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Opinión

En el largo plazo: tarifas, inflación o deuda

​En la última semana se conocieron los aumentos en distintos servicios públicos y esto despertó polémica debido a que, lógicamente, a nadie le gusta pagar más que lo que venía pagando. Ahora bien, ¿era lógica la situación anterior? La idea de esta columna es analizar los distintos aspectos relevantes en la decisión tomada.


Las tarifas son un precio más de la economía, más allá del rol que se le pueda asignar. Así, todo proceso inflacionario, entendido este como uno en donde se da un aumento sostenido y generalizado de los precios, incluirá a los costos que intervienen en el nivel de las tarifas. Es decir, la inflación refleja que los precios de los servicios públicos sean mayores. Esto sería así si el mercado de servicios públicos alcanzara un precio en base a las dinámicas de la oferta y la demanda. Sin embargo, las tarifas han sido ampliamente reguladas vía la imposición de precios máximos y esto siempre genera distorsiones que, más allá de que pudieran ser justificadas, implican un costo en términos de bienestar social.

En primera instancia, un precio máximo es menor al que veríamos de no haber intervención. Es decir, es menor al de equilibrio. Entonces, la demanda aumenta y la oferta se reduce, lo que genera un fuerte exceso de demanda. Además, como el precio fijado arbitrariamente fue cada vez más distante del que ordenaría el mercado ya que el proceso inflacionario continuó mientras que las tarifas estuvieron pisadas, desde el Estado se le transfieren recursos para que puedan ofrecer una mayor cantidad a ese precio pero sin incurrir en pérdidas. Es decir, el Estado transfiere dinero que nosotros generamos para que el precio efectivo no sea mayor. En definitiva, el precio del servicio público es mayor al que se nos cobra cuando se provee, solo que nos lo cobran en partes.

Este análisis aplica para cualquier servicio público: Transporte, electricidad, gas, agua o telefonía. Veamos la electricidad o transporte, en donde el servicio es pésimo actualmente, con grandes cantidades de personas queriendo utilizarlo al mismo tiempo que hacen colapsar la infraestructura existente, debido a esto que se mencionaba anteriormente, el precio bajo impulsa a la demanda mientras que desincentiva a la oferta. Si bien todos nos damos cuenta de lo frágil del actual sistema de *inserte aquí el servicio público que desee”, esto tuvo un costo: En 2015, exclusivamente los subsidios a la energía, gas y transporte alcanzó los $245.000 millones, 28 veces más que en 2006, tan solo por dar un ejemplo. 

Otro punto clave en esta medida es el federalismo. La mayor parte del ajuste en la tarifa se dio en el Área Metropolitana de Buenos Aires. En esta zona, los precios venían estando muy por debajo de lo que se registraba en el resto del país, siendo totalmente regresivo desde el punto de vista de la distribución de ingresos, más cuando esto era a costa de los impuestos que pagaban desde las demás provincias.

Por último, la reducción de las erogaciones fiscales sigue una lógica de mejora a largo plazo ya que el exceso de gasto público por sobre los ingresos del fisco deben ser financiados de alguna manera, ya sea emisión o deuda. La primera genera, en alguna medida, pérdida de poder adquisitivo mientras que, la segunda, genera una necesidad posterior de superávit fiscal, es decir, de patear el problema para adelante. Así, la decisión no era si subir o no las tarifas, sino que la decisión era entre subir las tarifas, tener inflación o endeudarnos más. Ninguna de las tres opciones parece deseable, pero hay que entender que la situación en la que el Kirchnerismo dejó el país planteó estas opciones y no es que fueron buscadas por el actual gobierno.

En síntesis, las tarifas ya aumentaron o se sabe que lo harán. Lo negativo es que esto impactará en nuestros bolsillos (aunque menos en el caso de los beneficiarios de tarifa social) y será instantáneo. Lo positivo es que se eligió el camino por el cual, en el largo plazo y si las tarifas dejan de estar tan atrasadas, tendremos un componente menos de presión sobre precios y menor endeudamiento. Es decir, nuestra economía diaria estará mejor. Mientras tanto, tenemos que entender que lo que nosotros no pagamos por que está siendo subsidiado sí lo pagamos indirectamente. Además, el precio del colectivo se multiplicó por 4 en 12 años. ¿Cuántos precios tuvieron esa misma evolución? Solo con esa respuesta, se puede resumir la columna que acabás de leer.

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