Newsletter Semanal equipo bulat

Opinión

Educación: Lado A y Lado B

La verdad es que hoy les estamos fallando como adultos a nuestros chicos. Cientos de miles van todos los días a nuestras escuelas pensando que van a encontrar allí algo que en la práctica sabemos que no se logra de manera completa: que todos aprendan y desarrollen al máximo su potencial.

Es duro saberlo, es más difícil reconocerlo, pero es el primer paso. 


El diagnóstico (incompleto en información y en dimensiones de información – gran deuda Argentina) dice que aproximadamente la mitad de los chicos no termina el nivel secundario. Sobre ellos, la mitad no aprende lo que debería tanto en conocimientos como en competencias relacionadas a las habilidades básicas de lectura, matemática y ciencia. Se sabe además que hay enormes desafíos respecto al ausentismo (de todos los actores de la comunidad escolar), a la repitencia y a la sobre edad. Hay informes nacionales e internacionales que en los últimos años marcan con preocupación el estancamiento en los resultados educativos, y lo relacionan con las dificultades en la creación de ambientes de aprendizaje apropiados y desconexión con lo que sucede fuera del ámbito escolar.

Por otro lado, conocemos las brechas que se generan en cuanto al acceso (y egreso) a estudios superiores y al mundo del trabajo producto de situaciones de desigualdad y vulnerabilidad social y económica – entre otras – que, o bien no logran revertirse durante el progreso en la escuela o, peor, es la escuela un factor más que contribuye a la reproducción de esas situaciones. Ninguno de los protagonistas del sistema educativo está satisfecho con la situación que les toca vivir, las personas que lo integran piden y reclaman cambios fundamentales sobre las condiciones actuales. Mientras tanto, la creciente cantidad de “ni – ni” nos ofrecen un signo de interrogación constante al que ni sabemos cómo contestar ni cómo mirar a los ojos. 


Estamos frente a un problema complejo. Por definición los problemas o sistemas complejos (en oposición a los llamados simples) son aquellos conformados por numerosas partes interrelacionadas o enlazadas cuyos vínculos crean información adicional que en muchos casos resulta invisible al observador. Como resultado de las interrelaciones entre las diferentes partes, surgen situaciones y propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de las propiedades de las causas de origen aisladas unas de otras. Los problemas o sistemas complejos, producen más información que la que da cada parte de manera independiente. Para comenzar a trabajar sobre un problema o sistema complejo se requiere conocer el funcionamiento de cada una de las partes y, especialmente, el funcionamiento del sistema en su conjunto una vez producidos los relacionamientos de sus partes entre sí.


Vale la pena aclarar esto para correrse del lugar común donde comienzan y terminan generalmente las discusiones sobre educación, es decir, encontrar un “culpable” que sea responsable de todo lo malo y, al mismo tiempo, encontrar una “solución dorada” que dé cuenta de todos los desafíos del sistema.

Sería psicológicamente espectacular encontrar un responsable de lo malo y un salvador para lo bueno porque eso nos sacaría toda la responsabilidad de nuestros hombros, la responsabilidad de construir la educación que queremos para nuestros chicos. Sería espectacular pero ya sabemos que Superman no existe y que tanto la responsabilidad por lo hecho (y no hecho) como las oportunidades hacia adelante son colectivas del conjunto de nuestra sociedad democrática.


Es importante quedarnos un momento en esa idea porque naturalmente tendemos a despersonalizar esta situación de responsabilidad / oportunidad. Les comparto este diálogo que me sucede con frecuencia - con algunas variaciones:


Yo: ¿Pensás que la educación de la Argentina está bien o tiene que mejorar?

X: Absolutamente tiene que mejorar, hay que volver a la Argentina de los premios Nobel… hay que… hay que… tiene que ser prioridad, lo que pasa hoy es un desastre… los chicos no…


Yo: ¿Qué pensás de la educación de tus hijos?

X: No, mis hijos reciben la mejor educación del mundo, aprenden, juegan, crean…


Yo: ¿Quién creés que debería estar ocupándose de la educación en nuestro país?

X: Los políticos… los docentes…  


Muchos piensan que la educación debe mejorar significativamente pero pocos lo identifican con que eso afecta directamente a la educación de sus hijos y eso produce que pocos se involucren con esta  situación y elijan distribuir culpas y responsabilidades como si no fueran parte de la misma sociedad. Cada día está más claro que estamos en el mismo barco (nacional y global) y que lo que no sea co construir es una pérdida de tiempo, energía y, en su mayoría, excusas egoístas y desinformadas.

