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Opinión

Menos feriados XL: una buena oportunidad para reflexionar sobre el tiempo de trabajo

En los últimos días la polémica se centró sobre una disposición decretada por el poder ejecutivo que establece la modificación del calendario del presente año. La misma altera el carácter inamovible/trasladable de algunas fechas patrias (el 24 de marzo, el 2 de abril y el 20 de junio, entre las más cuestionadas) así como también  la eliminación de varios feriados puentes. 


La imprudencia no fue el único rasgo que definió esta decisión cuando uno observa lo sucedido con la conmemoración del Día Nacional por la Memoria, Verdad y Justicia, una de las fechas más caras para nuestra historia, ya que anida también en ella un halo ideológico a su vez presente en la reducción de la cantidad de fines de semana extra largos. He aquí un tema sensible porque entra en juego en el imaginario colectivo el tándem trabajo/ocio, dupla que claro está, carga con la desgracia del ocio, factor que desde cualquier concepción económica tiene la impresión de todo tipo de adjetivación negativa. “El trabajo dignifica” se dice comúnmente y sin dudas, algo de cierto hay en ello porque, tan sólo desde un punto de vista material, el mismo es el único camino que permite a las mayorías acceder a las condiciones objetivas para la reproducción de su existencia. El ocio, en cambio, se presenta casi como una mala palabra. Será copioso el conglomerado de improperios que emanará de la boca de quien sea acusado de vago. Lo curioso del caso es que muy pocas veces nos preguntamos sobre temas que aparecen como máximas incuestionables, más aun cuando cuenta con una extendida aceptación social (el cuento acerca del “rey desnudo” nos puede dar testimonio de ello). Y en el caso de la falsa dicotomía trabajo - ocio, cualquier intento de remoción de estas ideas productivistas se topará con, nada menos, que la piedra angular del sistema económico: el tiempo de trabajo.


Por ello, las preocupaciones más comunes en la atmósfera del sentido común suelen estar tomadas por la forma del siguiente interrogante ¿cuál es el costo para la actividad económica de tantos feriados? cuestión que resuena incluso con más fuerza en el caso de las huelgas gremiales. En este sentido, nada banal y menos aún ingenua, es la discusión del calendario 2017 por más que así parezca. Discutir el tiempo de trabajo, desde su concepción global -sin entrar en las particularidades de los casos- implica zambullirse de lleno en la disputa de la distribución del excedente económico. Para ponerlo en términos muy sencillos, nuestra riqueza y lo que anualmente se produce tiene contenido e implica un tiempo social de trabajo determinado por la cantidad de horas trabajadas en las jornadas laborales en función del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, como necesidad inmanente al sistema de economía moderna, así como se produce más de lo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo también se trabaja más de lo necesario. Es decir, existe un tiempo de trabajo excedente, siempre puesto en disputa, mayormente apropiado por quienes detentan la propiedad de los medios de producción o del dinero, en su forma más abstracta. Ergo cuanto mayor sea el tiempo de trabajo, mayor será su rendimiento y mayor la valorización del excedente. Si bien lo anterior esta puesto en términos muy estilizados, implica una premisa ideológica fundamental: el tiempo de ocio es privativo de quienes controlan los procesos productivos. Ello viene de antaño. A esta idea se refería George Bataille cuando definió el gasto improductivo, desde una concepción anti utilitarista, como  el fin último de toda actividad productiva en manos de la clase dominante. Producir para destruir, no es un lujo que se puedan dar las mayorías sin que ello implique el fin de la historia. 


Pero al circunscribirnos al tema de los feriados queda claro entonces la importancia de regentar el tiempo de trabajo. En su administración y su regulación se encuentra la clave organizativa que permite una determinada pauta distributiva. Pero ¿cuál fue la pauta distributiva que se aseguró durante el año 2016? Haciendo un simple ejercicio con la información estadística oficial del PBI, horas trabajadas y salario medio de la economía surge entonces que el valor de la hora trabajada –o en otros términos, el rendimiento económico de la hora de trabajo- es de aproximadamente $245. Sin embargo, el salario medio según la EPH al II trimestre fue de $9.500 lo cual ubicó a la retribución a la fuerza de trabajo por cada hora trabajada en torno a los $57 (considerando una jornada laboral de aproximadamente 8 horas). Es decir, que lo efectivamente pagado al trabajador representa apenas un 23% de lo que se produce. Lo anterior, dicho en términos de jornada laboral implica concluir que de las ocho horas de trabajo, tan sólo 1 hora y 51 minutos son las remuneradas al trabajador (tiempo de trabajo pago) y el resto, 6 horas y 9 minutos, corresponden al tiempo de trabajo impago, apropiado en primera instancia, por el empresario.

En este marco, resulta por lo menos tendencioso el discurso que busca instalar la idea de que el problema de la falta de inversión en la Argentina es el alto costo salarial y que el mismo sólo puede ser actualizado por aumentos en la productividad. Y es justamente en este mismo planteo que se inscribe el argumento productivista que ubica, sólo en el crecimiento económico y por ende una mayor explotación de la fuerza laboral, la causa de todos los males y  la resolución de todos los problemas. Lo que se busca correr del centro de debate es la distribución del tiempo de trabajo excedente lo cual implica discutir, como ya se dijo, la distribución del ingreso.  


Estamos incluso en una fase del capitalismo mundial en la que existen condiciones objetivas para pensar en una reducción de la jornada laboral gracias al avance exponencial del conocimiento y la tecnología. Es decir, un mismo producto requiere menos tiempo de producción que hace 20 años. El mayor rendimiento económico que sostiene lo anterior permitiría incluso otro reparto del tiempo de trabajo global de manera que los trabajadores puedan alternar su jornada diaria en tiempo de trabajo y tiempo para formación. Por el contrario, y a contramano de la tendencia mundial un reciente informe de la OCDE reveló que Argentina está entre los países que verifica más cantidad de horas trabajadas. Por el contrario, surge que en los países desarrollados se trabaja, en promedio, menos horas que en el resto. 

Columnista