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Opinión

Alejandro Fidias Fabri

La Ratonera del 2019

Shakespeare utiliza en Hamlet el interesante artilugio de exponerle al rey Claudio la verdad de su crimen a través de una obra de teatro adentro de otra obra de teatro. Hamlet se enteró por el fantasma de su padre que Claudio, su tío, había envenenado a su padre, el rey. Así Claudio asumió el papel de rey de Dinamarca y a los dos meses del acontecimiento se casó con Gertrudis, la reina y viuda del hermano que asesinó. Para validar esta trágica verdad, Hamlet, hijo del rey muerto y de Gertrudis, promueve y guiona una obra de teatro en la cual se exhibe un crimen similar. Los gestos que exponga el rey Claudio como audiencia durante la exhibición de la obra corroborarán o no los dichos del fantasma de su padre. La obra se tituló “La Ratonera”, pues ese era el objetivo de Hamlet, hacer que Claudio entrara en una trampa para ratones. Y lo logró: Claudio, descubierto en su conciencia por esta ratonera, hace detener la obra y se retira. Fue una suerte de muñeca rusa delatora, una Mamushka detectivesca: adentro de la muñeca yacía otra muñeca igual que lo delataba en su crimen. Dentro de la obra “Hamlet” estaba la obra denunciante “La Ratonera”. Y al rey Claudio le resultó intolerable. Con ¨La Ratonera” comenzó a desencadenarse la tragedia.

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Martín Rappallini

El 2018 como aprendizaje

Todo inicio de año nos ofrece la oportunidad de analizar lo que vivimos en los doce meses que pasaron, para aprender de nuestros aciertos y errores, y para evaluar dónde estamos y hacia dónde queremos ir. El 2018 fue un año difícil para la industria argentina: la inestabilidad macroeconómica, la falta de financiamiento, la caída en el consumo interno y la falta de reformas profundas pusieron en aprietos a las PYMES, y muchas debieron cerrar sus puertas.

No es la primera vez que Argentina atraviesa este tipo de tormentas, que obedecen a muchas causas pero han tenido un histórico denominador común: la falta de ingreso de dólares genuinos en nuestra economía. Digámoslo con toda claridad: el país no genera la cantidad de dólares necesaria para desarrollarse, mejorar su salud, su educación, su infraestructura o combatir eficazmente la pobreza. En lugar de reconocer (y atacar) este problema, durante los últimos 40 años hemos preferido maquillarlo mediante la emisión monetaria y la colocación de deuda, dos caminos que se fueron alternando pero nunca resolvieron el problema de fondo. El 2018 nos sirvió a los argentinos para ratificar, en forma definitiva, que esas “soluciones” no solucionan. Para dejar atrás tantas décadas de estancamiento y crisis cíclicas, HAY QUE HACER ALGO DISTINTO.

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Especial de la Semana

Análisis Semanal