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Especial de la Semana

Argentina ante los nuevos escenarios del comercio internacional

Por Marcelo Elizondo

El comercio internacional vuelve a mostrar un buen crecimiento en el mundo en 2018 (más de 3,5%) y superará los u$s 23 billones. Sin embargo está amenazado por fuerzas revulsivas. La mayor es la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que es más una disputa geoestratégica -entre dos líderes que usan aranceles como instrumentos- que una puja detrás de un neoproteccionismo. La carga arancelaria de EE.UU. era hasta el año pasado de las más bajas del mundo (1,5% de las importaciones totales) y con las sanciones impuestas por Trump ha llegado a 3%, lo que implica que sigue por debajo del promedio mundial, vuelve al nivel que tenía EE.UU. en los tiempos de Bill Clinton y es la mitad que en 1970. Este proceso es aún más peligroso por lo que insinúa que por lo que hasta ahora ha dañado.


Pero este virus produjo en los últimos 12 meses en el mundo 7 veces más medidas restrictivas de comercio que en los 12 anteriores (137 según OMC, que afectan más de u$s 550.000 millones en comercio internacional).


Pero, a la vez, ello convive con procesos opuestos: también han crecido en el mundo la cantidad de medidas destinadas a facilitar el comercio (se han duplicado en los últimos 12 meses, mejorado flujos por casi u$s 300.000 millones).


El comercio trasfronterizo mundial (que equivale al 30% del producto global) se enfrenta a un escenario complejo: las viejas organizaciones internacionales del siglo XX se han agotado, y con ellas los consensos que eran supuestos sobre los cuales países, organismos, líderes y actores económicos se movían. El mundo no ha de volver al proteccionismo de mediados del siglo XX, pero se ha puesto más estricto en relación con las prácticas con las que cada uno compite.


Estamos ante 4 fenómenos: politización (se utilizan restricciones al comercio como instrumento para imponer sanciones en disputas que superan lo comercial), desinstitucionalización (las diferencias se dirimen entre los afectados y no en el marco de organizaciones), relativa anomia (prevalecen las relaciones de poder sobre las convenciones), e inestabilidad (que es mas riesgosa que el incremento de las restricciones, porque afecta decisiones de los agentes económicos).


El mundo, sin embargo, no muestra homogeneidad, lo cual es propio del nuevo momento de desorden.


Así, conviven hoy 4 escenarios simultáneos.


El primero es la guerra comercial entre las dos mayores potencias (geoestratégica más que comercial, se lleva adelante en el terreno de los aranceles, y puede llegar a treguas pero estará vigente como la nueva bipolaridad mundial por mucho tiempo).


El segundo es el de las otras economías desarrolladas, entre las que siguen prevaleciendo prácticas de apertura, como en el nuevo acuerdo de libre comercio firmado por la Unión Europea y Japón -el más grande del mundo por el PBI involucrado-. Y también en los recientes acuerdos logrados entre Canadá y la UE, y hasta en el de EE.UU. con Canadá y México.


El tercero se da entre emergentes y países en vías de desarrollo que continúan abriéndose dinámicamente (50 países de África han celebrado un acuerdo para integrar la más amplia zona geográfica de libre comercio del planeta, para 1200 millones de personas; mientras también han celebrado un pacto Corea y la India, y hasta se firmó el nuevo "TPP-11" que alía a Japón con Chile, Malasia, México, Perú, y Vietnam).


Y hay un cuarto escenario en el que se encuentran los países que arrastran años de dificultades para la integración y no han avanzado demasiado en ella. En este último se encuentra aún Argentina -y también Brasil, lo que empuja a una redefinición del Mercosur-. Ambos tienen bajísimos niveles de inserción comercial, equivalentes a los de Camerún, Kenia o Bangladesh.


La confusión frente al nuevo desorden mundial hace creer a muchos que solo el primer escenario es el que hoy rige. Pero -aún dentro de las nuevas dificultades- es en el segundo y tercero donde Argentina debe hacer foco para lograr una mayor participación en el comercio mundial, que será condición para su mejora económica, pero que es soy menor a la mitad de la que lograba hace 50 años.

*Artículo publicado en El Cronista

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