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Opinión

La economía después de las elecciones

Por Orlando Ferreres

El sorprendente resultado de las elecciones del 25 tiene fuertes repercusiones en la economía, todas positivas. Suba de las acciones, aumento de los precios de los bonos, nueva  reducción del riesgo país, mejores expectativas dentro del ambiente empresario y en la población en general.

Esto no cambia el diagnóstico de la situación económica, que es bastante difícil de manejar, pues las actuales autoridades están dejando a la mayoría de las variables macroeconómicas en un nivel muy desequilibrado.

Pobreza en el 28.7 % de la población, después de 12 años de gozar del mayor viento de cola de la historia argentina. Fuertes subsidios a los precios de los servicios públicos que impactan mucho en el déficit fiscal. Aumento de los empleados públicos nacionales, provinciales y municipales que pasaron de 2.300.000 agentes en 2003 a 4.200.000 ahora, lo que es difícil de balancear a un número lógico, dado que el mayor aumento fue en las provincias y municipios. Jubilados y pensionados tanto en nación como en provincias, que pasaron de unos 4.200.000 en 2003 a casi 8.900.000 ahora, donde se incluyen muchos que nunca hicieron ningún aporte jubilatorio.

En las variables más sensibles tenemos un atraso cambiario más importante aún que al final de la convertibilidad, con un cepo cambiario que impide comprar las divisas deseadas en el mercado libre, por lo que se paga hasta un 70 % más caro en el mercado blue que en el mercado oficial. Esto significa que muchos esperan que la devaluación del mercado oficial sea mayor que esa cifra. El déficit fiscal más el déficit cuasi fiscal del BCRA llega al 8 % del PIB, mucho mayor que el 3,5 % del final de la convertibilidad, que no pudo ser financiado y explotó al entrar en default la deuda pública. De este default aún no hemos podido salir después de 13 años de negociaciones y estamos incluso en “desacato” con el sistema legal de Estados Unidos, donde se mueve el 40 % del mercado financiero internacional. 

Las reservas de oro y divisas se contabilizan en cerca de u$s 27.000 millones pero tienen mucho maquillaje incluido y el neto es muy reducido en tanto que los depósitos en pesos en el sistema argentino superan los $ 800 mil millones, lo que a 9,5 $/u$s oficiales significan un equivalente de casi u$s 90.000 millones, que será licuado en alguna medida.   

Los impuestos son altísimos y entre todas las jurisdicciones tenemos una presión tributaria de alrededor de 40 % del PIB, más el impuesto inflacionario y cierto endeudamiento cubren casi el 50 % de gasto público consolidado en relación al PIB.

La inflación es alta, ya que se ubica entre 25 % y 30 % anual, una cifra peligrosa, aunque menor que la del año pasado que fue de 40 % anual.

¿Qué hará el gobierno que gane el ballotage el 22 de noviembre? Las opciones son dos, gradualismo o shock. Es necesario aclarar que el gradualismo no podrá ser muy moderado, tipo el gobierno de la Alianza de 1999, el cual no enfrentó en toda su dimensión el problema que tenía la economía en ese momento, y no pudo resistir la continuidad de la caja de conversión a pesar de las drásticas e impopulares medidas que adoptó tarde y perdió el control de la gobernabilidad apenas dos años después de asumir. 

Puede haber una solución gradual, pero es bastante fuerte la magnitud de las variaciones que se van a requerir para corregir los principales desvíos de los indicadores económicos. Además, posteriormente se debe continuar con el rebalanceo de las variables cada año, lo que implica una realimentación significativa de la inflación en cada ejercicio. Esto sin disminuir mucho el nivel de pobreza actual, verdadero objetivo de cualquier gobierno con sensibilidad social. En 2019 se llegaría a una economía saneada, pero la pobreza no habría disminuido, lo que requiere mucha fuerza política para sostener ese programa gradual. El programa de shock no está en la mira de ambos contendientes en el ballotage.

La expectativa es muy buena pero los resultados tardan siempre un tiempo en llegar, unos dos años comunmente, aún con el mejor programa de ordenamiento, dado que la situación de arranque es muy comprometida. Un país que ha tenido una inflación promedio anual de 75,1 % contando desde 1944 a 2004 (para no entrar en la etapa de intervención del INDEC) tiene el defecto que no sabe esperar, que quiere resultados inmediatos, de corto plazo y eso es casi imposible de satisfacer.

El gobierno tendrá que explicar muy bien lo que va a realizar y así podrá contar con el apoyo de la población. Tenemos una agricultura que puede producir 160 millones de toneladas de granos cuando hoy produce alrededor de 100 millones de toneladas, tenemos la 2da reserva mundial de shale gas y la 4ta de shale oil, tenemos minería (oro y cobre) para crecer mucho más y tenemos una población muy preparada como para exportar servicios tecnológicos de alto valor agregado por u$s 7.000 millones como en 2014. Tenemos alimentos, energía, oro e inteligencia. Nos falta la institucionalidad adecuada para dar el gran salto hacia adelante, que es muy posible realizar.

Columnista