Pero volviendo a la idea de problemas complejos, hace poco una organización compartía conmigo la construcción de un primer mapa de actores que debería hacerse cargo de colaborar entre ellos para alcanzar este deseo compartido de justicia educativa:


Docentes y Directivos, Sindicatos docentes, Estudiantes, Centros de Estudiantes y jóvenes fuera de la Secundaria, Comunidad Universitaria, Padres de familia y Cooperadoras Escolares, Funcionarios públicos de la Educación, Académicos de la Educación, Empresarios, Organizaciones de la Sociedad Civil comprometidas con la Educación, Medios de Comunicación, Cámaras empresariales y sectoriales, Organismos Internacionales vinculados a la educación, Legisladores, Líderes de opinión,  Iglesias y credos.


Imaginen una discusión paritaria o de asignación de recursos o de visión de la educación o de reforma de estatutos o de evaluación del sistema o de condiciones de educabilidad, etc.  donde cada uno de estos actores pueda aportar aquello que los distingue en esencia y, al mismo tiempo, aquello que los une al resto que es dar la mejor educación posible a nuestros chicos. 


Esta mesa sería verdaderamente revolucionaria, el mensaje sería tan poderoso que sería modelo para otros sectores y, probablemente, para otros países. Sería una señal de madurez para toda la sociedad y para los chicos. Lograría que muchas partes que hoy se enfrentan en posturas antagónicas muchas veces basadas en conflictos previos, estancos, puedan tender puentes de conversación y construcción sin por ello “perder” poder, legitimidad o representatividad. Sería un camino (tal vez el único) para lograr algo tan básico como la empatía y lograr sensibilizar a este conjunto sobre las opiniones y realidades de los demás. Pero sobre todo, sería un inigualable espacio de trabajo hacia el consenso y la responsabilidad por los resultados colectivos que directa e indirectamente se producen por el actuar de cada uno.


La verdad es que estamos fallando y que todos los ciclos que abrimos anualmente nos encuentran con las mismas herramientas y mentalidades para enfrentar los mismos desafíos. Los pocos atisbos de cambio son insuficientes para dar las respuestas profundas que la situación en la que estamos necesita.

No se trata de generar condiciones y oportunidades para la igualdad -poner a los chicos en condición de igualdad de oportunidades no alcanza-, se trata de la más radical equidad y justicia para cada uno de ellos que no pueden ser los que paguen nuestra incapacidad.



Lado B - Esperanza


La esperanza son las personas. Siempre son las personas. Lo que más y mejor explica el éxito escolar (me refiero a mucho más que las notas) son los docentes que lideran el proceso de enseñanza y aprendizaje junto con los chicos. Como ya vimos anteriormente, hay muchas otras cuestiones a tener en cuenta cuando nos enfocamos en el sistema educativo pero nuestras mejores apuestas están depositadas en aquellos a los que volvemos cuando lo demás parece no avanzar.


Los docentes tradicionalmente traían dos elementos claves que los constituían como tales: una vocación singular y una preparación inicial y continua destacada. Algunos dirían que si bien la vocación se mantiene vigente en la generalidad de los casos, los desafíos por los que pasan tanto las condiciones de trabajo como los institutos de formación docente en el país, podrían estar impactando negativamente en el desarrollo profesional de la carrera docente.


Nuevamente, nos falta información al respecto para tener un mejor diagnóstico pero aun suponiendo que vocación, trabajo y formación están vigentes, las necesidades que la educación nos demanda hoy y hacia el futuro hacen que esta combinación sea necesaria pero ya no suficiente.


Cuando vemos docentes que están logrando diferencias significativas en las trayectorias de los chicos, especialmente de aquellos que viven en los contextos de mayor pobreza (donde deberíamos poner toda nuestra acción y atención), vemos una serie de cualidades y características que valen la pena compartir:

Proponen una visión clara para los chicos que hace que todo lo que suceda en el aula y fuera de ella tenga sentido, tenga un hilo conductor, un propósito claro. Esa visión parte de y vuelve hacia la comunidad, habla de ella y sólo tiene sentido de ese modo.


Trabajan con y desde los valores que construyen junto a los chicos logrando comprometerlos y comprometerse a vivirlos en cada una de las clases de manera que guíen la forma en que todos conviven.


Construyen su ser docente desde dos mentalidades claves. Por un lado actúan con “Sentido de Posibilidad”, esto significa que saben que todos los chicos pueden aprender y se esfuerzan por lograrlo, no aceptan etiquetas o prejuicios y no renuncian a esto por las condiciones extra escolares por más difíciles que estas sean. Esto involucra una enorme perseverancia, un sentido de agencia muy fuerte, una búsqueda constante de la justicia entendiendo que no sólo es posible educar sino que es lo que hay que hacer. Y, por otro lado, el “Sentido de Urgencia” donde no hay un minuto para perder antes, durante o después de cada clase. Cada instancia tiene que valer la pena, se planifica y se trabaja desde esa concepción.


