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Opinión

El valor de la confianza

Por Sheila Graschinsky


Estimados lectores:

En mi rol como presidenta de Fundación GECENYM, que trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas con parálisis cerebral, hoy quiero reflexionar junto a ustedes sobre la confianza, sin duda uno de los valores esenciales para el desarrollo de un ser humano.

La palabra confianza proviene del latín; está compuesta por el prefijo "con", que quiere decir junto o globalmente; "fides", que significa fe o confianza; y el sufijo "anza", que es acción.

Podemos decir que la confianza es la creencia y la esperanza que alguien tiene en relación a otra persona, entidad o grupo en que será idóneo para actuar de forma apropiada en una situación o circunstancia determinada.

Cuando tenemos un ser querido con discapacidad en la familia, este término brilla, adquiere vida en cada segundo y acción cotidiana. Especialmente desde el punto de vista de la persona que requiere de asistencia para poder alcanzar su máximo potencial.

Como muchos de los aprendizajes que realizamos a lo largo de nuestras vidas, algunos toman dimensión tiempo después y por ello quiero compartir con ustedes el siguiente: cuando era niña, en una clase de Educación Física nos hicieron hacer una ronda grande y tomarnos todos de la mano. Luego tocaba a cada uno el turno de ir al medio y dejarse caer. Simplemente había que dejarse caer. Nada más sencillo pero a su vez más difícil: "dejarse caer", confiando en que nuestros compañeros estaban para sostenernos antes de tocar el piso. Con esa actividad trabajamos no sólo el confiar en un par, sino el formar parte de un círculo de contención y confianza. Hoy como mamá de un niño con discapacidad motriz formó parte de un gran círculo de confianza y contención en el cual se encuentran mi marido, mis padres, mis hermanos, amigos, terapeutas médicos, el colegio al que asiste mi hijo y toda persona o entidad que vela por el bienestar y desarrollo de la salud de nuestro niño, al que literalmente sostenemos en sus actividades diarias y por eso hoy logra, entre otras cosas, estudiar en un colegio común con amigos, en un 3 grado. Pero principalmente lo que consigue es mantener una sonrisa y ser feliz viviendo con alegría a pesar de sus dificultades, de las cuales es consciente y que lamentablemente lo alejan muchas veces de una infancia de juego porque lo acercan a las responsabilidad de rehabilitarse varias horas por día. 

Como madre de Ian puedo afirmar que su desarrollo y bienestar tiene estricta concordancia y relación con su círculo de contención y confianza. Somos dedicados, fuertes, trabajamos en red y tomados de la mano, y peleamos para que cuente con todas las herramientas para desarrollarse y adquirir independencia.

Es importante como sociedad que tomemos dimensión de esto y del enorme rol que hacen quienes constituyen un círculo de confianza para un ser querido. Cuando se ataca y debilita este círculo de confianza, corre un alto riesgo la persona con discapacidad y se vulneran sus derechos.

Sería de esperar que en este círculo de confianza que establecen las familias que crecen con un ser querido con discapacidad se encontrarán el seguro de salud (así lo prometen apelando a la confianza a la hora de contratarlos) y el Estado, por supuesto.

Lamentablemente son muchos los casos en los que esto no es así. Swiss Medical Group es el seguro de salud de mi hijo y de mi grupo familiar. Y a su vez hoy lamentablemente es una amenaza para nuestro círculo de confianza. Al tenernos horas en la sucursal sin respuesta, al negar tratamientos y equipamientos indicados por los terapeutas y especialistas, al no brindar el servicio que prometen y para lo cual –confiando en que eran idóneos para proteger a mi familia– fueron contratados, están quebrantando este círculo de confianza, desgastando la salud y el bienestar de todos los miembros que lo conformamos y con muchísimo destrato. Swiss Medical Group tiene aires de superioridad y ni siquiera posee la delicadeza de responder a las solicitudes de los médicos.

Tiempo atrás SMG, por ejemplo, publicitó su compañía diciendo: "Si tuvieras una sola camisa, cómo la cuidarías". Apeló a la confianza y hoy incumple su promesa porque no sólo no cuida a mi hijo, sino que destruye este círculo de confianza que le permite avanzar.

 ¿Qué propongo entonces? 

– En primer lugar, la construcción de redes para contener y sostener a las familias que somos parte de estos círculos de contención.

– Penalizar a quienes dañan directa o indirectamente a las personas con discapacidad, especialmente cuando se violan los derechos del niño a desarrollarse.

– Aportar para construir una sociedad más inclusiva, donde el incumplimiento y el abandono que realizan prepagas y obras sociales, como el caso que compartí de Swiss Medical Group, tengan una condena social elevada.

– Entender que trabajar como país en la inclusión no es simplemente hacer rampas y trabajar en la accesibilidad, sino exigir el cumplimiento de los servicios, tener políticas que cuiden y fomenten las redes de contención y cuidarnos entre nosotros como ciudadanos haciendo valer nuestros derechos, reflexionando y repensando, porque cada uno desde su lugar puede aportar para este inmenso cambio que necesitamos.

Columnista