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Opinión

El paradigma de las certezas

Vivir en el paradigma de las certezas supone entender con claridad todas las cosas que ocurren durante todo el tiempo. 

Es muy común distinguir esta forma de vida en aquellas personas que permanentemente están en estado de alerta. Se exigen y necesitan tener permanentemente controladas todas las situaciones. Exigencia y necesidad conforman un círculo vicioso del que si no se distingue no se puede salir. 

Me exijo saber cómo van a ser las cosas porque lo necesito, como lo necesito, me lo exijo. Esto conlleva a vivir en un permanente estado de alerta. Necesito para “funcionar” saber: 

-Como van a comportarse las demás personas,
-Saber lo que va a pasar cuando no se encuentra presente,
-Con la mayor exactitud posible lo que va a pasar en el futuro. 


Este modo de presentarse a la sociedad denota escasez de confianza, y es posible que vivir bajo este paradigma refleje en ocasiones carecer de respeto por el otro, pues no es un legítimo otro sino alguien previsible del que tengo absoluto control en sus comportamientos. 

El modo control en el paradigma de las certezas no reconoce la diversidad entre las personas: de estilos, de valores, de modelos mentales y de creencias. 

Por lo tanto no estamos hablando de confianza, sino de la ilusión de tenerlo todo controlado para que las cosas sean como yo lo he concebido generando la ilusión de estar transitando terreno conocido: “Las cosas son así, y que sean así me da seguridad”. 

Como la seguridad proviene de la ilusión de la certeza, ya no concibo ni permito que sean de otra manera. Necesito estar en permanente modo de control, para que no ocurra algo distinto a lo que espero.

El paradigma de las certezas presupone vivir bajo un “modo control”. 

Por lo tanto, como no confío pienso de esta manera:

-“Si no hago esta tarea yo, nadie la va a hacer como yo”
-“Si no les digo como son las cosas, las van a hacer distinto”

…Y las palabras no son inocentes, por lo tanto crean realidad. No soy mago, pero por lo que observo en los distintos contextos en donde me desenvuelvo profesionalmente efectivamente serán así. 

Al creer que tenemos las certezas de todas las cosas, desde este paradigma también sabemos cómo son las demás personas: que piensan, que sienten, que emociones están viviendo, que van a decir, que van a hacer, que resultados van a obtener. “Esta persona es así, así que ya sé que se comportará de esta manera”

Las personas conocemos al mundo a través de nuestros sentidos. Los sentidos son las puertas de entrada para conocer fragmentos de la realidad.  A través de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, el mundo ingresa en nosotros y lo interpretamos. Pero el mundo es mucho más rico que nuestra propia interpretación de él.

Supongamos que en la parte de nuestro cerebro, tenemos la “paleta de colores” que permiten reconocer los colores que hay allá afuera, en el mundo y captamos a través de la vista. 

Es muy probable que la cantidad de colores que podamos ver, dada nuestra paleta de colores interna, sea inferior a la de los colores que realmente existen en el mundo. Desde esta premisa vemos los colores que solo somos capaces de reconocer en nuestra propia paleta.

Si miramos la realidad como si fuera una película continua, nuestra capacidad de distinguir se vinculará con los cortes que hagamos de acuerdo a lo que consideramos importante y a la porción que tomemos de un espectro determinado. 

Estos cortes del continuo serán condicionados por aspectos culturales, biológicos y por las habilidades que fuimos desarrollando.

Imaginemos una persona está llorando porque le ocurrió una determinada situación desagradable. Esa persona nos dice que se siente “muy triste”, y nosotros lo entendemos, lo consolamos. Ahora bien, ¿tenemos la capacidad de distinguir exactamente como es su tristeza? 

Es probable que podamos interpretarla, pero jamás conocerla. No tenemos la capacidad para sentir exactamente lo que el otro siente, por lo tanto la interpretamos desde nuestra propia paleta emocional. 

Que vamos a una reunión con otras personas y al regresar de la misma tenemos que contar como estuvo ese evento. Es posible que dos personas distintas cuenten cosas distintas, interpreten los acontecimientos desde su propia forma particular. Incluso encontrarán diferencias entre lo que observaron, escucharon y sintieron.

Las personas al observar los acontecimientos que ocurren en el mundo, relacionan cada acontecimiento con su propio sistema de creencias, influenciado por sus hechos vividos en el pasado, con historias, experiencias, familia, amigos, cultura, neurología, conversaciones, estados de ánimo, y demás.     

El paradigma de la incertidumbre 

El paradigma de la incertidumbre reconoce que somos interpretadores de acuerdo a nuestros propios modelos mentales o a la personal paleta de colores interior. Este paradigma distingue que no se puede tener controlado todas las cosas todo el tiempo, por lo tanto parte de la premisa de la confianza y el respeto a la diversidad. 

Esto significa que si bien dentro de cada organización (comercial, industrial, familiar, cultural, académica, regional, nacional) existen normas de convivencia, cada persona es distinta a la otra en sus creencias, pensamientos, valores, “paleta de colores interna” y “lentes” para ver el mundo. 

Desde esta mirada sería absurdo plantear que nuestra capacidad sensorial me permite distinguir exactamente todo lo que está en el contexto que me rodea. Por lo tanto es imposible que lo controle. 

El paradigma de la incertidumbre esboza que no se puede tener controlado absolutamente todo en forma permanente, aunque tampoco presupone la liberación total. 

Existe consenso en que los controles en las organizaciones son necesarios, aunque concretos y puntuales. Los que son responsables de que las cosas sucedan, necesitan procedimientos de control en ciertos temas sobre los cuales asumieron determinada responsabilidad y necesitan rendir cuentas. 

Estos controles puntuales incluyen también, solos o entre otros, el otorgamiento de la confianza a personas que ocupan ciertos roles, de los cuales se tiene última responsabilidad. 

Suena hasta gracioso escuchar conversaciones con empresarios que solo pueden crecer en proyectos en función a la cantidad de hijos/hijas que tienen.  Si tiene cuatro hijos, está preparado para abrir solo hasta cuatro sucursales o cuatro unidades de negocios.

Trabajar en beneficio de facilitar contextos de confianza pasa a ser una clave fundamental no solo para crecer sino para desarrollarnos humana, profesional, siendo artífices en la transformación de la sociedad en donde vivimos. 

El paradigma de la incertidumbre

“Yo estoy siendo de una determinada manera, y desde allí estoy interpretando a la realidad. Tengo muchos espacios de ceguera cognitiva acerca de ella. No conozco la realidad, sino que tengo incertidumbre. Es por eso que necesito abrir un espacio de confianza con las demás personas para poder arribar a resultados”. 
 
Distinguir que somos constructos permanentes habilita posibilidades para el desarrollo, incluso crea contexto para alcanzar potencialidades aún no descubiertas. “Trata a una persona como parece que es y seguirá siendo como siempre ha sido. Trata a una persona como puede llegar a ser y se convertirá en quién realmente es” (V. Goethe). 

Definiciones


El paradigma de las certezas nos hace esclavos de nuestros propios pensamientos, y necesidad permanente de que las cosas sigan siendo de la forma en que las conozco. 

Estar en modo control permanente atado a una determinada forma de la realidad, o descubrir que vivimos en un mundo de incertidumbre, y elegir cada día desde la libertad, en contextos de confianza. 

La elección del paradigma es una gran apuesta. 

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Columnista