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Opinión

La inflación es la manifestación del miedo y egoísmo de una sociedad

Estamos ante inflación cuando existe un incremento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios con relación a una moneda, durante un período de tiempo determinado. 

Más allá si las causas se deben a una mayor demanda, al aumento de los costos o a cuestiones socio estructurales, lo cierto es que – en todos los casos – predomina una sensación de escasez: no hay productos o servicios suficientes para atender la demanda, por lo que aumentamos los precios; no existen recursos eficientes suficientes para atender la producción, por lo que suben los precios, y así gira el círculo vicioso cuya inercia se explica más por aspectos sociales que netamente de índole económicos.

Miedo y egoísmo

Si no existiera miedo no habría inflación o, al menos, no en los niveles a los que lamentablemente nos hemos acostumbrado en los últimos años. Como tememos que el dólar suba y nuestros ahorros se licúen, es que salimos a comprar la moneda extranjera para protegernos. Como tememos que un determinado producto aumente a fin de año y no podamos comprarlo, adelantamos nuestra compra para asegurarnos poder contar con él.

El miedo de lo que puede ocurrir nos hace reaccionar, y en esa reacción nos convertimos en la causa del efecto que tememos ya que es nuestra conducta – como sociedad – la que impulsa la inflación.

El egoísmo es, según la Real Academia, el inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás. El “yo” por sobre el “nosotros” es lo que no hace prosperar medidas como las que deseaba impulsar quien fuera la referente de los consumidores Lita de Lazzari cuando aconsejaba “si sube, no compre”. El miedo de pensar que algo va a subir de precio nos hace reaccionar de forma egoísta para protegernos, lo que provoca una profecía auto cumplida.

Si supiéramos que un producto va a permanecer durante 5 años sin aumentar de precio ¿iríamos a comprarlo antes, especularíamos o lo adquiriríamos solo cuando lo necesitáramos? Si esperáramos que el precio suba dentro de unos meses y nos uniéramos como sociedad para no comprarlo ¿aumentaría como temimos? 

Hay negocios cuyo desempeño se ve potenciado ante la potenciación del miedo y el egoísmo, ofreciendo protección, cobertura o aparentes beneficios que debemos saber aprovechar ahora porque mañana podría ser tarde o nos podría salir más caro.

Lo opuesto al miedo es la fé

Más allá de cualquier religión, el Gobierno Nacional parece ser consciente de que la inflación tiene más causas psicológicas y sociológicas que económicas por lo que se preocupa y ocupa por transmitir mensajes de fe, optimismo y esperanza a los empresarios, inversores y a la población en su conjunto cuan si fuera una vacuna que permita bajar las expectativas negativas sobre el futuro y reducir la grieta para unirnos como sociedad.

El miedo es la acción, el egoísmo es la manera en la que reaccionamos, y la inflación es la consecuencia económica de nuestros actos como consumidores.

Como si las matemáticas pudieran explicar todo, parece existir una relación en países con alta inflación directamente proporcional al miedo y egoísmo de la sociedad, por lo que la única forma en la que podrán superarla es si los gobiernos logran establecer la paz social, la unión y devolver la esperanza al pueblo que es a la vez sujeto y objeto de sus propias emociones y acciones. 

*Diego Pasjalidis, Director de la carrera de Ingeniería Industrial de Fundación UADE (Universidad Argentina de la Empresa)

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