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Opinión

La Ratonera del 2019

Por Alejandro Fidias Fabri


​Shakespeare utiliza en Hamlet el interesante artilugio de exponerle al rey Claudio la verdad de su crimen a través de una obra de teatro adentro de otra obra de teatro. Hamlet se enteró por el fantasma de su padre que Claudio, su tío, había envenenado a su padre, el rey. Así Claudio asumió el papel de rey de Dinamarca y a los dos meses del acontecimiento se casó con Gertrudis, la reina y viuda del hermano que asesinó. Para validar esta trágica verdad, Hamlet, hijo del rey muerto y de Gertrudis, promueve y guiona una obra de teatro en la cual se exhibe un crimen similar. Los gestos que exponga el rey Claudio como audiencia durante la exhibición de la obra corroborarán o no los dichos del fantasma de su padre. La obra se tituló “La Ratonera”, pues ese era el objetivo de Hamlet, hacer que Claudio entrara en una trampa para ratones. Y lo logró: Claudio, descubierto en su conciencia por esta ratonera, hace detener la obra y se retira. Fue una suerte de muñeca rusa delatora, una Mamushka detectivesca: adentro de la muñeca yacía otra muñeca igual que lo delataba en su crimen. Dentro de la obra “Hamlet” estaba la obra denunciante “La Ratonera”. Y al rey Claudio le resultó intolerable. Con ¨La Ratonera” comenzó a desencadenarse la tragedia.

¿Cómo articulamos esta Mamushka shakesperiana detectivesca con la realidad argentina del 2019? Bien. El año en curso es un año primordialmente eleccionario. Elegiremos presidente, gobernadores, etc. Ya están apareciendo los pocos que viven de la política -y del pueblo, los muchos- a exhibir el interés por dirigir y gestionar un supuesto Bien Común. También ya están hablando de desdoblar elecciones para favorecer posiciones políticas. Extraña salida para un gobierno que está permanentemente anoticiándonos de las economías personales que tenemos que hacer. A sabiendas que más actos electorales son más costos, más pedidos de préstamo al FMI. Aun así, cuando este mayor costo está destinado a perpetuar poderes políticos, pareciera no ser tan relevante. Podemos concluir que para un gobierno empresarial, los ciudadanos somos clientes cautivos. Y no nos queda otra que el ser aprovechados, y extraído nuestro excedente del consumidor.

Y aquí aparece nuestra Mamushka electoral, nuestro teatro adentro del teatro. Esperamos que un gobierno no se comporte como sabemos que nos comportamos todos, sino que proceda como sabemos que debiéramos proceder nosotros. Y ello no ocurre. Los gobiernos terminan siendo una reproducción ad nauseam de lo que somos nosotros. El teatro adentro del teatro reproduce como una Mamushka pauperizada nuestro egoísmo, nuestro sálvese quien pueda, nuestro arribismo, nuestra viveza criolla, nuestros crímenes, nuestra paupérrima comunidad. Es correcta la analogía: la Mamushka viene a representar la perpetuidad de lo mismo, la fertilidad. Y en nuestro caso perpetuará el fracaso comunitario, el seguir repitiendo la decadencia in aeternum, el teatro que reproduce al teatro de una mala obra.

¿Cómo salirse de la ratonera? La formula que todos conocemos es la del rey Claudio de Hamlet: aún a sabiendas de nuestra responsabilidad, el ofendernos, pararnos, y buscar una salida oscura y de interés propio. Ir a votar cuantas veces sea necesario y siempre votar por la persona que creemos que nos conviene a cada uno de manera tan individual como el voto. Del bien Común, ni hablar. Y no me molestará ir a votar las veces que sea requerido. 

Pero hay otras formas. Y aquí podemos también apoyarnos en un recurso teatral: en la Grecia clásica las tragedias, además de los hipócritas actores (una metáfora de los políticos) que simulaban ser lo que no eran, se contaba con un grupo de coreutas. Los coreutas eran ciudadanos elegidos -y beneficiados- que creaban el clima apropiado al momento de la obra (terror, felicidad, consternación, etc.). Y nuestra salida es no ejercer el papel de coreutas. Los coreutas eran simultáneamente víctimas y victimarios. Como victimarios, apoyaban a la tragedia. Como víctimas, eran afectados por esa misma tragedia que ayudaban a acontecer. Creaban el clima y eran víctimas de ese clima. 

Volviendo a Hamlet, no siento que una obra universal pueda ser espoileada, pero al final, Fortinbrass de Noruega conquista el Reino de Dinamarca. Las internas y las luchas intestinas de la familia de Dinamarca terminan por destruir la propia sangre y entregar el reino a intereses foráneos. ¿No será lo que hacemos continuamente desde nuestras onanísticas grietas internas?

Para cerrar, pienso que la vida está plagada de causalidades y casualidades. Hamlet será una de las primeras obras de la temporada 2019 del Teatro General San Martín. Quizá sea un llamado a que no seamos nuestra propia ratonera.

Columnista