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Opinión

La inflación está bajando pero aún no lo suficiente para el 2017

En este segundo semestre la inflación bajó sensiblemente. En la primera mitad del año, luego de la salida del “Cepo cambiario”, la eliminación de retenciones (excepto soja), de los registros de exportaciones y con algunos aumentos de tarifas, la inflación subió fuertemente. De hecho el aumento promedio de los precios en ese primer semestre fue de 4,4% mensual, según medición propia. En este segundo semestre la historia es otra. Según esperamos la inflación promedio se ubicaría más cerca de 1,5% mensual. De cumplirse, esta cifra, sería la inflación semestral más baja en 14 semestres (o 7 años). Aún así, el BCRA espera bajarla más para el 2017, pero hay que tener en cuenta que en el primer semestre de 2017 sería algo más complicado en materia de precios por los aumentos de tarifas y las paritarias.

La política anti-inflacionaria hoy está en manos del Banco Central. Esto sucede aquí en Argentina y en cualquier país serio del mundo: el encargado de controlar la inflación es el mismo que se encarga de controlar la cantidad de dinero. 

La idea es que cuando todos los precios suben, es porque lo que está perdiendo valor es el dinero. El dinero como todo bien tiene una oferta y una demanda. Si hay un exceso de oferta, el valor del dinero baja. El Banco central regula la oferta de dinero y, a través de ello, regula la inflación. Si hay deflación o altas chances de entrar en una, como en Europa, el Banco Central emite dinero para tratar de que suban los precios. Por el contrario, si hay inflación debería reducir la cantidad de dinero, o más bien, reducir el ritmo al que se emite dinero.

En Argentina, el Banco Central ha controlado la cantidad de dinero a través de las Lebacs. Todos los meses el BCRA emite estas letras (bono a corto plazo) por los que paga una tasa de interés. Cuánto más alta es la tasa de interés que ofrece el Banco, más gente quiere comprarlas y cuanto más gente compra las Lebacs, más dinero es retirado del mercado. En otras palabras, cuánto más alta es la tasa, más dinero se saca de la calle y más rápido se reduce la inflación. El problema, es que esto tiene ciertos efectos recesivos en el corto plazo, porque, naturalmente, se encarece el crédito. Pero siempre va a ser mejor enfrentar estos efectos recesivos de corto plazo que pagar los efectos recesivos de largo plazo que genera la inflación.

Por otra parte, si el banco central es creíble y comunica adecuadamente sus medidas y sus objetivos, se puede reducir el efecto recesivo de corto plazo que generan las políticas anti-inflacionarias. O sea, la coordinación de expectativas reduce el impacto recesivo, al punto que si la coordinación fuera perfecta, no habría efectos recesivos. Para entender esto lo mejor es un ejemplo. Para que la inflación pueda ser del 20%, por ejemplo, tiene que haber un 20% más de dinero en el mercado, de lo contrario, no habría dinero para realizar las transacciones, lo cual llevaría a menos ventas. Tarde o temprano la caída en las ventas provocaría una baja de precios y de esa manera, la inflación se alinea con el crecimiento en la cantidad de dinero. 

En parte, eso sucedió este año. Por eso, ahora el BCRA anuncia su objetivo de inflación para el 2017, que es de 17% como máximo y de 12% como mínimo. En el fondo lo que está diciendo, la entidad presidida por Sturzenneger, es que no va a dejar suficiente dinero en la economía como para que la inflación supere el 17%. Por lo tanto, si todos actuaran como si la inflación fuera a ser 17% no habría efectos recesivos.

Sin embargo, ni la política monetaria es tan precisa, ni las expectativas están tan coordinadas, ni esas son las únicas variables en juego. 

Lo cierto es que si bien entramos al 2017 con una inflación que lleva una “velocidad” de 20% anual, es posible que hechos como las paritarias del próximo año o los ajustes de tarifas que se esperan puedan provocar un leve ascenso de la inflación en la primera parte del 2017. Por esta razón, muchos economistas esperamos una inflación cercana al 20% para el año que viene, algo por encima de la meta del BCRA, pero no demasiado.

Esta diferencia entre el objetivo planteado oficial y la expectativa de mercado (que se releva a través del REM e informes privados) es lo que ha llevado a que las tasas de las Lebacs de 35 días ya no bajen. Pero tampoco van a subir porque, por un lado la diferencia no es muy grande y por otro, el mercado efectivamente espera una menor inflación, lo que se refleja en el hecho de que las tasas de interés en pesos a largo plazo son menores que a corto plazo.

En otras palabras, la inflación está bajando y le mercado espera que siga bajando, pero tal vez, no tanto como propone el BCRA.


* Por Fausto Spotorno, Director del Centro de Estudios Económicos de OJF

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