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Opinión

Precariedad laboral: por cada puesto que se perdió en blanco se crearon 5 en negro en un año

Por Daniel Sticco


El Indec midió para el tercer trimestre del año un aumento de la tasa de desempleo en 0,7 puntos porcentuales, a 9% de la población económicamente activa, como consecuencia directa del mayor crecimiento de la oferta de trabajadores, 0,4 puntos porcentuales de la población total, que la tasa de empleo que lo hizo en apenas 0,1 puntos porcentuales, en comparación con la proporción registrada un año atrás para el conjunto de los 31 aglomerados urbanos del país, sobre una población en ese universo de poco más de 27,8 millones de personas.

En términos absolutos, esas proporciones extrapoladas al total país, con una población de aproximadamente 44,7 millones de habitantes, arrojó una oferta laboral de algo más de 20,5 millones, se elevó en 392 mil personas, de las cuales se encontraban ocupadas 18,9 millones, en ese caso subió en 292 mil puestos, en ambos casos respecto del tercer trimestre del año anterior.

Semejante crecimiento del empleo en un período en que el PBI acumuló una caída de 3,5% superó las expectativas del mercado, más aún porque pocas semanas antes la ahora Secretaría de Empleo había dado cuenta de que el empleo registrado por el Sistema Integrado Previsional Argentino había acusado en ese período una disminución de 70 mil puestos.

La diferencia se explicó por la aceleración de la tasa de precariedad laboral, como se define no sólo a los empleos de baja calificación profesional, y salarios equivalentes a la mitad del ingreso medio de la economía que asciende a unos $30.000 por mes en términos brutos, sino principalmente a la mayor parte de los ocupados en la informalidad, sin aportes jubilatorios ni cobertura asistencial por parte del empleador.

Se trata de unos 362 mil trabajadores que lograron entre octubre de 2017 y septiembre de 2018 ocuparse en una actividad informal como principal fuente de ingreso, una proporción equivalente a 5 por cada puesto de trabajo que se destruyó en la economía formal, principalmente en la industria y la construcción, según informó el Indec.

Así, tras  haber alcanzado el empleo en negro una proporción mínima de 32,6% del total de empleos en el país en el primer trimestre de 2017 se observó un proceso casi ininterrumpido de incremento de la informalidad laboral hasta un pico de 35,4% a fines de septiembre, en línea con un agobiante crecimiento de la presión tributaria y resistencia de gran parte de la dirigencia política y sindical a modernizar el sistema de contrataciones, a tono con las prácticas que predominan en el mundo.

Una vez más, en la reapertura de las negociaciones entre trabajadores y empresarios en paritarias se logró un rápido consenso para acordar aumentos nominales de las remuneraciones, pero volvió a quedar fuera de agenda el debate sobre los mecanismos para lograr el crecimiento de la productividad laboral y las condiciones de flexibilidad laboral, en beneficio de las dos partes.

Según el relevamiento del Indec los sectores que en el  últimos año perdieron participación en el mercado de trabajo fueron la industria, hoteles y restaurantes; servicios financieros y de alquiler; administración pública; servicios comunitarios. Por el contrario, se mostraron activas las ramas de la construcción; servicio doméstico; comercio y enseñanza.

*Artículo publicado en Infobae

Columnista