Newsletter Semanal equipo bulat

Opinión

Yo voto educación

Comienzan las clases en la República Argentina. Un nuevo año escolar desafía a alumnos y padres, a maestros y profesores, a autoridades y a usted. Y cuando digo “a usted” me refiero a todo aquel quien lee estas líneas. La educación es omnicomprensiva: a todos nos compete, a todos nos incluye. La acción de educar se origina en el sentimiento más noble del ser humano: el amor de padres y en ese deseo, muchas veces desenfrenado y difícil de domar, de darle lo mejor a sus hijos, lo que supone brindarles la mejor educación para hacerlos mejores personas. Pero el educar nos abarca a todos no solo como padres sino como ciudadanos.


Los griegos llamaron “idiotés” a la persona aislada, la que nada ofrecía a los demás. Vivimos en sociedad, junto a miles y millones de personas que “con-viven” con nosotros. Pues bien, es esta particularidad, el hecho de compartir la vida junto a otros seres humanos, la que nos debe llevar a pensar en lo que hacemos nosotros como parte de esta sociedad civil (y en lo que hacemos también para no ser “idiotas”, en el sentido antes descripto). Es que de la sociedad civil obtenemos ventajas: por vivir en sociedad estamos más protegidos, tenemos derechos y obtenemos servicios. Pero también por ello tenemos obligaciones. Y una de esas obligaciones es política. La conducta ética de cada uno resuelve la forma de ser propia y responde a una postura que adopto conmigo mismo. La conducta política resuelve cual es nuestra forma de ser frente a otros y responde a una postura que adopto para con los demás. Pues es en esta última, cuando pensamos en los demás, cuando debemos preguntarnos ¿qué podemos hacer como ciudadanos para lograr mejor enseñanza y aprendizaje en nuestra sociedad argentina? Pues podemos hacer mucho.

Podemos reclamar y presionar a las autoridades para que la educación sea prioridad. Podemos exigir que se cumplan los días de clases en todo el territorio nacional. Podemos demandar mejor educación, que tengamos más datos educativos, que nadie egrese sin comprender lo que lee o sin las capacidades mínimas en matemáticas y ciencia, que se capacite bien a los docentes, que se cumpla la obligatoriedad de la secundaria, que se privilegie a las zonas más necesitadas del país, que se pague bien a los buenos docentes y que se cumpla la ley. Hay mucho que “podemos” hacer. Estos son solo ejemplos. Pero hay algo que “debemos” hacer y que es una obligación ciudadana en un año electoral.

Se trata del voto educación, del ejercicio de nuestro derecho a elegir basado en la capacidad de los candidatos para lograr una mejora educativa. Quien presente el mejor plan al respecto, quien demuestre ciertamente que la calidad educativa es su prioridad, quien muestre su experiencia, su compromiso, su talento para hacer y modificar nuestra crítica situación debiera contar con nuestro voto. Quien no lo haga no debe contar con él. Hagámonos valer y reclamemos por el derecho constitucional de aprender. No es posible que la Argentina tenga un sistema obligatorio de educación que sólo lo completa el 35% de los niños que ingresan al sistema (el 65% se va quedando en el camino), no es posible que nuestro país este noveno entre los países vecinos de Latinoamérica (exámenes TERCE 2014 Lectura 3er Grado) ni en las últimas posiciones de las pruebas mundiales PISA. No es posible que desde el año 2000 más del 66% de los adolescentes no pueda resolver un ejercicio simple de matemáticas. 

​Es por todo ello que este año usted lector y lectora debe pensar en la educación al decidir su candidato y tener claro que el futuro del país está en la calidad educativa de nuestros hijos y nietos. Por ello debemos ser categóricos y defender juntos una conducta:  #YoVotoEducación.

Columnista