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Opinión

Del círculo a la red: ¿acaparar o compartir?

Muchas veces aspiramos a ser parte de un círculo poderoso, esperando recibir favores, ventajas o beneficios. Y si quiero hacer crecer mi proyecto o empresa, busco el respaldo o el refuerzo de ese capital de contactos “importantes”. Esos contactos se cuidan, se reservan, se trata de no agotarlos, ya que una vez que se los usa, no se puede volver a recurrir a ellos. El resultado es que si estoy iniciando un proyecto y necesito ayuda, no los voy a convocar hasta que el proyecto tome forma definitiva, para no molestar con cosas menores. A su vez, no comparto ni presto mis contactos a otras personas, ya que me los podrían “quemar”. Además cuando pido ayuda a estas personas “importantes”, dependo y quedo en deuda.


Algo bien diferente sucede con mis conexiones informales, amigos, compañeros de deportes, conocidos de un viaje, amigos de mis amigos. Toda gente diversa, con intereses en ámbitos diferentes a mi trabajo, con afinidades y complementariedades vitales conmigo. Estas conexiones, a veces azarosas pero siempre interesantes, tienen la cualidad de que cuanto más las uso, más vitales y activas se mantienen. Por eso, me conviene compartirlas y prestarlas, ya que así se fortalecen. Puedo hacer de puente, de facilitador, de “celestino”, entre dos o varias personas. 


También puedo contarles un proyecto que recién comienza y aprovechar sus propuestas y sugerencias para mejorarlo, así como colaborar desinteresadamente en el proyecto del otro aportando mis ideas, recursos y conocidos. Este trabajo es gratificante, pero además me brinda una pertenencia y un prestigio que resultará atractivo para otros, que pueden interesarse a su vez en colaborar con mis propios proyectos. ¿Qué gano? Que otros me conozcan, me recuerden, me tengan en cuenta. Y el hacer de intermediario en las redes me posiciona como conector, como un nodo interesante que conecta a los demás entre sí.


Pero no se trata sólo de acumular conexiones informales y variadas en el trabajo, el gimnasio o en un viaje. Se trata de la disposición a integrar lo diverso de un modo creativo y original. De entender por dónde pasan los lazos posibles entre las ideas, las personas y los proyectos, y hacerlas jugar. 
Si voy a todos los after office de networking, ¿Estoy pensando en red? No necesariamente, ya que puede que vaya solamente en busca de contactos útiles y no realmente dispuesto a abrirme a lo imprevisto, a aquello que me pueda sorprender, motivar o inspirar.


Si tengo un millón de amigos en facebook ¿Pienso en red? No necesariamente. Para eso necesito crear trama, tejer vínculos, conectar a mi gente y sus ideas no sólo conmigo sino entre ellos.


¿Este modo de estar en el mundo me hace mejor persona? ¿Más generoso? ¿Más responsable por los otros? Sin duda. Pero más aún, me hace ser parte de un nuevo paradigma en el que el más poderoso no es que más tiene sino el que más aporta al espacio común. Me posiciona en mi mundo social y laboral como un nodo atractivo, convocante y prestigioso.


Guardarse los contactos o las ideas, responde a la vieja lógica de fronteras: lo que es mío debo vigilarlo y cuidar que no me lo roben.  Compartir las conexiones y co-crear, responde a la lógica de las redes: lo que se comparte se multiplica, revitaliza y crece.


La lógica de las redes es recuperada con la tecnología de internet no sólo ya cómo espacio compartido de información, sino como lugar de encuentro de las inteligencias y la creatividad de las personas. La web inaugura un modelo de pensamiento conectivo, trabajo colaborativo, co- creación y hasta una economía colaborativa. 


Hoy sabemos que este modo de moverse y pensar no sólo es interesante como experiencia, sino que es el forma en que se genera la innovación en nuestro negocio, profesión o empresa.


Las personas en red no buscan contactos, sino que tejen conexiones formales e informales. Así encuentran, ofrecen, intercambian, capitalizan, generan recursos a mediano y largo plazo no sólo para fines puntuales sino para fines diversos, algunos de los cuales ni siquiera han surgido todavía. 

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