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Opinión

Bono navideño o conflicto social

Estamos en noviembre y el nivel de conflictividad laboral y social preanuncia un fin de año movido. Es que la tasa de inflación por encima del 40% dejó a los salarios muy por debajo de lo que efectivamente fueron los acuerdos de paritarias. Esto genera una presión sobre los gremios muy importantes por parte de sus afiliados, quienes esperan reajustes para ya no solo compensar lo perdido, sino poder tener las fiestas en paz.

Capacidad de pago vs. voluntad política

El gobierno nacional adelantó en varias oportunidades que no otorgaría ningún bono a fin de año. El problema es que lentamente comienzan a aparecer provincias y sectores que sí los otorgarán. Esto lo inició por ejemplo la Provincia de San Luis, que lo presenta como una ayuda a sus trabajadores, pero también con la picardía de diferenciarse políticamente del gobierno nacional.

En el mismo camino lo hace el gobierno de Córdoba donde también tiene más que ver con necesidades políticas que con capacidades reales de pago.

Hasta hoy son 7 las provincias que han prometido un bono navideño y ya varios sectores los han conseguido mediante varias tácticas. El sector petrolero y minero, dos de los gremios con los salarios más altos del país, lograron un acuerdo para reducir el impacto del impuesto a las ganancias por medio de las empresas. Los bancarios también lograron cerrar un incremento en las mismas circunstancias.

La evolución de las cuentas fiscales muestra que no hay una real capacidad de pago para cumplir con la demanda de un bono navideño, pero lo cierto es que frente a un año electoral, tampoco va a haber fuerte resistencia política a otorgarlo.

A medida que pasen los días, y los bonos comiencen a aparecer, resultará cada vez más conflictivo y políticamente desgastante no darlo. Las claves van a ser como siempre la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires.

Hasta ahora ambas negaron la posibilidad de implementarlo, pero siendo candidatos a presidentes los dos, Macri y Scioli, lo más probable es que terminen haciendo algún tipo de acuerdo o convenio que permita otorgar un bono anual.

La posibilidad de un bono anual va a ir subiendo con el paso del tiempo y no al revés.


Bono y después…

Una vez otorgado el bono, deberán esperarse las consecuencias de corto plazo que tendrá en la economía. Está  claro que quienes lo reciban lo utilizarán -sumado al aguinaldo- para hacer sus compras o cubrir gastos que demandan las fiestas. Muchos negocios que tienen que pagar esos bonos deberán subir sus precios para cubrir ese aumento de costos y tratar de aprovechar diciembre para salvar el verano. 

Esta combinación, junto a la mayor restricción de productos por la poca importación de insumos, hará que la presión inflacionaria acreciente su curva ascendente. Dejar el dólar oficial quieto no alcanza para mantener a raya la inflación que seguramente superará el 3% en diciembre.

Esta mayor suba en los precios, avalada por la necesaria emisión de pesos de fin de año para mantener la actividad económica, hará que en enero el sobrante de pesos buscará donde canalizarse para mantener el valor.

Es aquí que el bono otorgado tendrá su parte más negativa que es la suba de precios en diciembre y la suba del dólar que necesariamente ocurrirá en enero. 

Pero de no darse el bono de manera generalizada, se puede incrementar la inestabilidad social y poner mayor presión a las variables macroeconómicas en este caso por recesión, no por inflación.

Así las cosas, lo más probable es que el bono de fin de año -o bien en algunos casos la excepción del pago de impuesto a las ganancias del aguinaldo de los asalariados- sea la novedad de los próximos días. Esto puede permitir un diciembre socialmente más calmo. 

Pero como todo tiene un costo en la vida, la mayor tranquilidad de diciembre seguirá con la mayor inestabilidad de enero.

​Nada nuevo, siempre lo mismo.