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Opinión

Las instituciones también son la Constitución y las leyes

Mauricio Macri es presidente de la Argentina y junto a él, muchos representantes de Cambiemos asumirán trascendentales funciones de gobierno, en los poderes Ejecutivo y Legislativo de todas las provincias argentinas y por supuesto, en la Nación.

¿La causa de semejante cambio? Que la gente está cansada del caos sistemático en el que hemos vivido durante tantos años y que nos hace tanto daño.


Como decía el recordado Carlos Nino, la Argentina adolece de anomia, de un total desprecio por las normas, que son, precisamente, las verdaderas instituciones.


Aunque parezca complicado, el tema es simplísimo: cuando se habla de instituciones no nos referimos solo a las elecciones, los edificios de los tres poderes, o a los oropeles de los funcionarios, sino fundamentalmente a la Constitución y a las leyes que coinciden con ella.


Esas son las instituciones, y es lo que el presidente Macri, en su primer día y primer conferencia de prensa, ha destacado con absoluta claridad.


Debemos cumplir la Constitución y las leyes, terminando con la impunidad. Como en el resto del mundo.

Que lo económico es caótico, crítico y trascendental, ya lo sabemos. Que debemos reinsertarnos en el mundo, también. Que el Estado omnipresente se olvidó de dar seguridad personal, seguridad jurídica y salud a sus habitantes, lo admitimos todos.


El hilo conductor de esos desastres que deberá revertir el presidente Macri es, precisamente, la falta de instituciones, o sea la falta de respeto por la Constitución y las leyes.


Quienes deben imponerlas, cuando otros poderes o personas las violan, son los jueces y en última instancia, la Corte Suprema.


Por eso, será decisivo para nuestro futuro qué perfil y cuánto apoyo tendrá el Poder Judicial que viene: si seguirá tratando de solo durar, desarrollando un “olfato político” que repugna, o si se pondrá a la cabeza del Estado, como le marca la Constitución junto al Ejecutivo y al legislativo.


Todos los comentaristas políticos analizan los dilemas del futuro gabinete y de las futuras leyes a aprobar o a derogar, pero pocos ponen de relieve el papel decisivo que tendrá el Poder Judicial, desde las vacantes a cubrir en la Corte hasta los profundos cambios estructurales y de actitud que requiere para entrar de lleno el en siglo XXI.


Afortunadamente, el presidente Macri lo sabe y siempre ha respetado la independencia judicial.

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Entonces la iniciativa surgió porque el "yuyito", como había definido la ex presidente Cristina Elisabet Fernández de Kirchner a la principal fuente generadora de divisas a través de las exportaciones, había iniciado lo que finalmente fue un vuelo corto ascendente de los precios internacionales de menos de USD 300 la tonelada en 2007 a casi USD 600 en 2008, y con una proyección  a superar los USD 700; y en el caso del aceite de soja pasó de USD 460 en 2016; a USD 740 un año después y USD 1.370 a fines de junio de 2008.

Pero ya "con el diario del lunes" se vio que esa escalada de precios fue puntual, porque al poco tiempo surgió la crisis financiera de las hipotecas en los EEUU que se extendió hasta 2009 y provocó el derrumbe de las cotizaciones internacionales de las materias primas, y el complejo oleaginoso no fue la excepción.

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Hacia donde uno pose la mirada, los datos no suenan alentadores. Pero no hay chance de apagar el televisor y encenderlo cuando nos guste más el programa. Con el tablero lleno de números rojos, será necesario volver a contar brotes verdes en la medida que vayan apareciendo.

El Gobierno está concentrado en estabilizar las variables financieras y dar certidumbre fiscal a los inversores externos. Tratar de que el dólar retome un sendero previsible es central para que precios, salarios, consumo y crédito dejen de restar y vuelvan a sumar. Pero ese movimiento no depende solo de la Argentina. 

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