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Opinión

La superación de la pobreza no es un problema técnico, es político

Por Virgilio Gregorini

El problema de la superación de la pobreza figura hoy en los principales discursos de los y las líderes de empresas, políticos, academia y sociedad civil. Sin embargo, se hace referencia a ella como si se tratara —solamente— de un problema técnico, cuando en realidad la pobreza es un problema político. Para transformar de fondo y realmente nuestra injusta y desigual sociedad se sabe cómo hacerlo técnicamente, pero no políticamente.

Hace más de 10 años que trabajo en asentamientos informales. Lugares donde millones de personas viven con acceso a bienes y servicios (agua, electricidad, saneamiento, transporte, educación, justicia, salud, etcétera) similares a los que recibía la mayoría de la población antes de la revolución industrial, pero en pleno siglo XXI; cuando la humanidad resolvió hace rato el problema de escasez por el que Malthus se hizo conocido con su profecía por el crecimiento dispar entre población y recursos. Algunos creen que la catástrofe malthusiana no se cumplió. Yo creo que fue mucho peor: la humanidad encontró cómo hacer crecer los recursos a una velocidad mucho mayor que la población, solo que no logramos que se distribuya de manera tal que todos podamos tener nuestras necesidades básicas satisfechas.

Ahí radica el primer problema político: la pobreza se entiende mal. La pobreza no es un término absoluto, es relativo. En un país donde todos son ricos, no existe la riqueza y en uno donde todos son pobres, no existe la pobreza. Pobreza y riqueza existen, si y solo si existe la desigualdad. Si no aceptamos esto, nunca podremos superar el problema.

El segundo problema político de la pobreza es que la viven personas que no tienen poder para transformarla, y quienes lo tenemos no vivimos en ella. Si reflexionamos sobre cualquier lucha y avance social de la historia, podemos observar que, en su mayoría, es liderada por personas que viven (padecen) el problema, pero a su vez tienen el poder (conocimiento, redes, dinero, etcétera) para transformarlo. Aquí radica la paradoja de la pobreza: quien la vive no tiene poder, quien tiene poder no la vive. Mientras estas columnas las sigamos escribiendo solo quienes no vivimos en pobreza, las soluciones las sigan pensando e implementando solo quienes se encuentran ajenos a ella, no podremos resolverla.

El problema de la pobreza no es solo técnico ni presupuestario. Es político y solo desde ahí —entendida ampliamente, desde donde nos involucra a todas y todos— es desde donde podrá resolverse.

*El autor es director ejecutivo de TECHO, Argentina.

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