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Opinión

Tenemos los billetes nuevos, ¿Y ahora?

Finalmente, saldrán a circular billetes de $200, $500 y $1.000, como venían pidiendo desde un sector del gobierno. A su vez, habrá nuevos billetes de $20, $50 y $100 y monedas de hasta $10. Si bien esto es algo ya confirmado, solo es un primer paso dentro de todos los que faltan para normalizar la economía. ¿Cuáles son los otros pasos? Bancarización, mejores prácticas recaudatorias, menores impuestos y un reset en precios, aunque esta última es casi imposible.


Comienzo por el último paso mencionado, básicamente por que asumo que es algo impracticable, aunque creo que debería estar en agenda, al menos. La idea del reset en precios es simple: Actualmente, todos los precios son, como mínimo, 10 veces lo que eran cuando se creó el peso, por lo que lo que una monedas de $0,05 compraba, como mínimo, lo que ahora se consigue con una de $0,5 y lo que costaba 10$ ahora requeriría un billete de $100, y así sucesivamente. ¿Y si le sacamos un cero más a la moneda y volvemos a utilizar las monedas y billetes viejos, dejando los nuevos para transacciones muy grandes? En la zona euro o en Reino Unido, los billetes de mayor denominación son raramente usados. Los beneficios de esta idea son varios: reduce los costos de nuevas emisiones y el costo psicológico de renovar toda la flota de billetes; permite al nuevo gobierno evidenciar que el Kirchnerismo deterioró tanto el valor del peso que hay un cero demás; Los salarios caerían en términos nominales pero volveríamos a tener precios en $2 y eso generaría un impacto positivo que podría compensar el negativo de la caída nominal. Por otro lado, los efectos negativos estarían, principalmente, enfocados en la remarcación al momento de los nuevos precios, que generaría un posible aumento de precios.


Asumiendo que la primer idea es impracticable, vamos a las demás: La bancarización, las mejores prácticas recaudatorias y los menores impuestos, que están altamente relacionados. El alto nivel de impuestos actual genera que pocas PyMes o comercios puedan afrontar el costo de estar dentro de la legalidad. Por otro lado, en los últimos años el aumento de la presión fue muy acelerado, por lo que muchos proyectos pasaron a no ser rentables y, entonces, se tuvieron que volcar a la evasión, más allá de que esta sea ilegal y no deseable. El efectivo, entonces, funciona de canal evasivo. Si bien eran necesarios estos billetes, como ya comenté en una primer columna sobre este tema, la principal medida a futuro es reducir los impuestos en el circuito productivo. Así, se podría implementar un sistema impositivo progresivo pero sobre las personas. Al no intervenir en la producción, los salarios reflejarían la productividad de las personas y ahí es donde aparecerían los impuestos. En los países nórdicos, las personas pagan muchos impuestos pero las empresas, en general, mucho menos.


Una vez que se consiga reducir el peso de los impuestos en el circuito productivo, los comercios tendrán menores incentivos a la evasión. Por otro lado, una fuerte política de inclusión financiera y de profundización del alcance sería necesaria para asegurar que el efectivo sea cada vez menos usado. Si nos ponemos a pensar un segundo, el efectivo es menos cómodo que pagar vía medios digitales: Existen aplicaciones que se pueden usar para pagar con el celular, por ejemplo. Solo es cuestión de informar sobre esto. Por otro lado, se podría asegurar un dispositivo de cobro gratis a cada comercio, avalado por AFIP, que sirva para pagos con la SUBE o tarjeta de débito. La tecnología existe, solo hay que aprovecharla. Así, con la economía bancarizada, la recaudación se volverá automática. Sin embargo, estudios muestran que visitas sorpresivas a contribuyentes morosos son útiles para disminuir la morosidad. 


Punto aparte para la despolitización de los billetes, que borra a los próceres o políticos e incluye animales, mostrando una nueva época sin tanto conflicto. Más allá de si esto es algo positivo, o no, se desistió de poner a Frondizi en el de $500 para poner un yaguareté de la región noreste, por ejemplo. Resta saber si esto fue una negociación interna o si fue una bajada de línea, pero el mensaje ya se mandó. Los nuevos motivos se refieren a las distintas regiones y no a personas o monumentos. En el billete de £20 aparece Adam Smith, uno de los pensadores más importantes del Reino Unido y del mundo. Acá elegimos no apuntar a nuestros pensadores (Alberdi, Gardel o Favaloro, por ejemplo) para ilustrar los billetes con animales.

A futuro, hace falta pensar en cómo aplicar la tecnología al día a día y en reducir impuestos al circuito productivo para que desincentive la evasión. Si esto no se hace, las actividades delictivas se van a ver beneficiadas por los menores costos logísticos que trae acarrear menos billetes. Para todos los demás, esto habrá sido solo un reconocimiento del bajo valor del peso. Si no se va a aplicar un reset en precios, por lo menos subámonos a la ola tecnológica del mundo y apliquémosla a las transacciones diarias.

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