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Opinión

Consecuencias de una prolongada sequía

Por Darío Guardado

La combinación de temperaturas extremas y escasas precipitaciones de los últimos tres meses han configurado un crítico escenario de estrés hídrico y falta de humedad que impactó de lleno en las actividades productivas, muchas de las cuales sufren desde hace tiempo la pérdida de rentabilidad y competitividad para exportar a los distintos mercados del mundo.

La situación empeoró con el correr del verano y la falta de lluvias empezó a hacer estragos en las producciones agrícola y ganadera. Aumentó el riesgo de incendios y generó pérdidas millonarias por éste flagelo, que solamente en las provincias de La Pampa y Buenos Aires destruyó alrededor de 900 mil hectáreas.

A esta altura hablar de la ridícula Ley de Emergencia Agropecuaria a nivel nacional es casi anecdótico, porque carece de recursos (dispone apenas de 500 millones de pesos) para atender un fenómeno climático tan grave como la sequía, más allá de la incipiente ayuda que puede significar el diferimiento de impuestos para los afectados. Entonces, es necesario contar con una nueva legislación que logre aportar reales soluciones a quienes sufran las inclemencias climáticas, ya sea por sequía o inundación.

En pleno desarrollo del fenómeno “La Niña”, que determina precipitaciones por debajo de los registros normales, los climatólogo creen que si no fuera por los últimos dos o tres períodos muy húmedos que aportaron importantes excesos de lluvias, los que saturaron los campos y llevaron las napas a escasos centímetros de la superficie, ésta sequía podría ser considerada, tal vez, la peor de los últimos 70 años.

Así lo explicó el Meteorólogo Leonardo De Benedictis: “La situación de sequía en gran parte del país obedece al desarrollo del fenómeno La Niña que se hizo sentir mucho a partir de noviembre del año pasado. Veníamos de una época muy lluviosa que se prolongó entre el invierno y la primavera pasada, y si miramos los registros pluviométricos en muchos puntos del país es uno de los veranos más secos de la historia, uno de los veranos con la menor presencia de lluvias. La diferencia más significativa con la sequía de 2008/2009 es que ahora estamos saliendo de una situación de excesos hídricos muy importantes, con lo cual las napas altas han ayudado a muchos productores a suplir la falta de precipitaciones, aunque no en todas las regiones se dio esto”.

“De todas maneras estamos atravesando uno de los veranos más secos de la historia. Pero hubo algunos focos de lluvias y tormentas muy puntuales que han descargado gran cantidad de agua, aunque fueron acotados y hay una diferencia muy notable en cada evento de precipitación, ya que teníamos registros de 80 y 90 milímetros en algunos sectores y a escasos 5 o 10 kilómetros la lluvia había sido nula, entonces esa diferencia también ha generado que en sectores no se hayan registrado precipitaciones prácticamente a lo largo de todo el verano”, describió De Benedictis. Y luego concluyó: “lamentablemente ésta tendencia se comenzaría a revertir de manera paulatina recién a partir de la segunda quincena del mes de marzo”.

En Entre Ríos los productores ya comparan esta situación con la fuerte sequía de 2009, cuando se perdieron varios millones de cabezas de ganado en todo el país. En esa provincia reina la desesperación por la falta de agua, que urge en todas las actividades productivas.

“La sequía en Entre Ríos en realmente muy fuerte, comparable con la seca de 2009. Los maíces de segunda están muy afectados y si no llueve se empezará a complicar la soja también. Está muy complicada la elaboración de reservas forrajeras para el invierno, y lo poco que se ha podido hacer es de muy mala calidad”, advirtió Jorge Chemes, vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas y productor tambero de Nogoyá, Entre Ríos.

Para Chemes los tambos en esa provincia ya están empezando a sentir una baja de producción y la agricultura seguramente mostrará pérdidas importantes.

Según el Panorama Agrícola Semanal que elabora el Departamento de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, desde el inicio de la campaña agrícola 2017/2018, por efecto del déficit hídrico se redujo en 7 millones de toneladas la proyección de producción de soja y en 4 millones de toneladas la estimación de la cosecha de maíz. Así el volumen total de la oleaginosa alcanzaría las 47 millones de toneladas, unas 10,5 millones menos que el ciclo 2016/2017. En tanto, el cereal finalizaría la trilla con 37 millones de toneladas, 2 millones por debajo del año pasado.

Si bien aún es temprano para cuantificar las pérdidas que provocaría la sequía en la producción agropecuaria, según la Guía Estratégica para el Agro (RED GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario en la zona núcleo (centro y sur de Santa Fe, centro y sur de Córdoba y norte de Buenos Aires), sólo en soja la merma ascendería a 1200 millones de dólares.

Matías de Velazco, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), describió el difícil contexto que atraviesan los productores bonaerenses y pampeanos: “El sur de la provincia de Buenos Aires está muy complicado, no sólo peligra la cosecha gruesa (soja, maíz y girasol) sino también la ganadería. No han nacido los verdeos de invierno para generar las reservas y también han fracasado los sorgos en la zona. Es preocupante entrar al invierno sin reservas y es preocupante el peligro de mortandad de hacienda”.

“La situación es desesperante y se necesitan lluvias fuertes y homogéneas de manera urgente para que se recuperen los campos”, alertó el dirigente rural.

Para revertir este contexto desfavorable, es necesario que caigan lluvias superiores a los 200 milímetros en los próximos 15 días en casi todas las regiones, en especial en el centro del país. Los más perjudicados son los cultivos sembrados de manera tardía, como la soja y el maíz de segunda, que sufrieron desde su implantación los efectos de la falta de precipitaciones. Como muchos temían antes del inicio de la campaña agrícola, los efectos del fenómeno “La Niña” fueron demoledores para las expectativas productivas del agro.

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