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Opinión

Mobbing: trabajando con el enemigo

Carlos volvía del trabajo de mal humor, encerrado en sí mismo. Prendía la televisión  o la computadora para anestesiarse con las imágenes. No miraba. Sólo buscaba relajar la tensión y dominar la angustia que lo invadía hasta la hora de cenar. 


No le interesaba jugar con sus hijos, no le importaba lo que había ocurrido en su casa, no quería tener sexo con su mujer y estaba irritable. En pocas palabras: estaba insoportable para sí mismo y para los que lo rodeaban, Sin que los demás lo advirtieran tomaba una batería de medicamentos: uno para el colon irritable, un ansiolítico, otro para el dolor de cabeza y un miorelajante para las contracturas.

No le interesaba planificar las vacaciones ni las salidas con amigos. Sólo el fútbol lo sacaba de su letargo y apatía.


Transcurría la noche con dificultad y el despertador era sinónimo de ser conducido al pasillo de los condenados a muerte. Así se sentía.


Carlos sufría de mobbing. El mobbing es una nueva manera de denominar el hostigamiento o acoso laboral del mismo modo que el bullying define el acoso en la escuela.


¿Pero en qué consiste el hostigamiento?


Se trata de una forma de violencia psicológica sutil vehiculizada a través de la comunicación perversa , de tareas degradantes o de aumento de carga horaria sin motivo que van llevando  a un desgaste emocional y físico  que se correlaciona con el estrés crónico y la depresión. El objetivo es atacar lentamente a la víctima para ejercer dominio.


El mobbing no necesariamente es llevado a cabo por alguien de más jerarquía: puede ser entre pares o incluso con alguien de menor jerarquía. Lo que caracteriza a la víctima es su vulnerabilidad y lo que caracteriza al victimario es su gran capacidad de manipulación.


El gran problema de la violencia emocional es que muchas veces es indetectable y por eso cuesta ponerla en palabras y denunciarla. Es un tipo de violencia sutil, aquello que conocemos como comunicación perversa o sucia ya que se opone a la comunicación directa o transparente. Se caracteriza por comentarios solapados de degradación y descalificación, amenazas sutiles y veladas, burlas, sarcasmos, ironías, gestos de desprecio, silencios, "ninguneo", extorsiones indirectas. El uso de las redes sociales no ha hecho sino aumentar las posibilidades de acciones de manipulación: fotos, bloqueos, comentarios que se esconden en el anonimato y pueden destruir la vida y la reputación de una persona.

Los síntomas más frecuentes comienzan a aparecer a los pocos meses: abatimiento, desgano, falta de motivación. Todos los síntomas que se acercan a un diagnóstico de depresión sumados a trastornos de ansiedad, entre ellos, algunos signos de pánico  A lo que hay que agregar  las consecuencias a nivel del sistema nervioso autónomo : problemas de sueño, falta de aire, palpitaciones, mareos.


Nuestro organismo está preparado para hacer frente a las amenazas externas e internas de lo que considera un desafío y se prepara para la lucha o la huida: ese es el mecanismo normal de la respuesta de estrés. El estrés es un sistema que nos protege ya que pone en marcha los ajustes necesarios para la supervivencia.


Pero nuestro organismo no está preparado para una amenaza sostenida en el tiempo, continua, sistemática y con un agravante: no te podés defender cuando no te declararon la guerra. En el mobbing no hay declaración de guerra: es una batalla sucia, sorda, que se disfraza de sonrisas falsas , elogios y adulaciones mentirosas. Y si lo ponés en evidencia "quedás pagando". El precio será ser tratado como una persona susceptible, paranoica o neurótica.


¿La estrategia para defenderse? No dar mucha información, no contestar acerca de cuestiones privadas, no mostrar tu talón de Aquiles, ser asertivo y no dar nada por supuesto. Preguntar, pedir aclaraciones, transformar en  comunicación directa  los mensajes anodinos o poco claros. Frente a las bromas, ironías o injurias no reaccionar. Hace poco leí que Napoleón decía ; "Cuando el enemigo se esté equivocando no lo interrumpas". Hacé lo mismo. No caigas en su trampa. Él quiere que actúes y pegues puñetazos descontrolados. No. Tu inacción es el triunfo sobre los manipuladores. Luego, tranquilo, con la cabeza fría, podrás preguntarte si es el ambiente de trabajo que querés para tu vida. Pero que seas vos quien decida.


Te recuerdo mi frase de cabecera de Mario Benedetti: "Uno no siempre puede hacer lo que quiere , pero puede decidir no hacer lo que no quiere". Eso es libertad.


* Lic. Patricia Faur - Psicóloga, docente de la Universidad Avaloro y autora , entre otros libros, de “Manipulación”, “Amores que matan”, “Estrés conyugal”

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