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Opinión

De balances y estados de resultados

Estamos cerrando un año muy intenso. La volatilidad esta vez no fue propiedad de los mercados financieros, sino de la política. En el 2015, por momentos, los mercados estuvieron efusivos, exagerados, paralizados y depresivos; siempre al vaivén de la danza de los candidatos.


El resumen del año dirá que el Merval subió un 41% (mientras que Brasil, Perú, Chile y Colombia tuvieron bajas promedios de 35%). Pero ese 41% no representó el verdadero sentimiento del mercado. Aquellos que invirtieron en el panel general o en empresas ligadas  al agro o a servicios energéticos vieron hasta triplicar sus precios. Sin embargo no fue un buen año para aquellos inversores que se posicionaron en las tres empresas más liquidas de nuestro panel Merval, influenciados en este caso por la caída del precio del petróleo. Sin duda, un año intenso por su volatilidad y selectividad.


No hay mucho valor agregado del lado económico en el 2015. Tuvimos un gobierno saliente, al que no pareció importarle el resultado electoral, ya que los candidatos no los representaban. Sólo trabajó para  los libros de historia. Con tal de quedar en los libros con números de inflación bajos y un dólar que parecía estable, sacrificaron varios años de nuestro futuro: liquidaron reservas para sostener un dólar de “no” equilibrio; sacrificaron nuestra balanza comercial al punto de asfixiar a las economías regionales por falta de competitividad. Nos quedamos sin energía, con tal de sostener subsidios innecesarios. 


En fin, quizás en diez años los libros de historia no hablen de Ceballos y su mal arbitraje sino de que Boca le ganó la final a Rosario Central en la Copa Argentina. Quizás en 10 años los libros de historia digan que el gobierno de Cristina Kirchner dejó una inflación, un tipo de cambio, estadísticas sociales y reservas de un país del primer mundo. Ese capítulo del futuro libro de historia seguro nos costará varios años de un presente más austero.


Pero lo más importante ahora es nuestro futuro. Hay que festejar que termina una etapa donde, bajo la excusa de que el fin justifica los medios, se desinstitucionalizaron los instrumentos del mercado de capitales. Los Fondos Comunes de Inversión, las compañías de seguros, la operatoria en futuros, los activos inciso K, la tasa de los cheques de pago diferidos, el valor de los bonos dolarizados, sus precios más de una vez no fueron producto del libre juego entre la oferta y la demanda y por ello se fue perdiendo la confianza del mundo inversor. 


Pero empieza otra etapa


Los mercados supieron reaccionar con anticipación, lo notamos con los precios y también con el incremento de los volúmenes operados. Para que un mercado de capitales sea desarrollado, necesita de instituciones fuertes porque es la única manera de poder financiar el largo plazo. La institucionalidad pone las reglas del juego por encima de los gobiernos de turno.


El contexto internacional, y sobre todo la frágil estabilidad política y económica del Brasil, nos obligarán a recalcular nuestras relaciones internacionales. Se viene una época donde la protagonista es la palabra “inversión”. Para que esta tenga éxito, necesita de reglas del juego claras, estables y cumplibles. Agotamos los stocks y hay que producir nueva riqueza.


Como reflejamos una vez desde el equipo Bulat, la riqueza es el valor agregado por un trabajador o el capital de un empresario, que en su tarea habitual crea o fabrica algo que la gente desea. Un docente genera riqueza porque cada día transmite conocimiento; un mecánico genera riqueza al arreglar mi coche; el taxista, al llevarme al trabajo; un ingeniero lo hace al garantizar una sólida infraestructura; un médico, al curar a mis hijos. Cuanto más valorada sea la tarea que desempeña un trabajador o un empresario, más riqueza creará. Y cuanta más riqueza cree, más dinero tendrá y, en consecuencia, más recursos para intercambiar dicha riqueza o atesorarla para el futuro. Un empresario que decida vender carnada para pescar en una zona sin agua probablemente no genere riqueza. Un empleo público como premio a su militancia política es sólo transferir el esfuerzo de unos precisamente a quien no lo merece.

El desarrollo se da cuando generamos más riqueza colectiva con la utilización de una menor cantidad de recursos. El cambio tecnológico, la educación, el conocimiento, la innovación y las instituciones permiten mejorar la productividad, expresión evidente de la mejora de la capacidad de crear riqueza.


Soy muy optimista con lo que viene, pero seamos conscientes de que vienen seis meses muy difíciles, de malas noticias, de cambios en los precios relativos. Es como cuando uno va al médico y se somete a un tratamiento para curarse de una enfermedad. Todo se hace más llevadero cuando el diagnóstico es transparente, ejecutable y tiene un plazo de duración. La economía argentina está algo enferma, nada que un buen tratamiento no pueda curar. El potencial de nuestro país es mucho más importante que el presente y esto no es demagogia ni un deseo. Todos sabemos que es así. También lo saben los inversores internacionales. 


Una vez pregunté a una empresa petrolera si a estos valores del petróleo era viable venir a invertir en Vaca Muerta; la respuesta fue muy alentadora: “Nosotros sacamos petróleo de Nigeria, Irán, Iraq, Angola; ¿piensa que nos da miedo un precio o una devaluación”. 


No sea que los de afuera aprovechen nuestro potencial y nosotros nos quedemos afuera. 

Compro Argentina.


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