpretamos las cosas de la empresa, del equipo, incluso de nuestra vida personal vamos a tomar decisiones. Esas decisiones se traducirán en acciones, y esas acciones en resultados que obtenemos. 


Es primordial entonces, a la hora de plantearnos las metas del año, distinguir qué historia nos estamos contando. Distinguir qué cosas estamos interpretando, pues son la causa de las acciones que realizamos, y por lo tanto ¡los resultados que obtenemos!  


El ¨para qué¨ de estas líneas


Distinguir estos conceptos y llevarlos a la práctica del liderazgo diario, pasa a ser uno de los temas centrales en las organizaciones que gestionamos o para nuestra propia vida en general. Identificar las motivaciones y descubrir “para qué hacemos las cosas que hacemos”. 


Las historias que nos contamos, o no nos contamos, condicionan nuestras acciones, y las acciones que realizamos aquellos resultados que obtenemos. 


Mi intención con estas páginas es recorrer este proceso para distinguir, elegir y gestionar. Cuanto más distingamos sobre nuestras motivaciones y las de nuestros equipos, mejores líderes seremos, con obstáculos, pero caminando con sentido.  


¿Se animan a distinguir su quinto “para qué”?


¡Que tengan un feliz 2016!


* Daniel Elhelou - Twitter @Dani_Elhelou

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