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Opinión

¿Ajuste gradual o de shock?

Las distorsiones heredadas de la gestión anterior (Cepo con atraso cambiario y tarifario, inercia inflacionaria alta y déficit fiscal y externo) y el modo de corregirlas genera grandes disensos respecto a cómo calificar al esquema de política adoptado. Casi en simultáneo, se acusa al Gobierno de llevar adelante un ajuste de shock con paliativos tardíos para moderar los costos sociales del ajuste, mientras desde el otro extremo se lo acusa de ser demasiado gradualista. Más allá de que el doble enfoque de las críticas podría estar reflejando cierto balance en el manejo de las correcciones, hay algunas consideraciones a tener en cuenta. 


La primera es que la palabra ajuste se usa tanto para referirse al cambio de precios relativos (devaluación y aumento tarifario) con sus enormes impactos redistributivos, como a la corrección de la brecha fiscal. Algo que no está correlacionado en esta coyuntura como si lo estuvo en 2001 cuando la puesta en marcha de las retenciones y la baja inercia del gasto permitió la rápida recuperación del superávit en un contexto donde la economía empezó a crecer rápido.  


La segunda es que corregir nunca es fácil y cuando se consigue crédito hay altos incentivos a limitar los costos usando la caja para asegurar la Gobernabilidad. Particularmente, cuando en el arranque de la gestión primó un análisis que no tuvo en cuenta la exacerbación de las pujas distributivas que generaba el intento de corregir la distorsión cambiaria y tarifaria en simultáneo, que se reflejaron en una triplicación de la tasa de inflación con epicentro en abril donde según nuestro indicador la suba en los precios minoristas ascendió a 7,2% (40,5% i.a.) y un arrastre para mayo con precios de las primeras tres semanas, la suba apunta a 3,5% (42% i.a.). 


La posibilidad de apalancar la economía en una coyuntura global caracterizada por tasas que siguen siendo bajas (la tasa de 10 años abajo de 1.8% y una Fed obligada a acotar el número de subas en lo que resta del año), un dólar más débil y precios de commodities que suben (la soja casi en US$400 la tonelada y el Petróleo en torno a US$48 el barril), permite limitar los costos políticos del ajuste de precios relativos. Sobre todo en una economía donde la sostenibilidad del ingreso de fondos por la cuenta capital depende en alguna medida de la capacidad del Gobierno para sostener la Gobernabilidad de cara a las elecciones de medio término del próximo año. Si bien el peronismo dividido constituye el principal activo en la política interna frente a la derrota electoral del año pasado, lo cierto es que esta situación requiere moderar en el corto plazo los costos del ajuste que se está transitando. La potencialidad del escenario financiero es mayor donde el apalancamiento se combina con un esquema de “blanqueo” apuntando a repatriar una parte de los activos de los Argentinos en el exterior que según el INDEC alcanzarían a US$220.000 millones, casi 40% del PIB. 


Para terminar, ajustar nunca es fácil y cuando se consigue crédito hay capacidad para limitar los ajustes, es decir no ajustar. De momento de cara a 2016 y a 2017, las necesidades de la política y la disponibilidad de capitales hacen que el largo plazo vuelve a alejarse en el tiempo.


*Marina Dal Poggetto es economista y directora de lEstudio Bein & Asociados

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