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Opinión

Los números de la corrupción


Ese tema del que se habla sólo vagamente, pero que existe, sin dudas, la corrupción. Las propias justicias suiza, uruguaya, panameña y argentina investigan tal corrupción, origen del lavado de dinero. Todos sabemos que existe corrupción en Argentina desde hace muchos años. El actual gobierno no la inventó, por cierto, aunque ha hecho muy poco por combatirla, o al menos lo disimuló bastante bien.


Dado que la corrupción aparece como un fantasma no cuantificable, entonces no es fruto de investigación y se vuelve un resbaladizo motivo de estudio, ya que no es posible responder algunas preguntas elementales. Por ejemplo, ¿hay más corrupción en Argentina en el siglo XXI que en los corruptos y neoliberales años 90? O, por ejemplo, ¿en el actual gobierno hay “más o menos” la misma corrupción “de siempre”? ¿Más? ¿Menos?


Lo cuantitativo hace a lo cualitativo. En economía, las cuestiones de grado, importan. Se vuelve críticamente relevante, pues, una aproximación cuantitativa del fenómeno, aunque sea de un modo muy nocional, a los fines de tener una idea muy gruesa de la magnitud de la cosa. El objetivo de esta nota es construir tres hipótesis al respecto.


Se consideran aquí tres focos críticos de corrupción: a) la construcción pública, b) los subsidios energéticos, y c) los subsidios en transporte. Se dejan de lado otras fuentes importantes de corrupción como, por ejemplo, a) otras compras del Estado, b) comisiones de empresas privadas a funcionarios públicos por fuera de los sectores citados (un monto tan grande como incuantificable) y c) subsidios a otros sectores diferentes a la energía y la construcción pública.




El Cuadro muestra el gasto público en estos tres ítems sólo en los últimos años, el período 2006-2013. Aquí se ve el gasto total en cada año, medido en millones de pesos corrientes, construido exclusivamente en base a información pública. Luego se presentan los totales anuales en dólares, según el tipo de cambio (oficial) promedio de cada año, para estimar el gasto total en dólares del período 2006 - 2013, que asciende a u$s 472.728 millones de dólares (monto similar al PBI de un año).


Luego se establecieron 3 hipótesis (sumamente) conservadoras respecto al porcentaje de la corrupción, o “coima”: 5%, 10%, y 20%, para establecer una estimación, aunque más no sea “grosera”, del stock de corrupción acumulada en el período 2006-2013 (en millones de dólares).



Hipótesis 1. Si la corrupción alcanzara a tan sólo el 5% (promedio), el stock de corrupción acumulada, sólo en estos tres ítems, y sólo en este período reciente 2006-2013, asciende así a más de u$s 23.000 millones. Un monto superior a las Reservas Internacionales del BCRA reales (o “netas” de pasivos del BCRA –es decir, bien contabilizadas).


Hipótesis 2. Si la corrupción alcanzara a tan sólo el 10% (promedio), el stock acumulado ascendería a más de u$s 47.000 millones, monto que más que duplica las Reservas Internacionales del BCRA reales.


Hipótesis 3. Si la corrupción alcanzara al también conservador porcentaje de 20% (promedio), entonces el stock de corrupción acumulado en el período 2006-2013 ascendería a cerca de u$s 95.000 millones, cerca de 5 veces las Reservas Internacionales del BCRA reales. 


Dicho de otro modo, sin corrupción hoy las reservas reales podrían haberse duplicado, triplicado y hasta quintuplicado (según la hipótesis), y tal vez no existiría crisis cambiaria, o sería de una cuantía mucho menor, al igual que las restricciones asociadas a ella: cepo cambiario, restricción a las importaciones, tasas de interés, y demás. Obviamente, sin restricción externa el nivel de actividad sería mayor, y hasta probablemente habría crecimiento.  


¿Cuántas asignaciones universales por hijo más podría haber dado el gobierno en todos estos años, o cuánto más podría ofrecer por cada asignación? ¿Cuántas soluciones habitacionales podrían haberse construido? ¿Cuánto del déficit fiscal podría haberse financiado sin nueva emisión? ¿Cuánto menor podría haber sido, entonces, la tasa de inflación?


Es pertinente recalcar que éste es un método sumamente conservador para definir arbitrariamente una comisión “promedio”, dejando incluso afuera focos muy relevantes de corrupción, tales como otras coimas de empresas privadas a funcionarios públicos. Sin dudas el monto de corrupción acumulada durante 2006-2013 es significativamente mayor, aunque incierto.


¿En qué se habrá gastado tanto dinero? Una parte habrá sido necesaria para ayudar a financiar la política (que también se financia por otras vías), y otra porción debe haber quedado en el camino en comisiones de intermediarios. ¿Y el resto? ¿Dónde estará toda esta montaña de miles de millones de dólares? Seguramente haría falta realizar más de una escala técnica para averiguarlo.

Columnista