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Opinión

El nuevo índice de inflación reveló la heterogeneidad de la economía argentina

Por Daniel Sticco


El último martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio un paso más en su plan de normalización de las estadísticas públicas, con la difusión de un índice ampliado de la inflación que ahora releva 320 mil precios en 39 aglomerados urbanos de todas las jurisdicciones, agrupados en seis grandes regiones, en contraste con dos áreas que forman una, como la Ciudad de Buenos Aires y los principales aglomerados urbanos de la provincia, y "sólo" 90 mil precios. Constituye así una muestra "sin precedentes en la República Argentina", dijo el director del organismo, Jorge Todesca.

Para sorpresa de muchos, las variaciones del índice general, tanto del último mes como incluso del semestre (la estadística no permite ir más atrás), no difirieron en mucho de lo que arrojó el índice habitual para el área metropolitana del Gran Buenos Aires, donde se suponía que pesaban más los ajustes discrecionales de las tarifas de los servicios públicos y también la estacionalidad de los servicios del turismo, por tanto, debería haber sido notablemente menor.

Parte de esa reducida brecha se puede atribuir a la elevada ponderación en el agregado nacional del área formada por la Ciudad Autónoma y los grandes aglomerados urbanos de la provincia de Buenos Aires, 44,7%, que se excluyen del área pampeana.

El IPC tradicional, para el área de Gran Buenos Aires, aumentó 1,4% en junio, una décima más que lo esperado por el consenso de las consultoras privadas, y 12% en los primeros seis meses. Mientras que el nuevo índice nacional sólo subió dos décimas de puntos porcentuales, menos en junio y casualmente también dos décimas menos en el acumulado desde enero inclusive.

De este modo, antes de que emergieran las variaciones del nuevo índice y, en particular, de sus componentes y sus regiones, quedaron desactivadas las posibles críticas de que venía a tapar las dificultades que tiene el Banco Central de la República Argentina para alcanzar su meta techo de inflación de 17% acumulada a diciembre próximo, sobre la base de que en el interior no incidiría con la misma preponderancia la actualización de los cuadros tarifarios de los servicios públicos.


Por el contrario, la apertura de los factores que impulsan la inflación: los productos y los servicios estacionales; los administrados o los regulados; y el resto que se denomina núcleo, donde gravitan las expectativas que surgen de la política monetaria y fiscal y factores externos, demostró que en el interior del país el encarecimiento de los precios y las tarifas que requieren de la autorización del Gobierno se verificó notablemente más en el noroeste, Cuyo y región patagónica, que en conjunto representan poco menos de un quinto del índice, que en el área metropolitana de Buenos Aires.


De ahí que seguramente no ofrecerá resistencia la decisión de Hacienda y del Banco Central de tomar las variaciones conocidas del IPC nacional, no sólo como parámetro de desvío de las metas presupuestarias de los próximos años y de inflación, sino también para la actualización del coeficiente de estabilización de referencia (CER) y de la unidad del valor actualizado de la vivienda (UVA).

Enormes brechas en el interior de los índices

En los parciales de los grandes rubros en que se desagrega el nuevo índice de precios nacional por regiones, los datos difundidos por el Indec dieron cuenta de brechas muy superiores a las dos décimas de puntos porcentuales que acusó respecto a la variación del índice general del Gran Buenos Aires, comprende a la Capital Federal y los principales aglomerados urbanos; incluso de los 0,6 puntos porcentuales que fue la máxima diferencia hacia bajo con la región pampeana y de 0,9 puntos porcentuales más alto que midió para la región del noroeste, el nivel general.

Así, en el semestre, las variaciones extremas de precios por rubro y por región fueron:

* Alimentos y bebidas no alcohólicas: GBA, 11,8% y región patagónica, 7,9%;

* Bebidas alcohólicas y tabaco: noreste, 14,3% y noroeste, 11,6%;

* Prendas de vestir y calzado: región pampeana, 12% y Cuyo, 5,8%;

* Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles: noroeste, 36,4% y región pampeana, 18,6%;

* Equipamiento y mantenimiento del hogar: región patagónica, 7,8% y noroeste, 6,5%;

* Salud: noreste, 14,5% y GBA, 11,2%;

* Transporte: Cuyo, 11,9% y GBA, 6,5%;

* Comunicaciones: noroeste, 21,8% y región patagónica, 16,3%;

* Recreación y cultura: región patagónica, 15,3% y pampeana, 9,9%;

* Educación: noroeste, 33,4% y GBA, 19,4%;

* Restaurantes y hoteles: noreste, 14,7% y Cuyo, 8,7%;

* Otros bienes y servicios: noreste, 12,9% y noroeste, 8,5%.

Del listado previo se desprende que el área metropolitana de Buenos Aires sólo lideró la inflación en el segmento de los alimentos y las bebidas, mientras que en el resto se repartieron el podio las regiones con menores índices de densidad demográfica y, en particular, de generación de riqueza, como las del noroeste argentino y el noreste argentino.

Semejantes disparidades no hicieron más que reflejar la heterogeneidad de la economía en la Argentina, que va más allá de las enormes diferencias en materia de recursos naturales de cada región.


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