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Opinión

Por qué Super-Trump puede ser negativo para la Argentina.

Sabemos que todavía es difícil saber con precisión realmente cuáles serán las políticas que terminará ejecutando Donald Trump. Primero, porque él mismo ya ha empezado a retroceder frente a los dichos de la campaña. Como ejemplo podemos ver que el reemplazo total y apresurado del Obama Care, ahora será más pausado y meditado y se conservarán algunas de sus prestaciones. Segundo, porque si bien las dos Cámaras del Congreso serán republicanas, los propios republicanos ya están hablando con los demócratas para ponerle un límite a las políticas más extravagantes que ha prometido el presidente electo.

Sin embargo, juzgando por lo que vienen diciendo los asesores de Trump, y por sus exposiciones en ámbitos más académicos, podemos concluir que piensan hacer una mezcla de keynesianismo con reaganomics y proteccionismo con el objetivo de estimular la economía.

Desde nuestro punto de vista, lo más atractivo son las “reaganomics”, es decir, la reducción de impuestos y la desregulación prometida, más la reducción de la intervención del Estado en la economía, emulando las políticas de Ronald Reagan. Pero a ello, le sumaría un fuerte crecimiento de la obra pública, aprovechando que muchos americanos se quejan del retraso en la infraestructura de puertos, aeropuertos y transporte en general. Se habla de proyectos que inicialmente ya superan el billón de dólares. Ambas políticas generarían un fuerte déficit fiscal que algunos estiman puede implicar un aumento total en la deuda pública de 6,7 billones de dólares.

Con la economía de los EE.UU. creciendo al 3% en el último trimestre, con un desempleo que está cerca del nivel de pleno empleo, cercano al 5%, la economía no parece estar necesitando semejante estímulo. Es por eso que la Reserva Federal está empezando a subir las tasas de interés, aunque para algunos demasiado lentamente. Pero precisamente son varios de sus asesores y el propio Trump quienes consideran que la política superestimulante de la Reserva Federal se ha agotado. Además, el presidente electo tiene en los planes elegir a dos personas para el directorio de la Reserva Federal que han quedado vacantes. Sumando sendos elementos, esto solo puede implicar mayores tasas de interés mundiales por el déficit fiscal y el temor inflacionario. 

Para la Argentina sería una mala noticia. Sobre todo, porque la política de Alfonso Prat Gay de financiar el déficit fiscal con deuda externa, en lugar de intentar reducirlo, hizo que este año, la República Argentina y las provincias tomen cerca de USD 45.000 millones en el mercado de títulos de deuda de 2016. Si estimamos que el total de emisión de deuda emergente para este año se estima en unos USD 120.000 millones, comprenderemos la desproporción que eso significa (Argentina tiene poco más del 1% del PIB total de los países emergentes). El número sigue siendo demasiado alto, aún sin contar la emisión para pagar a los Holdouts, que no fue estrictamente aumento de deuda sino reconocer una deuda ya existente. Durante 2017 Argentina recortará muy poco el déficit fiscal y mantendrá una alta dependencia de la emisión de deuda externa, pero contará también con el blanqueo local, que mantendrá una presión de compra sobre los títulos argentinos, al menos hasta marzo próximo.

Pero claramente la llegada de Trump puede empezar a generar ciertos inconvenientes para seguir realizando grandes emisiones de deuda a partir de 2018. La enorme deuda creciente puede ser cada vez más cara de mantener.

El tercer elemento de la política económica de Trump es su discurso proteccionista y xenófobo, contrario al libre-comercio internacional. Este es su aspecto más errado, y que potencialmente puede generar una guerra de monedas y de represalias comerciales que llevadas a un extremo cabría imaginar una crisis como la década del 30. Incluso su asesor Henry Paulson, autor de “Dealing with China”, en diversas entrevistas y charlas académicas, al igual que en su libro, se muestra abiertamente preocupado por lo que llama las “guerras chinas”, la guerra comercial y la expansión de la influencia China a lo largo del Tercer Mundo, y también sobre el mar del Japón y sobre Taiwán. De modo que no es descabellado ver que Trump intentará renegociar el tratado de libre comercio con dicho país, o al menos presionarlo fuertemente para que revalúe su moneda, cosa que sería muy difícil para los chinos. 

Si a esto le sumamos los numerosos comentarios contra el NAFTA y las empresas que norteamericanas que han mudado empleos a México y China, y la posibilidad de que EE.UU. tome represalias contra ellas, el panorama es bastante preocupante. Sin embargo, como mencionamos es probable que el Congreso republicano ponga límites al proteccionismo proclamado por Trump, y siendo tratados internacionales, es probable que prevalezca el sentido común.

Pero para la Argentina esto implicaría un segundo impacto negativo. Justo cuando el gobierno local quiere empezar a abrirse al mundo con tratados de libre comercio, el mundo puede ser refractario a la idea.

En suma, es difícil pronosticar qué ocurrirá en EE.UU., posiblemente el resultado va a depender de las proporciones que tendrán los tres elementos descriptos en su receta final. Si Tuviera mucho de Reaganomics, y un poco de keynesianismo y proteccionismo, puede obtener resultados positivos. Pero cuanto más keynesianismo y proteccionismo termine adoptando, más puede complicarse el panorama de mediano plazo.

En todo caso, queda claro que la necesidad de ajustar el gasto público en Argentina se hace cada más acuciante.

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