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Opinión

Una mirada optimista sobre el Brexit

Desde que tuvo lugar el plebiscito que propiciará el abandono de Inglaterra de la Eurozona, los más diversos y catastróficos análisis ganaron espacio en los medios alertando sobre un nuevo escenario global de crisis y riesgo exponencial.


Incluso se plantea el fin de la Eurozona como bloque de comercio, con consecuencias económicas impredecibles. Para esta línea de razonamiento, se trata de una votación poco racional y xenófoba y se especula con que otros países como Holanda, Italia e Irlanda ya estarían organizando plebiscitos similares para emular la movida inglesa.


No podría estar más en desacuerdo con todo esto. Mi opinión personal es que Inglaterra está haciendo lo correcto, ya que como lo vengo sosteniendo en publicaciones realizadas en diversos medios locales y de Europa desde que comenzó la crisis en la Eurozona, los bloques de libre comercio son pensados y ejecutados para favorecer a los países más poderosos, en este caso Alemania y Francia, que “obligan” a los demás países del continente a competir con ellos en igualdad de condiciones. En términos gráficos: lo que hace Alemania con el resto de los países Europeos es como que Mike Tyson hubiese obligado a un boxeador peso pluma a subirse al ring a “competir” cuando estaba en su mejor momento.


Dejemos de lado los análisis de “fin del mundo” de los medios que defienden el establishment conservador y analicemos financieramente lo ocurrido recientemente. 


Mi tesis es que esta es una buena noticia para la Eurozona porque hará que la torta se reparta en porciones más equitativas y, cuando ello sucede, el dinero fresco que entra en la órbita de los que menos tienen vuelve inmediatamente al mercado en forma de demanda, estimulando la economía vía consumo. 


En cambio, cuando la mayor cantidad de la torta queda en manos de pocos (Alemania, Francia), estos países gastan menos porque tienen su consumo saturado y el dinero termina en paraísos fiscales o en el sistema financiero local de cada país, sin ser devuelto al sistema en forma de préstamos y volcándose a la especulación pura.


Por otro lado, Inglaterra nunca estuvo del todo sumergida en la Eurozona ya que es el único país que no abandonó su moneda para ingresar, manteniendo cierta autonomía monetaria. Y es justamente la devaluación de la libra esterlina la que coloca a este país en una inmejorable situación, ya que desde el Brexit sus productos “Made in England” se abarataron casi 10% en comparación con los del resto de sus vecinos, ganando con ello competitividad inmediata y mejorando sus perspectivas futuras.


Sumado a esto, la unión estratégica e histórica entre Inglaterra y EE.UU. proporciona un “prestamista de última instancia” para U.K. que es nada más ni nada menos que la potencia más rica y desarrollada del plantea, lo que se dice un muy buen paraguas para días lluviosos.


Pienso que los movimientos del mercado producidos desde el Brexit corroboran esta visión, con un SPX 500 en sus máximos históricos, al igual que el Dow Jones Industrial 30 y las bolsas de mercados emergentes rebotando fuerte luego de la paliza sufrida en 2015.


Lejos de asustarse, los inversores que estén de acuerdo con esta línea de razonamiento encontrarán un océano abundantes de peces fáciles de pescar, aprovechando los puntos de inflexión que el efecto manada trae aparejado en los mercados financieros.


Este tipo de oportunidades podrán ser aprovechadas de acá a un año, o quizá algún tiempo más. En largo plazo, este tipo de hechos disruptivos suelen ocasionar beneficios globales que de otra manera hubiesen sido casi imposibles de conseguir.


El Brexit sin duda recrudecerá la “guerra de monedas”, pero es preferible este escenario a uno en el cuál los dos países más poderosos de un bloque se llevan las mayores ganancias y beneficios de un continente entero y no la reinvierten en la economía real sino en la financiera, produciendo con esto repetidas crisis o un estancamiento prolongado en el mejor de los casos.


Resumiendo: lo que está pasando en Europa puede ser muy positivo para la economía global en el largo plazo, una vez superada las turbulencias de corto. Es muy probable que varios países la sigan, y más cuando vean como retoma un crecimiento económico vigoroso que no pudo ostentar casi nunca mientras perteneció a la burocrática Eurozona.


*Nicolás Litvinoff es Director de Estudinero.net http://www.estudinero.net/ 

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