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Especial de la Semana

Volvimos a la deflación, ¿volvimos?



Esta semana se conocieron los datos de inflación de agosto y el ojo está puesto en lo bajo que fue a causa de la vuelta atrás del tarifazo. Sin embargo, lo más importante y la muestra de que la inflación está siendo bien manejada no está ahí, sino en la inflación núcleo. 

El índice general que calcula la oficina de estadísticas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tuvo una caída en agosto de 0,8%. Es decir, el nivel de precios general cayó casi un punto porcentual en agosto, lo que se conoce como deflación. Esto fue así porque se retrotrajo el aumento de tarifas y el cuadro tarifario que se utiliza para tener calcular el componente de servicios volvió a marzo. Así, el componente de precios regulados cayó poco más de 10% en un mes y arrastró el índice a la baja. Por otro lado, los precios de los bienes estacionales cayeron 3,5% en agosto, potenciando la caída. De cualquier manera, de no haberse dado lo que sucedió con las tarifas, la inflación general mensual hubiera sido de 0,9%, la más baja desde que esta Oficina calcula inflación.

Una vez que se separan los precios regulados y los estacionales, queda algo que se conoce como inflación núcleo. Esto es, los precios que no responden a ningún condicionante externo, así como el clima o una decisión política sobre el precio de una tarifa de servicio público. Estos precios terminan siendo consecuencia de los mecanismos de oferta y demanda, las políticas fiscales de impulso (o quita de subsidios), la política monetaria (suba o baja de tasas, por ejemplo) y la política cambiaria. Así, la inflación núcleo en la Ciudad de Buenos Aires fue de 1,6% en agosto, el nivel más bajo desde junio del 2015. 

Por el lado del INDEC, el de agosto fue el cuarto dato luego de la intervención que duró una década. En mayo, se había reportado un aumento de la inflación general de 4,2% (2,7% la núcleo) mientras que, en agosto, el aumento fue mucho menor, 0,2%, y estuvo explicado por el no aumento de tarifas. La núcleo del INDEC, por su parte, aumentó apenas por encima que lo que hizo el IPC-BA, 1,7%. Es decir, la inflación de largo plazo, que es la verdaderamente importante, está cayendo a niveles que no se veían en mucho tiempo. Seguir el índice general es, hoy, algo sin mucho sentido, porque está signado por cuestiones políticas y no tanto por las causas económicas de la inflación.

Para entender esta caída en la núcleo, hace falta analizar, primero, las causas de la inflación en el último tiempo. La política monetaria llevada a cabo por el Banco Central es uno de los pilares, a partir de sacar pesos del mercado, reduciendo la cantidad de dinero en poder del público y fomentando el ahorro en pesos. La apreciación del real de los últimos meses permitió que el dólar no aumente sin que esto implique una pérdida de competitividad. Por último, la caída en la demanda quitó presión a los precios, ya que se tomaron medidas que buscaron potenciar la demanda de largo plazo con un posible costo en la demanda de corto plazo.

El último trimestre del año arranca con la inflación más baja en mucho tiempo, y no estoy hablando del dato general sino de la inflación núcleo. Esto deja un buen punto de partida para que los salarios reales comiencen a recuperar y el consumo siga desacelerando su caída, como viene pasando según CAME. Por lo pronto, en los medios se habla de deflación y de tarifas pero, lo importante, es que la inflación cae y que no hay muchos indicios de que volvamos a tener niveles altos de inflación en el corto o mediano plazo, algo que no se veía en Argentina desde hacía años.

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Columnista