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Opinión

Daniel Sticco

A 10 años del voto "no positivo" de Cobos: cuánto dinero representan las retenciones al campo

Es un clásico de la historia económica de la Argentina acudir a atajos cuando los funcionarios de turno no aceptan la fórmula ortodoxa para bajar la inflación, que en general exige achicar el gasto público como mecanismo eficiente, y a la larga menos doloroso, para reducir el déficit fiscal. Así surgió hace exactamente 10 años la iniciativa para disponer un impuesto móvil a la exportación de soja, con el fin de que el Estado se quede con gran parte del aumento que proyectaba el precio internacional del complejo oleaginoso.

Entonces la iniciativa surgió porque el "yuyito", como había definido la ex presidente Cristina Elisabet Fernández de Kirchner a la principal fuente generadora de divisas a través de las exportaciones, había iniciado lo que finalmente fue un vuelo corto ascendente de los precios internacionales de menos de USD 300 la tonelada en 2007 a casi USD 600 en 2008, y con una proyección  a superar los USD 700; y en el caso del aceite de soja pasó de USD 460 en 2016; a USD 740 un año después y USD 1.370 a fines de junio de 2008.

Pero ya "con el diario del lunes" se vio que esa escalada de precios fue puntual, porque al poco tiempo surgió la crisis financiera de las hipotecas en los EEUU que se extendió hasta 2009 y provocó el derrumbe de las cotizaciones internacionales de las materias primas, y el complejo oleaginoso no fue la excepción.

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Luciana Paulise

Qué son las metodologías ágiles y cómo aplicarlas

La industria que más rápido se mueve hoy en día es la del software, por lo que los que quieren triunfar requieren ser más ágiles que la competencia. Así, con los millennials y los iphones, surgió en 2001 el pensamiento ágil o Agile Thinking. Una cultura ágil implica que los comportamientos de todos los empleados están alineados en un mismo sentido, promoviendo el cambio y la innovación en todo lo que hacen. El resultado de trabajar de manera ágil es que la gente se adapta más rápido a los cambios, termina el trabajo más rápido dada la forma en que está organizado y además están todos más involucrados. A diferencia de las empresas tradicionales donde solo el 10% del personal está comprometido 100%, todos los empleados se encuentran en una especie de “estado de flujo” (como cuando nos concentramos en algo que nos gusta tanto que no notamos el paso del tiempo), involucrados en su proyecto. En fin, las compañías ágiles logran motivar a los empleados en el trabajo, incluso y sobre todo a los “millennials” que son los que más rápidamente se adaptan a este tipo de cultura. Además y como si esto fuera poco, el foco de estas empresas ágiles está puesto en el cliente. Se adaptan más rápido a lo que quiere el cliente, lo que por consiguiente también las convierte en las preferidas por el consumidor. Y esa cultura solo puede lograrse con el ejemplo de la gerencia y capacitando al equipo con nuevas “rutinas” que los permita ser más permeables a la innovación constante.  En la era ágil, la innovación nunca 
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