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Opinión

La Argentina cíclica: historia y efectos de los controles de precios

Por Santiago Bulat


1. Los inicios. En la Argentina las políticas de control de precios nacieron formalmente en 1939 como medida de excepción, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, ante la amenaza de alteración de los flujos de comercio internacional. La primera medida fue dictar una ley que reprimiera la especulación mediante precios máximos para artículos de primera necesidad. Sin embargo, la mayoría de los países que utilizó los controles de precios recurrió a ellos de manera excepcional, ante circunstancias bélicas o casos de emergencia, pero luego estos fueron abolidos.

2. Objetivos. A lo largo de nuestra historia los controles de precios se han incorporado de distintas formas y con diferentes objetivos. Entre los objetivos podemos señalar: redistribución de ingresos hacia los sectores de menos recursos, un objetivo de corte drástico de la inflación inercial, complementario de esfuerzos antiinflacionarios centrados en el terreno fiscal y monetario. Y, por último, la lisa y llana represión de la inflación, poniendo precios máximos o pisando la evolución del valor de otros.

3. Formas. Una investigación de FIEL destaca que entre 1967 y 1989 solamente hubo libertad total de precios durante el 10% del período. En el resto del tiempo podemos destacar diferentes categorías bajo las cuales se ha enmarcado este fenómeno: precios vigilados, es decir, la obligación de comunicar periódicamente las modificaciones de precios a las autoridades de aplicación; los concertados, donde el Estado y las empresas productoras y comercializadoras debían acordar previamente una eventual modificación; controlados, para los que se debía obtener la aprobación previa de la autoridad de aplicación antes de un aumento; máximos, donde el gobierno fijaba precios con topes para ciertos productos y, por último, los congelamientos transitorios y generalizados de los precios.

4. Casos, fecha a fecha. En nuestra historia podríamos destacar cuatro sucesos que tuvieron relevancia como política de precios. En primer lugar, en 1952 en medio del segundo Plan Quinquenal, cuando el alza de precios alcanzaba un 60% en términos anuales, se decidió establecer un plan económico donde se creó una Comisión Nacional de Precios y Salarios y se instauró un sistema de negociaciones salariales bianuales, a la vez que se contrajo el gasto del Estado. Así, la inflación bajó hasta el 4%. El segundo fue en 1967, cuando la inflación estaba cerca del 37% anual y se contrajo en los primeros años al 5%, fijando el tipo de cambio, estableciendo precios máximos y el congelamiento temporal de salarios. El tercer suceso fue en 1973, cuando la inflación se acercaba al 80% anual y descendió hasta niveles de 12%, luego de establecerse un programa de precios y salarios en la llamada Acta de Compromiso Nacional, que fue firmada por trabajadores, empresarios y el gobierno. Y, por último, el cuarto hecho fue en 1985 con el Plan Austral, en el cual se instaló una política monetaria dura sumada a un acuerdo de congelamiento de precios y salarios que logró reducir también la inflación. Todos los planes tuvieron algo en común: en el mediano o en el largo plazo, ninguno funcionó del todo. En el corto plazo, los acuerdos de precios son necesarios y tienen efectos positivos, pero lo cierto es que no lograron perdurar en el tiempo.

5. Desafío recurrente. La Argentina se encuentra nuevamente ante el desafío de reducir el nivel de inflación, que es un flagelo para cualquier economía. Los efectos de los acuerdos de precios y salarios son marcados y han dado resultado en el corto plazo con planes de estabilización, pero si la consistencia fiscal y monetaria no acompaña el proceso será imposible alcanzar el objetivo.


*Artículo publicado en La Nación

Columnista