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Opinión

El poder femenino en la historia de Macri

Por Fernando González

No es sólo una cábala de Jaime Durán Barba. Pero es cierto que el chamán ecuatoriano acertó cuando le dijo a Mauricio Macri que las mujeres ablandaban su historia de macho conservador. Por eso, en 2007 arriesgó llevando a Gabriela Michetti como su compañera de fórmula para el gobierno porteño. Ella contaba entonces con cuatro años de experiencia como legisladora porteña y su discapacidad motriz, producto de un accidente automovilístico, lejos de ser un impedimento se convirtió en una señal de auténtica fortaleza.

El factor femenino volvió a ser determinante en 2011. Esta vez fue María Eugenia Vidal quien lo acompañó en la fórmula porteña con la que Macri consiguió su reelección. La joven ministra de Desarrollo Social le aportó frescura y una mirada más keynesiana sobre las urgencias de la Ciudad. La tendencia se consolidó cuatro años después, cuando fue por la presidencia. La elegida volvió a ser Michetti y la dupla del PRO venció en las PASO de Cambiemos; perdió por tres puntos escasos en las elecciones generales y terminó derrotando a Daniel Scioli en un ballotage bastante ajustado para llegar finalmente a la Casa Rosada.

Ahora todo eso es historia. Macri enfrenta el desafío enorme de su reelección con el cóctel de dólar inestable e inflación demasiado alta que le ha puesto un corsé extremadamente recesivo a la economía. Con la imagen presidencial por el piso, los focus groups del laboratorio macrista señalan que el Presidente debería volver a elegir a una mujer como compañera de fórmula. Los vientos de este tiempo agitan como nunca las banderas de los derechos femeninos. Y la necesidad política indica que esa candidata debería venir de la UCR o del peronismo para ampliar la base de sustentación electoral.

No es casualidad entonces que el Presidente y su equipo de campaña que lidera Marcos Peña estén evaluando a tres mujeres de origen radical para fortalecer la oferta de Cambiemos. La economista y vicegobernadora de Mendoza, Laura Montero, hace tiempo que es observada positivamente desde el Gobierno. Y también ha conseguido captar la atención la senadora mendocina Pamela Verasay, que aún no cumplió los 40 años. Y, sobre todo, quien impactó por su defensa de la gestión oficialista fue la diputada bonaerense Karina Banfi. “Cambiemos somos nosotros”, fue el grito de guerra de la legisladora durante la Convención Nacional de la UCR en Parque Norte. La versión youtube de esos ocho minutos de discurso vibrante se multiplicaron en las computadoras de los funcionarios y la convirtieron en una seria aspirante a acompañar el intento de Macri.

Las mujeres serán decisivas en esta elección tremendamente dificultosa y deben aportarle ese plus que le falta al Presidente. Por eso es que Elisa Carrió ha decidido mantenerse en silencio durante estos días de definición y apoyará las alianzas y la conformación de la fórmula que defina Macri. Es un aporte que asegura la continuidad de Cambiemos.

Pero será Vidal la mujer que cargue con la mochila más pesada. La Gobernadora le pondrá el cuerpo a la campaña para que su reelección le devuelva al Presidente el optimismo y el respaldo que más necesita. Como sucedió en 2015, ella tendrá que poner en juego el poder de su imagen (la más positiva entre la de todos los dirigentes de la Argentina) para conseguir los votos del Gran Buenos Aires. Es la zona donde los padecimientos económicos siguen siendo el mayor obstáculo. El desierto que Macri debe atravesar mientras insiste en caminar por la cornisa.

Columnista