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Opinión

Hamlet en clave de género policial

Por Alejandro Fidias Fabri

Días atrás estaba viendo por Netflix una entretenida serie policial islandesa titulada Trapped. De pronto, en el Capítulo 5 de la Temporada 2, aparece una escena que transcurre en un cementerio en donde hay un sepulturero cavando una fosa mientras conversa con otro sepulturero que sostiene una pala y está parado afuera de la fosa. Esta escena es exactamente igual a una que ocurre en la obra Hamlet. Es sabido que este recurso literario de intertextualidad es bastante utilizado, y que implica aludir en un texto a otro texto madre. Y dado que no está explicitado, cumple su efecto solo cuando el lector conoce el texto del cual deriva la alusión. Esta situación me llevó a pensar a Hamlet como una obra de género policial avant la lettre.

​Es así que empecé a armar en mi cabeza un listado de los elementos que pueda tener en común Hamlet con los mecanismos y el tipo de discurso propios del género policial moderno. Lo que en teoría literaria se conoce como architextualidad.

Bien. Los ingredientes básicos están dados: el rey Hamlet de Dinamarca ha muerto; la aparición de su fantasma al príncipe Hamlet denunciando que fue asesinado; la indagatoria del príncipe a lo largo de la obra para develar este crimen y a su responsable; el móvil del crimen; el acompañamiento intelectual de Horacio, fiel amigo de Hamlet. Y para tranquilidad del lector, la obra finaliza con el esclarecimiento del crimen, la iluminación de las tinieblas que rodeaban a todas las acciones de la corte de Elsinor.

Y hay aquí un planteo filosófico: el acceso que tenemos los mortales a la realidad. Pareciera ser que lo que usualmente vemos son las apariencias y, el tener acceso a la realidad equivaldría a alcanzar la comprensión de todos los vínculos invisibles que subyacen a actos o cosas que en apariencia son independientes. Y esta es la tarea del criminólogo. Por ejemplo, el rey Hamlet murió es una acción, su hermano Claudio es el nuevo rey de Dinamarca es otra acción. Y la tarea del príncipe Hamlet como criminólogo es unir los puntos invisibles que conectan a ambas acciones, y de esta forma acceder a la verdad y a la realidad real. Para poner otro ejemplo, frente a la famosa calavera, donde todos vemos solo una simple calavera, el príncipe Hamlet ve a la persona Yorick con quien en su pasado tuvo un vínculo emocional, que lo llevó en hombros, que tenía un humor infinito y una imaginación delicada. El hecho de que Hamlet se ponga a hablar con la calavera implicaría que logra atravesar el mundo de las apariencias y acceder a otra realidad, un acceso que podríamos denominar sobrenatural.

Pero ¿cuál es el crimen que tiene que investigar? El príncipe Hamlet estaba consternado por la muerte de su padre el rey Hamlet. Pero esta muerte no nos es presentada como un asesinato urbano propio de la novela policial moderna sino con una forma literaria más propia de la antigüedad clásica. El recurso que utiliza Shakespeare es la aparición del fantasma del rey Hamlet quien le revela al príncipe Hamlet la manera en que fue asesinado y le señala a Claudio como responsable de dicho crimen. Hay una suerte de garantía de la verdad en el hecho de que la noticia le sea transmitido de manera sobrenatural (a través de un fantasma).

Ahora bien, Hamlet como detective es una persona que ha superado el existir en un mundo desarticulado, rodeado de elementos dispersos, para bregar por el acceso a la totalidad, a la realidad real. La escena en la que arroja al piso con furia su valija es una suerte de metáfora de lo que hoy podríamos denominar el sacarse la mochila, el romper con las estructuras tradicionales que lo aprisionaron para ir en búsqueda de la verdad. Y entra en juego otro aspecto de la novela policial moderna: el detective, poseedor de una mirada que alcanza a la realidad total, no adhiere totalmente a la legalidad, piensa que la búsqueda de la verdad en algunas circunstancias pueda negar lo legal. La verdad legal muchas veces puede no coincidir con la verdad. Y de allí surgirán sus métodos de indagación. Y este pensar lo exterioriza en el famoso soliloquio “ser o no ser”, cuando se hace la pregunta: “…para qué soportar […] la demora de la justicia…”.

Pero esta es una tarea que no puede realizar en soledad. Aquí aparece el arquetípico alter ego encarnado por Horacio. Horacio, fiel amigo y confidente del príncipe Hamlet, viene a cumplir el papel del Watson de Sherlock Holmes. La cadena investigativa y todas las deducciones que construye la mente de Hamlet tienen que ser informadas a la audiencia. Y son sus diálogos y la exposición de sus estrategias las que nos habilitan a conocer sus sospechas, su evolución intelectual y emocional, y su plan.

Otro componente propio de la novela policial moderna es el ejercicio lúdico de la profesión del detective, y Hamlet hace uso del mismo. Hay una elegancia en el procedimiento de Hamlet de montar en Elsinor una obra de teatro titulada La Ratonera que evoca hechos de la muerte de su padre y que entiende que dejará expuesto a su tío como responsable del crimen. La Ratonera es la trampa en la cual pretende que caiga el rey Claudio.

Ya develada la verdad, en la escena final, Hamlet moribundo le pide a Horacio que le cuente al mundo todo lo que pasó y porqué él hizo lo que hizo. Esta escena viene a cubrir la falencia de que los detectives de la novela policial moderna suelen no morir. Los dichos del príncipe Hamlet compensan esta deficiencia: su muerte corporal es trascendida por la verdad que porta la narración de aquellos que lo sobreviven. Y aquí sí habrá una diferencia con la estructura de las series de Netflix: no hay lugar a una secuela.


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