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Opinión

Cómo la devaluación y la inflación cambiaron el destino del crédito a empresas y familias

Por Daniel Sticco


Una de las claras consecuencias de los episodios de aceleración de la inflación y escalada del tipo de cambio es el debilitamiento de la baja monetización de la economía, es decir del tamaño del sistema financiero medido en términos de representatividad de los depósitos y de los préstamos sobre la capacidad de generación de riqueza por parte del conjunto de la población, empresas y sector público.
Nominalmente, es decir antes del ajuste por inflación y de la conversión en divisas, tanto los depósitos como el uso del crédito por parte del conjunto del sector privado se mantuvieron en alza en el tercer mes del año, en pesos y en dólares, aunque en ambos casos a un ritmo inferior al de las tasas de interés y de la devaluación del peso.

Sobre un PBI anualizado en torno a $17,5 billones, la masa total de depósitos del sector privado en el sistema bancario representó 12%; mientras que los constituidos en divisas equivalieron a 7,1% del producto. En el primer caso se redujo en 3,9% del PBI; y en el segundo se expandió en 2,8% del PBI.

Esos movimientos se trasladaron al uso del crédito por parte de las personas humanas y empresas, en proporciones relativamente menores, porque por el sistema de encajes prudenciales las entidades sólo pueden destinar a préstamos una fracción de los depósitos.

Además, por la recesión; la caída del salario real; pérdida de riqueza que genera la devaluación; más la suba de las tasas reales de interés, disminuyeron las solicitudes de préstamos para la compra de bienes durables, principalmente automotores y vivienda; como de consumo personal. El saldo de crédito crece por el devengamiento de intereses y ajuste del capital, en el caso de los hipotecarios que no sólo se vieron afectados por la aceleración de la inflación, aunque se traslade con rezago de 2 meses a la cuota, sino también por el aumento de la tasa de interés que aplican las entidades, de 3,5% anual inicial, a 10% anual en la actualidad. Por el contrario, las operaciones de escritura con uso de garantía real se redujeron a la mínima expresión.

Un fenómeno similar se observa en el segmento de la venta de automotores con garantía prendaria, habida cuenta de que los patentamientos se contrajeron más de 54% en marzo respecto de igual mes del año anterior.

Sólo los sectores que vieron mejorada su capacidad exportadora a partir de un tipo de cambio real competitivo, muy superior al de un año antes, pese a que por ese fenómeno el Gobierno dispuso un impuesto de emergencia, mantuvieron en marzo más préstamos en divisas equivalentes en pesos, y provocaron un cambio en la distribución, tanto en pesos y dólares, como entre las familias y las empresas.

El promedio de préstamos al sector privado por parte del conjunto del sistema bancario ascendió en el último mes a poco más de $1,5 billones, equivalente a 8,6% del PBI, a los que se sumaron unos $654 mil millones en moneda extranjera (USD 15.800 millones) que representaron algo más de 3,7% del PBI. En el primer caso se contrajo en 2,8% del PBI, en tanto en el segundo se expandió en 1,1 punto porcentual del producto.

La pobre profundidad del crédito bancario al sector privado, apenas poco más de 12% del PBI, determina que el canal de transmisión de la suba de la tasa de interés de referencia de política monetaria sea mínimo, y por tanto el consenso de los economistas avala la decisión del Banco Central de restringir la liquidez en pesos como instrumento para quitarle volatilidad ascendente al tipo de cambio, porque consideran que es más perjudicial sobre la economía real, al afectar las expectativas de aceleración de la inflación.

La franja en pesos volvió a estar dominada por las personas humanas, las cuales pasaron de captar el 66,4% a 72,6% del total, a través de líneas personales; financiamiento de consumos con uso de tarjeta de crédito, las únicas que ganaron en representatividad relativa respecto del año anterior; y las hipotecarias y prendarias que en conjunto redujeron su relevancia en 3 puntos porcentuales, a un 20% del total.

Del lado de las empresas, en cambio, el uso del crédito en moneda nacional significó poco más de un cuarto del total de los préstamos de los bancos al sector privado, principalmente a través de descuento de documentos, como cheques de pago diferido; adelantos en cuenta corriente y, en menor medida, de líneas de fomento impulsadas por el Gobierno nacional.

Por el contrario, en el agregado de pesos y dólares, la porción tomada por las empresas se elevó de 44,6% a 47,1% del total, principalmente por efecto del salto cambiario de 104% en un año, habida cuenta de que el total de deuda en moneda extranjera en el promedio de marzo último se redujo en unos USD 220 millones.

Resistencia de los depósitos

El monto promedio de las colocaciones del sector privado en cuenta corriente bancaria, caja de ahorro y a plazo fijo ascendió en marzo a $2,1 billones, 1,7% más que en febrero pero por debajo de la tasa de inflación que se estima se ubicó cerca de 4%; y 46,6% superior al nivel medio de un año antes, también inferior a la suba de los precios al consumidor que se estima superó el 53 por ciento.

El agregado general equivalente en pesos, con las imposiciones en dólares, se incrementó 4,2% y 70,6%, en el mes e interanual, respectivamente, por efecto de la devaluación del peso que provocó el salto cambiario de 10% y 104%, en esos períodos, en cada caso.

Respecto de un año atrás el rubro más dinámico en valores nominales fue el de las imposiciones a plazo fijo ajustable por inflación, subió 278%, aunque mantuvo baja representatividad sobre el total, menos de 1%; seguido por los constituidos en moneda extranjera 136% equivalente en pesos, por el salto cambiario, y 15,5% en moneda dura, a un promedio de USD 29.000 millones. En tanto los certificados de depósito a plazo fijo sumaron se elevaron un 70%; unos 17 puntos más que la inflación, pero 35 puntos menos que la devaluación nominal del peso.

*Economista y periodista Editor de Economía en Infobae

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