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Opinión

Claudio Zuchovicki

GPS financiero: desconfiá de las estadísticas a la hora de invertir

Es la primera semana desde que escribo sobre la crisis en la que los mercados locales estuvieron bastante calmos. Incluso, a pesar de un contexto internacional muy complicado, con crisis políticas entre Italia y la Comunidad Europea y entre Donald Trump y la Reserva Federal. Por eso, me permito hacerte el siguiente planteo: No te bases en las estadísticas. Es probable que, a partir de fin de año, veamos números no tan malos de la economía argentina. Pero esos datos, en realidad, no describen el presente ni, menos aún, el futuro. Son una comparación con el pasado. Como empezamos a comparar la información con meses muy malos, todos los informes van a mostrar una recuperación. Nuestra misión, a la hora de invertir, es no confundir esa recuperación con crecimiento.

Que la economía se recupere es bueno, pero puede ser engañoso para decisiones futuras. Un claro ejemplo que doy como gordito crónico es que, si pesás más de 90 kilos, bajar tres (3.3%) no es muy difícil. A partir de ese momento, los tres kilos siguientes conllevan un esfuerzo mucho mayor. Y ni hablar (porque nunca lo logré) de los próximos cinco kilos. Si al adelgazar los tres primeros kilos me adelanto a comprar ropa tres talles más chica pensando que pronto lo voy a usar, mi experiencia dice que habré malgastado el dinero. Y, hablando de estadísticas, cito a dos grandes referentes... Veamos!

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Sergio Sinay

Diferentes, pero no enemigos

Aunque suene fuerte hoy, la cuestión del acoso sexual había despuntado ya a fines de los años 70, impulsada en parte por tres feministas radicales estadounidenses y sus libros, publicados entre 1975 y 1981. Ellas son Susan Brownmiller (autora de Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violación), Catherine MacKinnon (Acoso sexual a las mujeres que trabajan y Hacia una teoría feminista del Estado) y Andrea Dworkin (1946-2005), autora de Pornografía: hombres poseyendo a las mujeres. MacKinnon y Dworkin, trabajando juntas, abanderaron un movimiento para el cual la sexualidad hace de las mujeres una clase oprimida por los hombres. Dworkin comparó a las mujeres con los sobrevivientes de los campos de concentración y McKinnon, brillante abogada, consiguió que, en 1986, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos calificara al acoso como una forma de discriminación sexual.

Frente a ellas, feministas liberales, como la prestigiosa antropóloga Gayle Rubin, criticaron esa estrategia, en la que veían riesgos de fundamentalismo y una declaración de guerra contra los hombres y el género masculino en su totalidad. Pasaron cuatro décadas y, en la temática de género, persisten confusiones que en nada contribuyen a una verdadera equidad. Importa señalarlo. Equidad antes que igualdad, porque la igualdad a menudo pretende borrar diferencias que son, además de imborrables, necesarias y...

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