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Opinión

Crecimiento: Sin euforia ni depresión (3 consecuencias de la política económica)

Por Amilcar Collante

La economía salió de la recesión y está despegando .Eso es una buena noticia. Pero a esto debemos agregarle algo más. Las expectativas sobre el crecimiento futuro, reflejadas en relevamiento de expectativas del BCRA, muestran que Argentina tendrá 3 años de crecimiento continuo . Algo que hace tiempo mucho tiempo que no ocurre.  Para 2017 se espera una tasa de crecimiento del PBI del 2,8%, para el año 2018 de 3% y para el 2019 un incremento de 3,2% en el producto bruto. 

Las tasas de crecimiento no son elevadas .Pero quizá estemos entrando en un ciclo de crecimiento bajo pero de manera sostenida. Que minimice la volatilidad. 

Para ello necesitamos una macroeconomía más sana. El requisito de “normalización “de la economía. Entendiendo por ello,  sin “cepo cambiario”, con acceso al crédito, con tarifas que se vayan aproximando a los costo de producción, metas de inflación y sin tantas restricciones para el comercio. Es condición necesaria pero no es suficiente. Deberíamos ajustar los desequilibrios que han quedado sin resolución durante este proceso.

Bipolaridad de Argentina

Si nos enfocamos en la historia argentina, hemos vivido siempre en los extremos. Momentos de euforia (crecimiento a “tasas Chinas”), que fueron continuados por estancamiento o periodos  “crecimiento y ajuste” de los años electorales vs año no electoral. O hemos sufrido la depresión económica como en crisis  de principio de los 2000 .Todos esto en  muy poco tiempo. 

¿Entraremos en un ciclo nuevo de crecimiento más estable? 

Para que estas expectativas positivas se materialicen, es clave la sustentabilidad del modelo. Haremos un análisis de la política económica actual y de sus consecuencias.

En pocas palabras tenemos una política fiscal “laxa” y una política monetaria dura. Con un déficit fiscal primario que supera el 4% del PBI. Y que al adicionarle el déficit de provincias e intereses de deuda supera los 7% del PBI. Sigue siendo muy alto. 

El cambio que introdujo el Gobierno en este aspecto, es la fuente de financiamiento. La mayoría proviene de deuda emitida en el exterior. Y no de la emisión monetaria. A su vez el tipo de cambio es flexible y existe libre movilidad de capitales. 

La política económica ha puesto especial énfasis en la baja de la inflación. Y Sturzenegger está haciendo el trabajo sucio. Pero tiene un solo instrumento: la tasa de interés. Y las metas de inflación son muy ambiciosas (12%-17% para 2017). Al mismo tiempo que la efectividad de su herramienta está condicionada a que el ministerio de Hacienda ayude en el plano fiscal en la reducción del déficit fiscal y también en la coordinación con la política tarifaria. 

Desequilibrios

El  BCRA ha ido acumulando sistemáticamente deuda en su hoja de balance (stock de Lebacs) para combatir la inflación. Ya supera el billón de pesos el stock letras del BCRA (equivale a 57.500 millones de dólares). En algún momento ese desbalance se hará sentir en el manejo de la política monetaria. 

Y por último, otra consecuencia del modelo es que el tipo de cambio se atrasa. Seguimos siendo caros en dólares. Eso ya se empieza a notar en la balanza comercial que tiene un saldo fuertemente negativo 3.428 millones de dólares (con Brasil solamente se estima un déficit de 7.000 millones de dólares en 2017). Hoy el tipo de cambio real multilateral esta un 10% más apreciado que en diciembre de 2015 cuando se abrió el cepo cambiario.

En estos meses podemos tener una oportunidad. La economía está repuntando y los ingresos tributarios crecen por encima de la inflación. Es un momento clave para empezar a achicar la brecha fiscal. Y empezar a encarar reformas en este sentido (por ejemplo: reforma tributaria). Si se comienza por ese lado comprometiendo a los fiscos provinciales. Es probable que se baje la tensión en otros aspectos. La exigencia del BCRA también disminuirá, teniendo que acumular menos deuda y relajando un poco más la tasa de interés. Con más previsión a mediano plazo, es probable que los analistas no se equivoquen y Argentina tenga un crecimiento bajo pero sostenido en el tiempo. 

*Economista (UNLP)-Docente UCALP-Economista de Finguru

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