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Análisis Semanal

El efecto “Se Puede!”

Por Eduardo Braun

En una conversación con Felipe González, Presidente del Gobierno Español entre 1982 y 1996, le pregunté: “¿Qué hace usted como líder: le propone a la gente lo que cree que debe ser la visión para ellos, o trata de entender qué quieren y le propone eso mismo?”. Y sonriendo me respondió: “Bueno, creo que es un poco de las dos cosas”


Esa respuesta primero me sorprendió, porque me pareció que contenía un poco de demagogia: claudicar en parte de las ideas para decirle a la gente lo que quiere escuchar; pero en una reflexión mas profunda, contiene dos elementos fundamentales. El primero es proponer la visión, hacia adonde vamos, el sueño; es definir como quiero cambiar la realidad. El segundo elemento también muy importante en todo liderazgo: escuchar a la gente para saber que pide y de esa forma realimentar el sueño para que se ajuste a lo que la gente quiere, y preocuparse por resolver sus necesidades.


Pero incluso antes de definir como quiero modificar la realidad se requiere una condición previa, que parece una obviedad pero no lo es: es creer que la realidad se puede cambiar. 


La inmensa mayoría de las personas, de todos los niveles socioculturales, toma a la realidad como dato, como inmutable y no creen que se puede cambiar. Las cosas son como son y no se van a modificar. Si la realidad les gusta la elogian y si no les gusta se quejan; pero en todos estos casos lo hacen desde una actitud pasiva. Miran la realidad desde la tribuna, son espectadores pasivos de “lo que pasa” en el país, pero inútiles para modificar las cosas. De hecho, lo primero que hacen los gobiernos autoritarios y populistas es convencer, utilizando todo el poder y los medios del Estado, a todos los inconformistas opositores que no van a poder modificar la realidad, forzándolos a bajar los brazos y aceptar todo. El primer gran enemigo del cambio es la frustración y la desesperanza.


No soy analista político,  y escribo estas líneas simplemente como ciudadano comprometido, que hace años viene invitando a todos mis conocidos y a los ciudadanos en general a participar en la cosa publica para construir un país mejor. Ser “comprometido” implica trabajar activamente para que las cosas cambien, porque se esta convencido que se pueden cambiar. 


Lo que ocurrió este domingo de elecciones en la Argentina es que la gente sintió en el corazón, en el tuétanos, que se puede cambiar la realidad. Esto es muchísimo mas trascendente que 3 o 4 puntos porcentuales arriba o abajo. Se ha generado en más de la mitad de la población la esperanza del cambio, a partir de la convicción que se puede. En definitiva, después de muchísimos años de pasividad y resignación, los argentinos se han vuelto a comprometer y se están haciendo cargo de su futuro.

Columnista