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Opinión

Inflación de dos cabezas

Suba de precios e inflación no siempre es lo mismo. En cualquier economía los precios de los bienes y servicios se mueven todo el tiempo. Esto se ve con más claridad en los mercados de commodities como el petróleo, el gas, la soja, el maíz o el niquel. Todos los días vemos publicado en los diarios cómo fluctuaron los precios de estos bienes. Sin embargo, la mayoría de los países del mundo no tienen inflación. La razón es que la inflación está relacionada con el valor del dinero del dinero y no con el de los bienes. Sin embargo, cambios muy bruscos y muy grandes de precios relativos de algunos productos pueden alterar momentáneamente la evolución de la canasta que se usa para medir los precios. 


Esto es particularmente importante en la actualidad económica argentina. 


Hoy en día convivimos con dos problemas: por un lado, la inflación pura y dura de dos dígitos que venimos arrastrando desde el 2007 y por otro, el efecto de sincerar algunos precios que estaban artificialmente reprimidos. Entre ellos estaban el del dólar, las tarifas de servicios públicos y los precios de algunos productos exportables como la carne, el maíz o el trigo que no sólo tenían fuertes restricciones a la exportación sino que además tenían la exportación restringida y por ello sus precios no reflejaban la realidad económica de producirlos. El sinceramiento de estos precios, naturalmente está provocando unos saltos en la inflación que asustan, pero que no serán persistentes.


La inflación de diciembre según nuestras mediciones fue de 3,5% mensual y en enero fue del 4%. Estas cifras están por encima de lo que venía observándose a lo largo de 2015. Sin embargo, casi todos los factores que provocaron dichas alzas son impactos puntuales causados por la salida del cepo, o la eliminación de retenciones. O sea, no son factores persistentes. De hecho, cuando se miran los datos semana a semana se observa que en enero la inflación semanal bajó substancialmente respecto de lo que sucedió en diciembre. La razón por la cual, enero terminó teniendo una inflación promedio más alta que diciembre es por el arrastre estadístico. Si bien aún no hay datos de febrero, sabemos que la inflación será alta porque el aumento de tarifas por sí sólo generará un incremento de precio de 2,5%. 


Estos fogonazos, seguirán apareciendo a medida que se vaya sincerando la inflación reprimida. De hecho, aún falta determinar qué sucederá con las tarifas de gas y de transporte. Se espera que la mayor parte de estos ajustes se den durante el primer semestre y eso implica que durante la primera mitad del año la inflación será más elevada.


Sin embargo, todavía no sabemos que sucede con la inflación subyacente, que es la que nos debe preocupar verdaderamente, porque es la que perdura. En este punto es dónde el problema se vuelve eminentemente monetario. 


Si el Banco Central imprime dinero que no es demandado, el exceso de oferta genera una caída en el valor del dinero y eso es inflación. Por lo pronto, el BCRA viene haciendo los deberes y sacando de circulación pesos a costa del aumento de la deuda y cierta suba en la tasa de interés que, afortunadamente viene bajando. Sin embargo, el impacto de esta política monetaria menos expansiva no se verá hasta el segundo semestre, porque existe cierto rezago entre que se ejecuta la política monetaria y se observan los resultados.


En este contexto, podemos esperar que la inflación continúe siendo alta en la primera mitad del año mientras se vaya sincerando la inflación reprimida. Para el segundo semestre, ya sin ajustes tan violentos de precios relativos, empezaría a tener efecto la política monetaria y por ello esperamos una reducción de la inflación que continuaría a lo largo de 2017, si el gobierno mantiene esta política de “austeridad monetaria”.

*Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de OJF

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