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Opinión

Los mitos que pesan sobre el campo argentino

Por Darío Guardado - (Periodista de Agrotips)

El sector agropecuario ha sido relacionado históricamente por gran parte de la opinión pública, en especial de los grandes centros urbanos, como la “oligarquía ganadera”, “los terratenientes” o “los multimillonarios sojeros”, sólo por mencionar algunas expresiones que se han convertido en mitos o prejuicios sobre uno de los sectores más dinámicos de nuestra economía. Sería injusto generalizar y poner a todos los productores en la misma bolsa. Hay grandes diferencias entre un chacarero de 100 hectáreas que cultiva algodón en Chaco, y un productor de 3.000 hectáreas que siembra soja, maíz o trigo en la Pampa Húmeda.

La falta de una comunicación adecuada del agro ha alimentado siempre estos mitos populares y visiones distorsionadas respecto a la realidad del campo y la agroindustria. Los ruralistas no han sabido explicar tranqueras afuera lo bueno que hacen tranqueras adentro de sus explotaciones, como por ejemplo las importantes inversiones que realizan cada año en innovación tecnológica. Es necesario que la sociedad argentina en su conjunto comprenda la relevancia que tiene el sector para la economía, en cuanto a la generación de empleo, de recursos y de divisas genuinas que ingresan a través de las exportaciones de granos, lácteos, carnes, frutas, vinos, entre otros productos, que se venden al mundo. Además de ser la principal fuente de generación de la mayoría de los alimentos que consumen los argentinos a diario.

La falta de “lobby” también ha sido una de las deficiencias del agro. Pese a haber tenido representantes del sector en el Congreso Nacional entre 2009 y 2013, nunca consiguió influir en las verdaderas decisiones que se toman en materia de la política agropecuaria. Fue el momento de mayor cercanía al poder que logró el sector, derivado del impulso que significó el conflicto entre el campo y el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en aquellos difíciles meses de 2008 –entre el 11 de marzo y el 17 de julio–, que encontraron calma tras el recordado “voto no positivo” del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, dándole la estocada final a la famosa Resolución 125.

Existen varios mitos sobre la cadena agroindustrial que un reciente estudio de la Universidad Austral se ha encargado de desterrar, con argumentos muy contundentes:

-El campo es sólo soja. Es cierto que la oleaginosa es el cultivo más sembrado con 17 millones de hectáreas, pero Argentina produce 16 cultivos en una extensión de casi 40 millones de hectáreas, donde conviven más de 30 cadenas agroindustriales.

-El campo no agrega valor. Es totalmente falso, porque el 84 por ciento de las exportaciones del complejo sojero son subproductos con alto valor agregado, como harinas proteicas, aceites y biodiesel, que generan divisas por más de 28 mil millones de dólares. Además, la soja y el maíz se transforman, vía alimentación animal, en lácteos y carnes (vacuna, aviar, porcina y ovina), que luego se consumen en el mercado interno y se exportan a diversos países. En 2018 solo las ventas de carne vacuna externas aportaron unos 3.300 millones de dólares.

-El agro no genera empleo. Las 31 cadenas agroalimentarias de nuestro país representan el 31 por ciento de la mano de obra total de Argentina, unos 2 millones de puestos de trabajo aproximadamente.

-No tiene peso en la economía. El campo y la agroindustria constituyen el 31 por ciento del Producto Bruto Interno de Argentina.

-El agro atrasa y no aporta innovación. Otro mito falso si los hay. Los saltos productivos que tuvo Argentina en las últimas décadas para pasar de una cosecha de granos de 40 a 140 millones de toneladas fueron posibles mediante la innovación tecnológica, como la siembra directa, las semillas modificadas genéticamente, los agroquímicos, la agricultura de precisión y la producción de energías renovables como biodiesel, bioetanol, biogás y biomasa.

-Otros sectores exportan más que el agro. Un mito fácilmente refutable. En 2018 Argentina exportó más de 61 mil 500 millones de dólares en bienes y servicios. De ese total, los complejos agroexportadores generaron cerca de un 55 por ciento, con un aporte superior a los 34 mil millones de dólares. Además, casi todos los sectores que exportan ingresan menos divisas de las que demandan. Por eso, la balanza comercial de nuestro país el año pasado tuvo un déficit de 3 mil 800 millones de dólares, mientras que el campo y la agroindustria lograron un superávit de alrededor de 30 mil 500 millones de dólares.

Sin dudas, las herramientas y argumentos existentes serían más que suficientes para cambiar la mala reputación que tiene la población sobre el campo. Pero para desmitificar los prejuicios del imaginario colectivo y demostrar la importancia del sector para la economía argentina es necesario el desarrollo de una correcta y clara comunicación, que hasta el momento el agro no ha logrado consolidar.

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