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Especial de la Semana

Innovar en educación

​Introducir novedades a la educación, proponerle ideas inéditas, acercarle renovadas perspectivas y experiencias que la desafíen no es sencillo. Si bien a todos nos cuesta el cambio porque implica dar un salto a lo que desconocemos, en el mundo educativo esto es aún más complicado. ¿Será porque el sistema es demasiado grande, tradicional, corporativo y burocrático? Es posible. También es posible porque, como explica la periodista Silvia Bacher en su libro “Navegar entre culturas: educación, comunicación y ciudadanía digital”, los cambios actuales se dan en procesos y prácticas culturales tan complejas como aceleradas y necesitan de toda nuestra capacidad para resolver las tensiones que atraviesan la escuela actual. 

¿Qué significa innovar en el contexto de la educación?

Innovar significa cambio, algo nuevo. Las innovaciones en educación son acciones que comienzan con una intuición sobre la necesidad u oportunidad de dar una mejor respuesta a la relación enseñanza - aprendizaje. Las innovaciones en educación son la ocasión para dar pasos hacia adelante a partir de lo ya conocido. Innovaciones educativas no son improvisaciones educativas o una moda que hay que seguir, requieren diagnóstico, diseño del pensamiento, contextualización, implementación y evaluación. Innovar se relaciona con romper paradigmas, estando dispuestos a articular de una manera superadora la realidad conocida. Innovar significa reaprender y redistribuir lo que hacemos y cómo lo hacemos. Finalmente, las innovaciones educativas nos ayudan a fijar un nuevo punto de partida hacia el futuro.

¿Por qué innovar?

Definitivamente no es innovar por que sí. La innovación en sí misma no dice mucho, es un puente hacia una situación distinta, por eso es importante entender el motivo profundo de las innovaciones que se presentan. Innovaciones hay de muchos tipos y formas: programáticas, curriculares, tecnológicas, híbridas, sistémicas, públicas, privadas, mixtas, con y sin fin de lucro, etc. Google solamente nos devuelve 407 mil resultados a esta búsqueda. Frente a esta dimensión es importante lograr algún tipo de valoración. En ese sentido algunos las clasifican según su diálogo con el contexto, otros, según su eficiencia en costos, su replicabilidad, su escalabilidad y la utilización de las nuevas tecnologías. Si bien estos criterios son importantes, es imprescindible tener una mirada más cercana sobre el impacto que tienen en la comunidad. Viajemos en el tiempo y utilicemos la ciencia ficción para una mezcla hipotética entre Paulo Freire y Seymour Papert a la que llamaremos FREPA (derechos de autor del concepto: Melina Furman y Axel Rivas). Un FREPA probablemente diría que se innova con el propósito de lograr una mejor situación de justicia social y educativa. Así, los FREPAs, son los emprendedores innovadores que buscan, desde distintos ámbitos, incidir en las transformaciones claves de la educación para avanzar en equidad y calidad. Sería interesante tamizar todas las innovaciones educativas en función de qué tan cerca o lejos están del concepto FREPA.

¿Cómo innovar?

Para innovar hay que entender el mundo educativo como es y cómo podría ser. La sociedad actual se muestra y proyecta en comunidades, atravesada por la tecnología e internet, y ubica al aprendizaje en redes informales donde la interdependencia es el nuevo valor construido. Dado esto, y asumiendo que el cambio tecnológico ya ocurrió, es esperable que las innovaciones educativas en esta era digital se enfoquen en brindar una educación personalizada, en oposición a la era industrial, en la que lo masivo y la serie eran el común denominador. Esa educación, a la vez de ser personalizada, se podría pensar en red. Cada vez más las redes de personas, organizaciones y movimientos empujan las fronteras (rompen las paredes) del conocimiento y co crean una inteligencia colectiva superadora que aplica a la sociedad su creciente talento digital.

¿Innovar en Argentina?

Dada la complejidad sistémica en la que nuestra educación se encuentra atascada, es claro que nuestro país necesita muchas innovaciones, especialmente aquellas a las que llamamos FREPAs. Las soñamos como oportunidades que desafíen la linealidad actual para lograr mayor profundidad y sentido en la educación de millones de chicos en geografías y condiciones diversas. Esto no se da solo ni tampoco sucede copiando a países como Finlandia o Canadá. Hay que actuar primero puertas adentro y preparar el terreno. Manuel Castells lo explica de esta manera: “La efectividad de los cambios tecnológicos está limitada por la existencia previa de cambios sociales que generen una cultura que facilite su adaptación”. Es decir que, antes de pensar en la tecnología tenemos que desarrollar el pensamiento tecnológico, y antes de eso, en la innovación, y antes de eso, en los cambios culturales y sociales necesarios. ¿Qué estamos haciendo entonces para preparar a las escuelas y sus sistemas antes de “bajar” las innovaciones y las tecnologías?

Tal vez la respuesta venga de la mano de dejar de pensar en sistemas educativos con modelos mentales fijos y pensar en ecosistemas con modelos mentales en crecimiento que tienen una visión más integral de las relaciones interdependientes entre los distintos actores y que comprenden el terreno que comparten. Estos ecosistemas son flexibles, adaptativos, equilibrados y aceptan los desafíos que los estimulan a aprender.

En conclusión, las innovaciones educativas deben perseguir un sentido transformador. No puede dejar de lado el contexto ni promover la masificación y el anonimato. Sí pueden y deben rescatar y destacar lo singular, sustancial y valioso que tiene cada persona en el proceso de aprendizaje. 

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