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Opinión

Después del diluvio: ¿Una interna política cada vez más visible?

El radical formoseño Ricardo Buryaile asumió al frente del Ministerio de Agroindustria de la Nación el 10 de diciembre del año pasado junto al resto del gabinete del presidente Mauricio Macri. Su nombramiento fue quizás una devolución de favores a la UCR por su contribución en la alianza política que le permitió al líder del PRO vencer al peronismo en las elecciones generales de 2015. Un día después, el flamante funcionario presentó en la sede de la cartera agropecuaria a sus secretarios y subsecretarios, quienes lo acompañan hasta hoy en la gestión. Sin dudas, en aquel momento fue la noticia destacada en los principales medios especializados. Los responsables de las distintas áreas juraron con la firme convicción de resolver los crecientes problemas que arrastraba el campo, muchos de los cuales aún siguen sin resolverse.


Desde un principio se especuló con una teoría que luego cobraría fuerza: el equipo de funcionarios que ocuparían cargos importantes debajo de Buryaile habría sido constituido varios meses antes, y confirmado tras la victoria del Frente Cambiemos en el Ballotage del 22 de noviembre de 2015. Ese grupo de profesionales, encabezados por el ingeniero agrónomo Ricardo Negri (hijo), fue producto de dos largos años de trabajo en la Fundación Pensar, la usina de ideas del PRO donde se formaron las estructuras y cuadros políticos que luego ocuparon la mayoría de los cargos en el Gobierno Nacional y en la Provincia de Buenos Aires.


Justamente, ese grupo de personas que venía trabajando en los temas agropecuarios en la Fundación Pensar fue nombrado por el propio Jefe de Estado en lugares estratégicos dentro del Ministerio de Agroindustria. En este contexto, Ricardo Buryaile quedó condicionado para elegir a colaboradores de su confianza dentro del equipo de gestión. Porque en lugar de disponer de los cargos que hubiese querido para armar el gabinete a su agrado tuvo que resignarse –por el solo hecho de haber aceptado el puesto– a ubicar sólo unas pocas personas de su círculo más cercano, aunque en lugares con poco peso político, como la presidencia del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), donde colocó a su coterráneo Amadeo Nicora. Además pudo elegir a Gonzalo Fernández Arocena como Subsecretario de Comunicación Institucional y a Nieves Pascuzzi (economista que ya había trabajado con Buryaile en la Cámara de Diputados) en el cargo de Coordinadora General de la Secretaría Privada del Ministerio.


El resto de los funcionarios del peso, como Santiago Hardie (Secretario de Coordinación y Desarrollo Territorial), Néstor Roulet (Secretario de Agregado de Valor) o el mismísimo Jefe de Gabinete Guillermo “Willy” Bernaudo fueron puestos por el macrismo. Esos profesionales, bajo la influencia de Ricardo Negri (hijo) son los encargados de planificar gran parte de las políticas que se llevan adelante en la cartera de Agroindustria.


Por eso a Ricardo Buryaile le tocó gestionar en un terreno poco favorable y con sólo algunos “soldados” propios, más allá de que siempre tuvo la última palabra en la toma de decisiones.


Lo que meses atrás pocos insinuaban y muchos se esforzaban en disimular, ahora habría quedado en evidencia: la interna entre el Ministro Ricardo Buryaile y el Secretario de Agricultura Ricardo Negri.

En este contexto, al Ministro le estaría costando hacer pie en el cargo ante la delicada situación que atraviesa el campo, agravada desde abril por las inundaciones que sufre la pampa húmeda y el litoral. Enredado en la pelea interna tendría dificultades para resolver los problemas que los productores necesitan solucionar de forma urgente. El Secretario, en tanto, ya no ocultaría su aspiración al máximo cargo en Agroindustria, y según se especula, estaría convencido de merecer el premio mayor por haber sido el responsable de armar el equipo agropecuario dentro de la Fundación Pensar.


Varios dirigentes del campo consideran que esta tensión dentro de la cartera agropecuaria limita las acciones oficiales que deberían tomarse de manera inmediata para resolver la profunda crisis que atraviesan sectores como la lechería, la agricultura, la ganadería y las economías regionales.

La realidad está agobiando a los chacareros, que ven cómo la inflación y la suba de los costos erosionan cualquier pequeño margen de rentabilidad que les había devuelto la devaluación del peso y la eliminación de los derechos de exportación. El caso más emblemático y que genera más preocupación es el incremento constante del combustible, en especial del gasoil, insumo estratégico para el campo que consume cerca de 4.300 millones de litros anuales. Con la última suba del 10 por ciento autorizada por el Gobierno desde el domingo pasado, según el Instituto de Estudios Económico de la Sociedad Rural Argentina el agro transferirá unos 8.100 millones de pesos a la industria petrolera.


Todo esto provoca mal humor en el interior productivo y empaña las buenas medidas que se adoptaron desde la cartera que conduce Buryaile. Además, los ya escasos recursos que se destinaron a los afectados por las inundaciones irritan a los productores ante un escenario de suba de precios que pareciera no encontrar resistencia desde el oficialismo. El ejemplo de los combustibles es una bomba que puede explotar en cualquier momento, porque más allá de la bronca que provoca este incremento en la población de los grandes centros urbanos, el impacto es mayor en el campo debido a que los valores son sensiblemente más elevados que en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Por eso, desde el sector le estarían exigiendo al Ministro mayor firmeza para influir en decisiones que adoptan otros integrantes del gabinete nacional y que perjudican a los productores, como la suba de los combustibles, respaldada por el titular de Energía, Juan José Aranguren.


La feroz interna dentro del Ministerio de Agroindustria sería un hecho, imposible de disimular. Aunque sólo el paso del tiempo nos mostrará el desenlace de esta historia, es muy delgada la línea que divide a los rumores de los hechos objetivos de la realidad. Posiblemente nos encontremos ante una puja de intereses contrapuestos por el sillón que hoy ocupa Ricardo Buryaile. Habrá que seguir bien de cerca el desarrollo de esta novela política, que por el momento tiene carácter de pronóstico reservado.


* Darío Guardado, periodista agropecuario

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