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Opinión

Ariel Baños

3 errores que nunca deberíamos cometer en contextos de inflación

¿Puede una empresa vencer a la inflación?
Alguien podría decir que para animarse a un desafío tan arriesgado hay que ser una empresa muy grande, tener una marca poderosa e inclusive escala global. Difícilmente esto esté al alcance de una pyme. Ahora, si tenemos 600 sucursales y 20.000 empleados en el país, la historia sería diferente. Luchar contra la inflación sería una batalla más pareja. Podríamos animarnos a congelar nuestros precios por 9 meses, en un contexto de tasas de inflación anualizadas del 25%. ¿O acaso no? El 7 de julio de 2017, una cadena de hipermercados en Argentina congeló los precios de 1.300 productos de marca propia en sus 600 sucursales. No se trató de una mera acción publicitaria de dudosa credibilidad, el compromiso fue oficializado ante un escribano público. La campaña fue bautizada con el rimbombante título de “Precios Corajudos” (“Precios Valientes”) y tuvo una amplia difusión en los medios de comunicación. Esta arriesgada iniciativa, en principio estaba prevista por 6 meses, aunque luego se extendió a 9 meses, hasta el 30 de abril de 2018. Tal repercusión tuvo la campaña que inclusive algunos sectores del gobierno argentino interpretaron la acción de Carrefour como un cambio de tendencia en el rumbo de la inflación, y una señal que sería rápidamente imitada por otros competidores. Nada de esto finalmente ocurrió.

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Alejandro Fidias Fabri

Las grietas son oro en polvo

Unos años atrás tuve la oportunidad de visitar la sala de tapices del siglo XVII del Museo del Vaticano. Me llamó mucho la atención que todos los tapices tenían lagunas de tejido color gris. Estas lagunas eran las restauraciones que se habían hecho bajo la teoría del no rehacer lo faltante ocultando el paso del tiempo sino simplemente reconstruirlo exhibiendo que es un faltante, exhibiendo las inclemencias. O sea, allí donde el tejido se había deshecho, no enmascararlo sino agregarle un tejido gris que exhibiera el defecto y ayudara a mantener la consistencia del tapiz. Así me anoticié de las dos teorías: enmascarar o exhibir el paso del tiempo y de las crisis. Y esta idea permaneció flotando en mi mente en la medida en que los años pasaron para mí, para la sociedad, para el país y para el mundo. Quizá resulte fácil adherir a un pensamiento tal como el atribuido a algún sabio chino sobre las crisis y el bambú: lo que no nos quiebra nos fortalece. Pero, esta idea guarda algo de pensamiento mágico, el pensamiento de que luego de vivir momentos arduos y difíciles, tenemos la posibilidad de retornar a un estado impoluto y virginal. Y, la verdad, no es así. Nos marcan los momentos felices y nos marcan las rupturas. Y somos ambas situaciones. Y nos construimos como personas y como sociedades como si nuestras experiencias fueran estratos, algunos de los que nos queremos distanciar u olvidar y otros que nos gustaría eternizar.

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