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Opinión

Inflación, actividad y empleo

​El jueves pasado a la tarde, el Presidente del Banco Central presentó el programa monetario para los próximos años y aunque dijo una y otra vez que las expectativas del mercado veían una tasa de inflación en torno al 1,5% mensual en septiembre, debió contestar varias preguntas de cronistas preocupados por el impacto recesivo de sostener tanto tiempo una tasa de interés en el 38% anual, que es lo que paga la entidad por las colocaciones de corto plazo conocidas como Lebacs.


Pero en realidad el Banco Central sufre las consecuencias del sesgo cognitivo que le impide a mucha gente comprender el funcionamiento del interés compuesto, conduciéndolos a usar heurísticas de razonamiento; atajos que no son siempre apropiados. Que en las colocaciones de Lebacs se pague una tasa de 38% por colocaciones a 35 días, implica que en realidad se está negociando un interés del 2,7% mensual. ¿Verdad que suena muy distinto pensar que las tasas están en el 38% a pensar que están en el 2,7% mensual?

Ojo, 2,7% es un interés nominal obsceno, que solo se justifica porque hay un 3,3% de inflación mensual. Pero lo que realmente importa a los efectos de las decisiones económicas no es la tasa nominal sino el interés real y lo cierto es que mientras las tasas estén por debajo de la inflación, en realidad lejos de ser altas, resultan bajas.


PRODUCCION VERSUS ESPECULACION FINANCIERA


Al finalizar la conferencia de Sturzenegger, un periodista de C5N le preguntó si no le preocupaba que con tasas tan altas un empresario encuentre más interesante apostar a la ganancia financiera, en vez de contratar trabajadores para producir.


La pregunta ilustra la enorme confusión que hay entre tasas reales y nominales. Mientras la inflación sea más alta que la tasa siempre conviene producir en vez de colocar el dinero en el banco, porque para ponerlo en otras palabras más simples, se gana mucho más invirtiendo en latas de atún y paquetes de fideos, que se valorizan de acuerdo a la inflación, que en un depósito en Lebacs, que aun rindiendo el 2,7% mensual (38% anual) queda por detrás del resto de los precios. Y la manera más eficiente de conseguir esos productos alimenticios o cualquier otro bien cuyo precio crezca a la misma velocidad que la inflación, es produciéndolo.


De manera que las tasas reales negativas son en realidad un gran estímulo a la producción y un desincentivo a la actividad financiera.


PARA QUE BAJEN LAS TASAS TIENE QUE BAJAR LA INFLACION


Por esa razón es errado el foco en la tasa, porque su aparente alto valor, en realidad es la consecuencia de la inflación. En la medida que los precios de la economía corran más despacio, la tasa se va a pinchar concomitantemente y esto es fundamental para reactivar primero el consumo, y después la producción de las pequeñas y medianas empresas, que hoy emplean al 70% de la fuerza laboral.


Esto es así porque si bien las tasas reales para colocaciones financieras son negativas, las que se cargan en las líneas de créditos personales y en el financiamiento de las tarjetas de crédito, quedan prohibitivamente altas por culpa del peso de los costos administrativos que hacen que el verdadero costo financiero total (CFT) muchas veces duplique la tasa, encareciendo notablemente los créditos para el consumo.


Lo mismo sucede con los costos financieros de las Pymes informales que hoy descuentan cheques al 6% mensual, prácticamente el doble que la inflación, siendo este uno de los mayores costos que hoy están ahogando la actividad.


Tanto el costo financiero total de los préstamos personales al consumo, como el que deben afrontar las pequeñas empresas cae sin embargo de manera drástica cuando baja la inflación, porque se abarata mucho la tasa subyacente.


Por esta razón la mejor política de reactivación del consumo y de la actividad productiva de Pymes es bajar la inflación.


RECUPERAR LA ECONOMIA PARA CREAR EMPLEO


Una vez que empiece a crecer la economía subirá el empleo coyuntural. Este es un tema que amerita cierta explicación porque a juzgar por el debate reciente en torno a la ley anti despidos, hay mucha confusión al respecto.


Los economistas distinguimos entre tres tipos de desempleo que se producen por causas diferentes. El desempleo cíclico o coyuntural ocurre en las crisis como la que estamos atravesando hace cuatro años, porque el consumo se cae, no hay alternativa exportadora tampoco y entonces no tiene sentido producir más si no se puede vender lo fabricado. El desempleo estructural, en cambio, ocurre por ejemplo ante un shock tecnológico, porque la mano de obra no tiene las capacidades técnicas que requiere un puesto. Finalmente, el desempleo friccional se produce toda vez que la economía en su normal funcionamiento crea nuevos empleos en sectores que se expanden y los destruye en otros que se contraen, porque la demanda es fluctuante y la gente que hoy quiere celulares o aplicaciones, antes compraba en parripollos y alquilaba canchas de paddle.


En el corto plazo la mejora política para eliminar el desempleo coyuntural es que vuelva a crecer la economía. Una doble indemnización puede ser una buena idea por unos meses, pero genera a la larga el reemplazo del hombre por una máquina que sale más barata. Para evitar en lo sucesivo que el despido coyuntural sea un problema, necesitamos instrumentar un buen seguro de desempleo, para que el despido no genere una crisis de consumo, que profundice el problema.


* Publicado en la edición impresa del diario El Día

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