Newsletter Semanal equipo bulat

Opinión

El país que asoma sobre el fracaso colectivo

Por Fernando González


Hay un país diferente que sobrevive a la inflación, a la pobreza y a la corrupción sistemática. Tiene menos impacto en las audiencias mediáticas y camina agazapado entre las vidas de la gente común. Son datos de una Argentina que no necesita de dirigentes políticos que los promuevan desde la estructura del Estado ni tampoco de jueces que hagan la vista gorda para protegerlos en el error. Pero pueden aparecer, perfectamente, en la celebración de la Navidad y mostrar de vez en cuando que no todo está perdido.


Algunas imágenes de esa Argentina resiliente se pudieron observar en la madrugada del 25 de diciembre. En las guardias de los hospitales de la ciudad de Buenos Aires los médicos debieron atender a 31 heridos por pirotecnia. La cifra representa a un tercio de los atendidos el año pasado. Y exhibe un fenómeno que se comenzó a advertir en los días previos a la Nochebuena. Hubo una intensa campaña previa para convencer a la sociedad sobre los efectos dañinos de los petardos, las cañitas voladoras y del resto de las novedades que conforman el universo de los fuegos de artificio. No era la primera que se hacía pero seguramente fue la más intensa y focalizada.


Algunas celebridades participaron activamente de esa publicidad. Ricardo Darín, el actor más prestigioso del país, encabezó una campaña en twitter. Y al cantante Abel Pintos le bastaron 55 segundos de un video con palabras simples para explicar el daño que la pirotecnia les causa a las personas con autismo. La popularidad de ellos dos y de algunos otros personajes fue suficiente para viralizar el mensaje y lograr que se redujera una práctica que molesta a muchos, que hiere a los animales y que, fundamentalmente, cada año provoca heridas, amputaciones y muertes entre quienes insisten en elegir a la pirotecnia como diversión.


Claro que el retroceso de los fuegos artificiales no es la única señal anticíclica del país adolescente. Clarín reconstruye en la edición de hoy algunas de las historias de personas discapacitadas que recobraron habilidades gracias al proyecto de un emprendedor de 22 años. Gino Tubaro ya es mucho más que el joven universitario que ensayaba modelos de prótesis en 3D. Hoy es el fenómeno argentino que distribuyó 102 de sus diseños en 80 ciudades de la Argentina.


En Bahía Blanca, en Tucumán o en Mendoza hay argentinos con problemas de motricidad causados por un accidente o una malformación congénita que recuperan parte de sus vidas gracias a la iniciativa de Tubaro y de su equipo de trabajo. El proyecto Argentinatón se extiende por toda la geografía del país montado en el fenómeno comunicacional de las redes sociales y lleva un alivio enorme a quienes tienen dificultades en forma absolutamente gratuita.


Que menos personas resulten heridas o muertas durante ciertos festejos desenfrenados de las fiestas de fin de año no termina con los problemas de la Argentina. O que algunos ciudadanos reciban gratis una prótesis que les ayude a enfrentar con mayor facilidad sus dificultades físicas tampoco resuelven los dramas de la recesión económica y la pobreza extrema. Pero son señales que iluminan las marcas de un camino. Hay un país que no se deja vencer por las adversidades y asoma rebelde por sobre el error y la dificultad que generan todas estas décadas de fracasos colectivos. Esa sola certidumbre alcanza para atravesar esta Navidad con música de esperanza.

*Artículo publicado en Clarín

Columnista