Trabajan con un propósito claro y compartido por toda la comunidad educativa. Ese propósito está centrado en la escuela, en la comunidad pero con una perspectiva informada también afuera de las paredes de la escuela, afuera del barrio, afuera de la ciudad, con una perspectiva nacional e incluso global incorporando todo lo que está sucediendo en el mundo para desarrollar espíritu crítico y respeto por la diversidad que haga que los chicos sean ciudadanos de ese mismo mundo. La educación con sentido, con propósito, hace que lo compartido en las clases sea relevante y significativo para que los chicos puedan integrar lo que sucede dentro de la escuela con lo que sucede fuera de ella.


Llevan dentro de ellos un espíritu de transformación muy singular que hace que los aprendizajes de los chicos sean significativos, logrando que ellos puedan alcanzar otra trayectoria y soltar todo su potencial.

Trabajan desde contenidos exigentes, no bajan la vara, siempre en las clases se construye desde las altas expectativas pero con espíritu colectivo no individualista. Todos aprenden y comparten lo que aprenden y así se construye una cultura de responsabilidad compartida.


Inspiran animándose a ser referentes para los chicos, promoviendo la innovación, dando un paso al frente cuando es necesario y, al mismo tiempo, potencian, saben correrse del centro y dejar el lugar central para que sean los chicos los verdaderos protagonistas.


Se animan con teorías y prácticas pedagógicas nuevas: aprendizajes basados en las relaciones, aprendizajes basados en proyectos, aprendizajes basados en el desarrollo habilidades socio emocionales, etc. Esto los hace salir muchas veces de su zona de confort y les implica una planificación distinta, animándose a observar otras clases y a ser observados, a recibir y procurar retroalimentación y formación constante, a incorporar tecnologías y al rol de la tecnología en cada una de las clases, abriéndose a un trabajo colaborativo y en comunidad con otros profesores, con otros directores, con los padres, etc. 


Se animan a abrir las puertas del aula para que los chicos, sobre todo, aprendan a aprender, desarrollando todo su potencial en un rol activo, siendo líderes de su aprendizaje.


Conclusión: 


En 1914 el español José Ortega y Gasset escribe en Meditaciones del Quijote una frase famosa que muchos solemos repetir cuando queremos explicar nuestro comportamiento y decisiones por encima de otras cuestiones: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Sin embargo, pocos conocen que la frase es mucho más completa tanto en palabras como en significado. El filósofo en cuestión escribe así: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Estas últimas palabras nos dan una pista de cómo deberíamos entender lo individual y lo colectivo de forma complementaria o de otra manera seguir atrapados en los mismos problemas de siempre. En ese sentido es justo preguntarnos si vale la pena ser exitosos individuos, plenos de éxito y libertad en contextos mediocres, sufrientes y postergados. Cuando miramos alrededor y no somos capaces de ver y de empatizar con nuestro próx(j)imo, cuando nuestra visión se termina en aquello que nos brinda seguridad y confort, cuando disfrutamos el verde de nuestro metro cuadrado sin animarnos a entender qué hay detrás nuestros prejuicios es que nos perdemos la ocasión de merecer las oportunidades que tuvimos y tenemos, el verdadero talento argentino.

La educación hoy necesita de la grandeza de los docentes y alumnos que la integran pero también de muchas otras personas y organizaciones que podemos y debemos hacer más. Si queremos cambiar lo que hoy es verdad para muchos en la educación argentina y que deja heridas abiertas en la sociedad por muchos años por venir, si queremos multiplicar las historias de esperanza forjadas en comunidades educativas sólidas, hay muchas más personas y organizaciones que tenemos que asumir un rol constructivo a las circunstancias que hoy no lo permiten.


* Oscar Ghillione es Director Ejecutivo de Enseñá por Argentina

Relacionadas

El complejo desafío de transformar la secundaria

Desde que se sancionó la Ley Nacional de Educación, en 2006, garantizar una educación secundaria de calidad para todos los jóvenes es una obligación. También es una oportunidad única para sentar las bases de una Argentina más justa y con un desarrollo económico sostenido. Sobran los argumentos que relacionan a la educación de los jóvenes con la potenciación de sus horizontes, con el fortalecimiento de la democracia y de la economía. La educación secundaria se expandió sostenidamente en los últimos 50 años. Son cada vez más los jóvenes que se gradúan del nivel. Pero, más allá de los avances de las últimas décadas, enfrentamos enormes deudas. En la actualidad...

