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"La lotería de Babilonia", de Jorge Luis Borges
En Babilonia tenían una lotería bastante similar a la nuestra. Tú participabas y si tenías suerte, obtenías un premio. Los babilonios estaban entusiasmados. Imaginate que todas las semanas fuese la lotería de Navidad. Una locura. Pero con el paso del tiempo se cansaron de ella y dejaron de jugar, así que la empresa organizadora empezó a perder dinero. 

A los de marketing se les ocurrió meterle un poco de riesgo al asunto y decidieron que por cada 30 premios habría un premio “negativo”, que significaba -para el implicado- el pago de una fuerte suma de dinero que, de no ser saldada, le acarreaba al desafortunado crueles castigos físicos. 

Este riesgo añadido despertó de nuevo el interés del público. Se puso muy de moda, tanto que los que no jugaban eran mirados mal. Tal era la importancia de esta lotería que acarreó importantes disturbios, así que se decidió que fuese secreta, gratuita y general. Todos participaban y los premios eran intransferibles. Si te tocaba un castigo físico, no podías pagar a alguien para que lo recibiese por ti.

Quedó abolida la venta mercenaria de suertes. Todo hombre libre automáticamente participaba en los sorteos sagrados, que se efectuaban en los laberintos del dios cada sesenta noches y que determinaban su destino hasta el otro ejercicio. Las consecuencias eran incalculables. Una jugada feliz podía motivar su elevación al concilio de magos o la prisión de un enemigo (notorio o íntimo) 

Con el paso de los años, el funcionamiento se fue perfeccionando y la gente jugaba (eso sí, por obligación) sin preocuparse sobre sus reglas, quiénes eran los ganadores y cuáles eran los nuevos premios y castigos introducidos.

Ese funcionamiento silencioso, comparable al de Dios, provoca toda suerte de conjeturas. Alguna, que hace ya siglos que no existe, la Compañía y otras que es la que vivimos día a día en muchos lugares del mundo. 

Como ves, esta lotería es la vida misma. Un político, un burócrata, un regulador o un delincuente pueden decidir tu suerte. Una decisión de un tipo que jamás asumió un riesgo con su capital o el de su familia, hoy define si cobras o pones, dejando en tela de juicio tu educación y la que le quieres dar a tus hijos, si vale más el esfuerzo o solo tener un buen contacto con los que definen.

Hoy muchos juegan a la lotería de Navidad pero todos jugamos a la de Babilonia.

*Gracias a cada uno de los que se toma el trabajo de leerlo, comentarlo y cuestionarlo, fue muy útil para para compartir esto con mis amigos de Internet)
*Gracias Carlos López de Euribor por el recuerdo del cuento de Borges.

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