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Opinión

El ciclismo urbano puede ayudar la vida de las mujeres

Por Mariana Conte Grand

En la última reunión anual de la Asociación Argentina de Economía Política hubo un panel sobre género. Allí se expuso sobre la menor probabilidad que tienen las mujeres en relación con los hombres de alcanzar un puesto de trabajo formal. Se mostró que la participación laboral femenina en Argentina creció fuerte en los 90 pero ese crecimiento se desaceleró en los años 2000, mientras que la de los hombres se mantuvo alta y estable, por lo que se detuvo la caída que se venía observando en la brecha de género. Finalmente, en la misma línea, otro panelista afirmó que las mujeres en Argentina ganan menos que los hombres, pero esa diferencia se diluye cuando se controla por la cantidad de horas trabajadas.

Los datos además indican que las mujeres casadas y con hijos pequeños participan relativamente menos en el mercado laboral. Puede interpretarse que ello se debe simplemente a la preferencia de las mujeres por pasar más tiempo en el hogar o que no cuentan con el apoyo necesario para estar en el mundo del trabajo una vez que son madres (trabajos de tiempo parcial, acceso a guarderías confiables, igualdad de licencias de padres y madres, etcétera). Sea cual sea la causa de esa diferencia en la participación laboral, también se pone en evidencia en la elección del modo de transporte y hay publicaciones académicas sobre ello.

Por ejemplo, se sabe que andar en bicicleta trae aparejado beneficios en salud y ahorros de tiempo y dinero que superan los costos por accidentes o inhalación de contaminación del aire que dicha actividad genera. El ciclismo urbano genera además beneficios sociales vía menor congestión de tráfico y baja en emisiones de gases de efecto invernadero, lo que contribuye a que gobiernos como el de la Ciudad de Buenos Aires lo fomenten. En CABA se logró que en 5 años (entre 2009 y 2014) los viajes en bici pasen de ser 0,9% de todos los desplazamientos de la ciudad a representar el 3,5 por ciento.

Pero, hombres y mujeres no se benefician de la misma forma del ciclismo urbano. Un reciente artículo del Journal of Transport Geography muestra la relación negativa que hay entre el índice de igualdad de género en los países de la Unión Europea y el porcentaje de mujeres que dicen nunca usar bicicletas para viajar.

Salvo en el caso de algunas ciudades europeas, los hombres usan más ese medio. Parte de la diferencia se atribuye a las características de los viajes que unos y otros realizan. Las mujeres, incluso las que trabajan, tienden a hacer más lo que se denomina viajes en cadena: hacen detenciones intermedias en un viaje más largo para llevar y traer niños o padres adultos o hacer compras. Ambas actividades dificultan el uso de este tipo de transporte. Otra parte de la brecha en el uso se asigna a una mayor aversión al riesgo que haría que las mujeres elijan la bici solamente en la medida en que las rutas para desplazarse se vuelvan más seguras.

En Buenos Aires, según los datos del sistema público de bicicletas, las personas de sexo femenino realizaban el 22,4% de los recorridos en 2015 e hicieron 27,2% de estos en 2018 (al mismo tiempo las mujeres pasaron de ser 44% a 46% de los usuarios del sistema). Si como señalan varias publicaciones científicas la elección del medio de transporte diera efectivamente algún indicio sobre brecha de género, esta estaría disminuyendo.

La autora es economista ambiental, Universidad del CEMA. Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

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