Ver Más

Ningún gobierno de la democracia se atrevió a ajustar tanto en educación

De aprobarse el proyecto de presupuesto enviado por el Gobierno Nacional al Congreso, se estaría consumando el ajuste más grande de las últimas décadas sobre el sistema educativo. Ningún gobierno de la democracia se atrevió a tanto. La inversión nacional en educación y cultura viene cayendo hace tres años, aunque este nuevo presupuesto, redactado de acuerdo con las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), agrava el recorte. En el año 2015 significó el 1,66% del PBI. Para el 2019 el Gobierno propone invertir solo el 1,25 por ciento. Como se trata de un PBI más pequeño por el achicamiento de la economía nacional en tres de los cuatro años de Gobierno de Cambiemos, es posible afirmar que se le otorga a la educación y a la cultura una porción menor de una torta más chica. Lo más grave de la situación es que, a pesar de prever una inflación mayor al 40% en el 2018 y, según la estimación oficial, del (poco creíble) 23% para el 2019, los recursos destinados a la educación inicial, primaria, media y superior no universitaria para el próximo año, aun en valores nominales, son menores. Sin incluir los recursos destinados a las universidades, el Gobierno nacional ha propuesto disminuir la inversión en programas educativos de 67 mil a 54 mil millones de pesos. Es decir, a pesar de la inflación pasada y futura, los recursos caen un 18,9 por ciento. Si tomamos en cuenta la variación de los precios, el presupuesto de estos programas disminuye, entre el 2018 y el 2019, el 39,9 por ciento.

Ver Más

¿Qué esperamos para terminar con el bullying?

Luego de conocerse nuevos casos a través de videos viralizados, hasta donde tiene que llegar la violencia para que terminemos con el bullying en nuestro país? Cuantos chicos, chicas, adolescentes sufriendo, con miedo, sin ganas de vivir, tenemos que conocer para entender que es urgente tomar en serio y con responsabilidad el drama del Acoso Escolar? Una encuesta que realizamos desde El Sabato Espacio Cultural de la UBA junto con la Comunidad Antibullying Argentina, muestra datos alarmantes de lo que viven nuestros hijos en las escuelas porteñas. El 60% de los chicos se siente solo. El 45% siente miedo a ser agredido. El 35% fue intimidado por compañeros. El 78% reconoce que hay agresión física dentro y fuera del colegio. El 54% menciona que el hostigamiento continua a través de las redes sociales.  Sumado a esto un relevamiento realizado por la organización internacional Bullying Sin Fronteras muestra un crecimiento del 30% en las denuncias realizadas en todo el país y casos más violentos que en años anteriores. Los últimos casos de conocimiento público nos muestran ese nivel de violencia. Los mensajes que nos llegan de todos los pueblos y ciudades del país nos lo confirman: el Bullying, el acoso escolar, es la primera causa de suicidio adolescente en el mundo (según OMS).

Ver Más

Educación pública, la mejor inversión

En otras palabras, los números comprueban lo obvio; la gente que estudia tiene más chances de conseguir empleo y cuando lo hacen ganan mucho mas. Pero los únicos beneficiados no son los que se educan, porque en el caso de los trabajadores de ingresos medios altos y altos, el Estado se queda, según el último estudio de Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), con una porción que va entre el 52 y el 55%. Contrario a lo que mucha gente piensa, tampoco es el Estado el único que financia la educación pública. De hecho, los principales insumos del proceso educativo son el tiempo del alumno y el del profesor, pero mientras que el Presupuesto reconoce dinero para remunerar el costo de oportunidad del docente, nadie le paga al estudiante lo que cuesta su tiempo, que según los cálculos más conservadores es del doble de lo que destina el Estado. Pensemos que el aporte del Tesoro es de unos 70.000 pesos anuales por alumno, mientras que el salario de un trabajador con secundario completo, que se corresponde con el valor aproximado del tiempo de los estudiantes es de $14.700, de suerte tal que, en 10 meses de estudios, un alumno que cursa o prepara materias 40 horas a la semana, podría ganar 147.000 pesos trabajando. En resumen; el Estado financia una tercera parte del costo del proceso educativo, pero se alza con ...

Ver Más

9 definiciones de Facundo Manes sobre salud, educación y política

El especialista en neurociencias también se refirió a los problemas causados por la grieta.

Ver Más

Guillermina Tiramonti: "La Facultad se convirtió en un mercado de empleo para los docentes"

La especialista en educación reflexionó sobre la problemática del nivel superior en la Argentina. En El Inversor aseguró que deliberadamente se mantienen las carreras largas a diferencia de la tendencia mundial que impulsa cada vez más a carreras acortar y apuesta a la especificidad. La entrevista completa.

Ver Más

Columnista