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Análisis Semanal

Volvió la estigmatización (medición) de la pobreza

​Mejor dicho, volvieron las estadísticas, la cuantificación y el seguimiento de la pobreza. Tras varios años en los que medir la pobreza era mala palabra, el INDEC publicó las líneas de pobreza e indigencia junto con un breve repaso metodológico. Por otro lado, más allá de poder tener noción de lo que necesita una familia para no ser pobre, también se puede usar el dato mensual como un seguimiento del nivel de precios.

En agosto, una familia tipo residente en el Gran Buenos Aires necesito ingresos por $12.489 para no caer por debajo de la línea de pobreza. En un caso más extremo, esa misma familia es considerada "indigente" si sus ingresos son menores a $5.175. Tan solo estos dos números disparan muchas preguntas que vale la pena contestar: ¿Qué significan los $12.489?¿Cómo se llega a estos números?¿Es la pobreza un problema de ingresos?

En primer lugar, yendo a lo concreto, esto significa que una familia tipo (padre y madre en edad activa con 2 hijos chicos) requiere poco más de cinco mil pesos para cubrir sus necesidades alimentarias. A este número se llega a partir de la conformación de una canasta nutricional que toma en cuenta los niveles de actividad promedio para cada integrante del hogar. Como es complejo sumar los requerimientos nutricionales de un chico de 8 años, los de una nena de 8 y los de sus padres de 35, se toman como referencia los requerimientos de un adulto equivalente (AE) y se calcula qué relación hay entre este (hombre activo de entre 30 y 60 años) y el resto de las opciones. Así, por ejemplo, una familia tipo contiene un hombre activo (1 AE), una mujer activa (0,77 AE), una niña de 8 años (0,68 AE) y un niño de 6 años (0,64 AE). Como resultado, este hogar tiene requerimiento nutricionales equivalentes a 3,09 AE. La canasta básica alimentaria para un AE tuvo en agosto un precio de $1.675. Es decir, el hogar requiere $5.175.

Hasta ahora, nada se dijo del consumo de bienes que no son alimentarios (salud, educación, vivienda, vestimenta, etc.). Para estos, en base a las encuestas de consumo, se calcula la relación que hay entre el consumo alimentario y el no alimentario y, entonces, se amplía la canasta básica alimentaria hasta llegar a la canasta básica total, que fija la línea de pobreza. Históricamente, esta relación estaba entre 1,9 y 2,3 (es decir, se multiplicaba por ese número el ingreso necesario para alimentarse) pero, en esta nueva publicación, el número es mayor a 2,4. Cuanto mayor sea este valor, conocido como la inversa del coeficiente de Engel, mayor será el umbral necesario para no ser considerado pobre. Esto es, a mayor valor, mayor será la cantidad de hogares pobres. El INDEC no le facilita las cosas al gobierno nacional.

Por este último concepto es que se puede anticipar que la tasa de incidencia de la pobreza que publica el INDEC de aquí en más será alta, en parte por la metodología aplicada. Este número, sin embargo, no tiene punto de comparación anterior, dada la intervención que se hizo de los datos del INDEC y que hoy ya nadie se atreve a discutir. Por otro lado, más allá de que esta metodología esté ampliamente aceptada y de que sea común en la región y en algunos países desarrollados (Estados Unidos, por ejemplo), tiene algunos problemas y existen métodos superadores. Por ejemplo: Una familia tipo con ingresos de $12.500 no sería considerada pobre pero es muy difícil pensar que tiene solucionados muchos problemas que la familia con ingresos de $12.489 sufre. Es decir, las líneas son categóricas, no toman en cuenta que uno no deja de ser pobre por tener dos pesos más por mes.

Por último, imaginemos este escenario: Dos familias con la misma composición, A y B. La familia A vive en un departamento de 90 m2 con todos los servicios en una zona cara de Buenos Aires, mientras que la familia B vive en una zona vulnerable en una casa de 50 m2 y sin red de cloacas o asfalto. Hasta aquí, nada se dijo de los ingresos de cada uno, aunque se puede adivinar quién tiene más. Sin embargo, el padre de la familia A es un trabajador autónomo y no está consiguiendo trabajo y la madre se quedó sin trabajo hace dos meses. En el hogar B, la madre consiguió un trabajo por el cual gana $9.000 que, junto con las changas que hace el marido, permiten un ingreso al hogar de $13.000 por mes. Si fuera solo por ingresos, el hogar A es pobre y el hogar B no. 

Si tenemos una visión global de la problemática, estaremos de acuerdo en que los problemas del hogar A son transitorios mientras que los del hogar B se acercan a algo estructural y con solución en el largo plazo. Si esta fuera la visión, la pobreza ya se entenderá como algo más allá de los ingresos. Esto se conoce como pobreza multidimensional y es la forma en la que México y Colombia, por ejemplo, analizan la pobreza. 

La pobreza, entonces, se toma como un grave problema multicausal y que debe ser atacado desde varios puntos. Volver a medir la pobreza es un gran avance pero no debe ser el fin del camino. Las líneas permiten fijar un umbral que, con el tiempo, muestra cuánta gente lo supera, pero es solo eso, un umbral, una dimensión. Las políticas públicas no se enfocan todas en la generación de ingresos sino que también buscan impulsar la educación, la salud, las oportunidades en general. Por ahí debería ir el trabajo del INDEC y dejar atrás la visión de la medición como estigmatización. Es muy difícil solucionar algo que no se conoce y cuanto más se conozca, mejor se puede afrontar.


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