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Análisis Semanal

La matemática electoral favorecerá a Mauricio Macri

Por Agustín Etchebarne

En una reunión entre 27 economistas, hace unos meses, la gran mayoría creía que era muy difícil ganarle a la maquinaria peronista.  Aficionados a los números, sostenían que había un 50% de chances de que Scioli ganara en primera vuelta y un 50% que ganara en la segunda, lo cual le dejaba a Macri un magro 25% de probabilidades.

Los poquísimos que le veíamos más chances, lo decíamos tímidamente sabiendo que los optimistas solemos pasar por ingenuos.

Los  pesimistas repiten hasta el hartazgo frases hechas para hasta convertirlas en mitos. Por ejemplo: “Es imposible ganar al peronismo”. Por más que expliquemos que perdió contra Alfonsín o De la Rúa. Se dice que el peronismo tiene un piso de 30 o 35% solo por los planes sociales; o bien que “las grandes mayorías son peronistas”.

Pero la realidad es diferente. Analicemos los números:

Scioli recibió 9 millones de votos, 28,1% del padrón, Massa 5,2 millones (16,3%) y Rodríguez Saa (1,3%).  Es decir, 45,6% de personas votaron al peronismo. Pero según una encuesta de Libertad y Progreso, el 50% de los votantes de Massa provenían de personas que habían participado o apoyaban las marchas anti-K; y lo mismo ocurría  con el 12% de los votantes de Scioli porque consideran que “solo un peronista moderado puede defendernos de los peronistas más peligrosos”.  Es decir, la suma de todos los peronistas de derecha o izquierda no supera el 34%, un tercio. Cuando el peronismo gana es porque consigue que muchos no peronistas lo voten, generalmente por miedo a algo peor, la anarquía.

Borges dibujaba al peronismo como una hydra repugnante de siete cabezas. Así, cuando el electorado se percata de que está frente a un monstruo, este oculta su cabeza repelente  y pone la cara más agradable al electorado. El resto de la oligarquía peronista se recicla oculta en la larga “lista sábana”. De Menemistas pasan a ser Duhaldistas, Kirchneristas o “Sciolistas”. La fórmula resulta casi infalible. Pero solo “casi”. En este caso, creyeron que Aníbal Fernández podía entrar en la mitad de la larga lista sábana, por la dificultad del corte de boletas. Pero el contraste entre la frescura de la joven María Eugenia Vidal con el viejo experimentado miembro de la oligarquía, fue un sapo demasiado grande de tragar.

Otro gran mito peronista es que “solo el peronismo puede gobernar”. A pesar de que J.D. Perón, Cámpora, Isabel Perón, Puerta, Camaño, Rodríguez Saa y Duhalde, por diferentes motivos, no lograron terminar sus mandatos. Sostengo que en el caso que nos ocupa Scioli tendrá más problemas tanto para ganar en esta segunda vuelta como para gobernar si logra triunfar, porque tendrá al kirchnerismo en contra del ajuste.

Lo que viene:

Scioli sacó una diferencia de 619.632 sobre Macri (1,9% del padrón). Pero un acuerdo con Massa sería suficiente para que tal vez 2/3 de sus votantes se sumen a Cambiemos y el restante a Scioli. Esto daría vuelta la ventaja a 1.117.000 votos a favor de Macri. Los votos de la izquierda y de los progresistas suman 1.400.00 votos, pero se dividirán entre votos en blanco, de Scioli y algunos de Macri. Y finalmente los Rodríguez Saa han sido siempre anti-K.

 Para colmo, Scioli inició la campaña para la segunda vuelta con una mezcla de desaliento y malhumor, tratando de aferrarse a lo más recalcitrante del kirchnerismo, con Zannini a su lado. Pero ni Cristina, ni Kicillof, lo acompañaron en la derrota, y a Aníbal mejor ocultarlo. Lo más duro del kirchnerismo lo desprecia pero no se anima a separarse y así enfrenta una situación imposible.

Del otro lado, Macri se presenta como el ganador que logra sacar más votos de los que la gente creía. Y su discurso para la segunda vuelta se inicia de la mejor manera, con sencillez, humildad y convocando a la unión de los argentinos. Puede entusiasmar a muchos desalentados, incluso algunos del 24% que o bien no votaron o votaron en blanco o anularon su voto. Si lograra que uno de cada 10 de estos se acercara a votar, representarían otros 764.000 votos adicionales.

En el caso de triunfar, Macri enfrentará serios problemas económicos, un déficit de 7% del PIB, una deuda superior al 50% del PIB, y una inflación reprimida con tarifas y dólar retrasados. La necesidad de ajuste será inmediata, así como la negociación con los Holdouts. Además,  tendrá que gobernar con un Congreso fraccionado, con la obligación de negociar con los gobernadores, para sacar leyes del Senado y mantener una amplia coalición en diputados. Pero eso no es imposible. 

Luego del shock inicial, la economía puede rebotar rápido si se logra un shock de confianza capaz de generar un boom inversor en el agro, la minería, la energía, y en muchos otros sectores. Los gobernadores peronistas deberán aportar su apoyo, al menos durante el primer año. De no hacerlo, la Argentina entraría en crisis y recordemos que cada dos meses que no se pagan los salarios en una provincia, el pueblo suele incendiar la casa de gobierno provincial. 

Los argentinos estamos todos en el mismo barco y llegó la hora del cambio.

Columnista