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Opinión

Sergio Sinay

¿Y si la economía no fuera todo?

“La única función de la predicción económica es hacer que la astrología parezca algo más respetable.” Aunque no lo parezca, esta idea fue expresada por un economista. Y no por cualquiera, sino por el canadiense John Kenneth Galbraith (1908-2006), uno de los más prestigiosos e influyentes del último siglo. Autor de obras de consulta permanente, como “La sociedad opulenta” o “El nuevo estado industrial”, Galbraith fue un hombre comprometido políticamente, muy cercano al partido Demócrata en Estados Unidos, y desconfiaba del poder omnímodo de los mercados así como del poder financiero que, carente de bases materiales concretas y de rostros que se puedan ver y registrar, termina por operar desde las sombras para determinar el destino de personas, sociedades y países. Como dándole la razón a Galbraith es posible encontrar astrólogos que desarrollan su pensamiento con certezas y fundamentos más claros y cimentados que muchos economistas. Pruebas al canto, las obras de la psicoterapeuta junguiana británica Liz Greene, del fallecido Howard Sasportas, de Alexander Ruperti o de Bill Tierney. Al revés de tantos émulos de Casandra que deambulan por los pasillos de la economía, aquellos autores astrológicos no se proponen vaticinar el futuro, sino entender de qué modo y por qué razones las complejas energías que constituyen a una persona podrían desarrollarse o abortarse en el tiempo. Aun así, prevalece un respeto por los oráculos económicos que no siempre se otorga a los astrológicos. Personas que no entienden de ninguna de las dos disciplinas suelen creer en la predicción ...

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Germán Fermo

La Argentina que se viene: entre la mediocridad y la incertidumbre

Otra oportunidad perdida. El 2016 era el año para implementar una serie de reformas estructurales que permitieran a nuestra querida nación liberarse del estado de permanente asfixia que soporta el entorno económico desde hace décadas, un estrangulamiento que nos impide crecer, lo cual es un aspecto esencial para la eliminación de la pobreza estructural que padece nuestro país. Lamentablemente para el futuro de la próxima generación tres aspectos contribuyeron a que esto no ocurriese. Primero, un oficialismo que no se atrevió a imponer una agenda de transformación relevante y que prefirió generar en la población la sensación de que no estábamos tan mal: la fe y la esperanza se comieron dos años y medio de gestión. Segundo, una oposición destructiva en cuanta iniciativa de cambio que intentó proponer el gobierno siendo la corrección tarifaria quizá, el ejemplo más elocuente. Tercero y lo mas importante, una sociedad que democrática y mayoritariamente votó por un cambio pero que al percibir los costos que el mismo implicaba decidió desentenderse y renunciar al mismo, no estando a la altura de semejante desafío histórico. Mucho se habla de la herencia K, lo cual es cierto, el estado de la economía argentina en 2015 era sumamente comprometido. Pero poco se habla del formidable stock de confianza con el que este gobierno comenzó su gestión en 2016. Uno de los costos mas elocuentes del gradualismo oficialista fue la destrucción de gran parte de ese stock inicial con el riesgo país subiendo muy drásticamente desde sus mínimos en octubre 2017, aspecto que se ...

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